La mayoría silenciosa dijo lo suyo y exorcizó al miedo de los ruidosos

Una nota en colores, porque ya no hay posibilidades de que sea tan solo blanco o negro en las discusiones. La Ciudad de Mendoza, el viernes, se vio movilizada por una mayoría silenciosa que, sin embargo, acalló a los ruidosos.

Memo

(Esta nota, a pesar de ser un domingo en Memo, está acompañada de una imagen en color. El blanco y negro vintage de las notas domingueras de este medio no caben en un tema en el que ya hay demasiado maniqueísmo. El color vuelve a surgir porque hay toda una paleta de opciones en los debates, cuando son serios y no buscan solamente réditos personales o de sector).

Muchas veces en los debates de los temas importantes hay más ruido que argumentos. Es el caso, por ejemplo, de la preocupación de gran parte de la sociedad, en la que puede incluirse tanto al Gobierno como a los que reniegan de cualquier forma de organización política y social: el cambio climático.

Unos pueden elegir echar culpas y otros, ponerse a cambiar ese cambio, para torcer un destino apocalíptico al que parece condenada la humanidad por su propia inacción. Otros pueden ser espectadores pasivos y, aun, están aquellos que solo aportan caos en lugar de unirse a quienes puede poner un grano de arena, ahorrar una gota más de agua.

En todos los rincones de la provincia se convocó a concurrir el viernes a la Ciudad de Mendoza a repetir el levantamiento de diciembre que terminó dejando de rodillas al sistema democrático, cuando cambiaron la decisión de un Gobierno cuyos responsables habían prometido en la campaña electoral y habían logrado desarrollar una nueva oportunidad de ingreso para una provincia que no tiene suficientes recursos para darles una vida digna a sus dos millones de habitantes: la minería.

Antes de darle de baja a la ley, planificó desde sus organismos una forma de que esos ingresos financiaran las obras que hacen falta para morigerar el impacto del cambio climático: más canales y reservorios de agua, mejor sistema de disposición de residuos, controles a la contaminación y no solo a la que pudiera ocasionar la minería que llegaría, sino la que ya produce la sociedad con sus actividades desde hace siglos y ya golpea con fuerza, como es que las cloacas maten la vida en los ríos, hoy mismo.

Pero una minoría ruidosa hizo tanto barullo y de manera tan novedosa, que rompió el contrato social con la democracia.

Para el viernes pasado esos sectores convocaron a hacer lo mismo: juntar a mucha gente en las cercanías de la Fiesta de la Vendimia de la Ciudad de Mendoza y hacerse ver para que sus aportantes internacionales los valoren y sigan bancando.

Pero fue más la mayoría silenciosa que exorcizó los miedos, aunque los siga teniendo. Que supo que había que ocupar un lugar ante la única oportunidad económica que queda, la que genera la cultura y el turismo.

Ya los grupos ruidosos cerraron de un portazo la posibilidad de que Mendoza eche mano a nuevos recursos y condenaron a comer las sobras de lo que les queda a pequeños sectores de producción, en una insólita idealización de la miseria. 

Ya imposibilitaron el ingreso de recursos para las obras que sirvan como un escudo ante el avance del cambio climático y la sequía, una condición que llegó para quedarse.

Pero está el capital humano de toda esa gente que acalló, con su silencio ante el espectáculo, a minorías bochincheras, que han dejado en claro su escaso nivel de aporte para revertir la crisis y sus muchas ganas de obstruir al que está obligado a cumplir horario de trabajo para cobrar un sueldo y no lo recibe solo por mantenerse presente en las redes sociales o juntándose a acusar desencajadamente al resto del mundo de ser peores que ellos frente al tema ambiental.

Al mismo tiempo, esa mayoría silenciosa de vecinos que fueron a la Vendimia de la Ciudad de Mendoza, ridiculizó a los integrantes de estos grupos que pueden circular por el mundo con recursos inacabables y que desde, por ejemplo, Barcelona, mentían al mundo entero denunciando que aquí la extracción de petróleo "secó los ríos", una barbaridad sin fundamentos, como queriendo cerrar otros dos grifos de la economía languideciente de Mendoza: la explotación hidrocarburífera y el turismo.

Vale la pena resaltar a ese grupo de silencio y acción. Y tiene validez continuar insistiendo en las dos cosas que parecen ser frenadas por campañas de miedo: que haya más salidas económicas y que se trabaje sin pausa en revertir los efectos del cambio climático.

Si la Ciudad de Mendoza lo hace, y sus vecinos también, y poco a poco cada comunidad se suma a hacer algo para que el ambiente no se quiebre definitivamente, se habrá creado una red de incidencia y acción más importante y más provechosa para todos, que cualquier meme,  posverdad, fake news intencional o campaña difamatoria de Facebook o Twitter.

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