A Guiñazú se le está subiendo mucha gente al carro de la victoria

El ingeniero que llegó al Estado provincial en la gestión de Alfredo Cornejo podría anotarse un logro que lo posiciona un peldaño por arriba de sus pares.

Como defensor de la minería como una fuente necesaria y fundamental para el desarrollo de Mendoza, he tenido y tengo visiones diferentes con el ingeniero Emilio Guiñazú (exsubsecretario de Energía y Minería y actual CEO de PRC e Impulsa Mendoza SA) en materias propias del desarrollo en la provincia.

Suarez confirmó una inversión de U$S 1.000 millones en Potasio Río Colorado

Sin embargo, y tras el anuncio de la firma de un contrato con un inversor para reactivar Potasio Río Colorado en Malargüe, no queda más que reconocer el trabajo que hizo Guiñazú empujando este proyecto, aún cuando muchas veces tuvo que hacerlo remando contra la corriente y con palos en la rueda de propios y extraños.

Es que si todo sale como lo anunciaron ayer, el ex Impsa -que llegó al Estado en la gestión de Alfredo Cornejo- va a quedar un peldaño por encima del resto. Traer una inversión de US$1.000 millones a Mendoza es algo que no hemos visto hace mucho (quizás desde que Vale puso justamente muchos recursos en PRC) y menos tratándose de minería.

Me parece necesaria esta columna porque cuando se anunciaron los avances en materia minera a partir de este yacimiento, el protagonismo estuvo más en los políticos que -en su momento- le cerraron la puerta a la minería, más que en los técnicos que hicieron el trabajo duro.

Como prominero, no puedo olvidarme que hace algunos años la imagen del Whatsapp del ministro de Economía era un minero envenenando Mendoza. Tampoco puedo olvidar que el gobernador le cerró la puerta a la industria cuando derogó una buena ley como la 9.209 y luego negó a la minería (como Pedro a Jesús) hasta que apareció en el radar la recuperación de PRC.

Más allá de las diferencias que pueden surgir, conversando con profesionales del sector minero, coincidieron en que reactivar el yacimiento en Malargüe "sería un hito fundacional para la economía de Mendoza". Igualmente, y después de tantas idas y vueltas, todos prefieren esperar a ver los contratos firmados antes de cualquier expresión mayor. Es natural que eso suceda, porque la minería es una actividad tan manoseada por la política, que todo queda sujeto al "ver para creer".

Por eso, y en momentos en que muchos actores comiencen a subirse al carro de la victoria, hay que decir que fueron pocos los que insistieron en empujar el carro de la minería después de que se derogara la Ley 9.209 en el 2019. Los eternos actores del sector minero por el lado privado y Guiñazú, desde su rol en el Estado, fueron algunos de ellos. Cada uno desde sus puntos de vista, pero coincidiendo en la necesidad de desarrollar la actividad minera como un motor productivo.

En el Estado seguirán insistiendo en desarrollar la minería dentro de la 7.722. En el sector estarán (y me cuento) los que piensan que no se debe renunciar a cambiar al ley antiminera. Habrá distintas miradas, pero ambas apuntan a un fin común que es el desarrollo de la provincia.

Por eso, somos duros a la hora de las responsabilidades, tenemos que ser implacables. Sin embargo, también tenemos que tener la capacidad de reconocer si se logra algún objetivo que es altamente relevante para Mendoza. El tiempo dirá cómo queda cada uno en esta historia, pero por lo pronto no nos hagamos los vivos y démosle a cada uno el lugar que le corresponde dentro de un posible carro de la victoria.

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