La teoría de la intervención federal a Mendoza

El descabellado planteo circuló como "posibilidad" en cuadros medios del peronismo y como temor en los mismos sectores del radicalismo. Qué le pasa a la política mendocina en donde todos están enojados con todos. Las versiones desde todos los costados de la realidad.

Un dislate marcó la semana que terminó: la idea que circula en algunos ámbitos en torno a la una posibilidad de que se produzca una intervención federal de la provincia de Mendoza. Hay una serie de curiosidades en torno a la versión que dan cuenta de una fiebre en la política local que delata la posibilidad de una infección, a la que hay que tratar antes de que se vuelva una enfermedad contagiosa con la vacuna adecuada: el diálogo de representantes sectoriales con autoridad y categoría para encararlo.

Es que desde ambos lados, es decir, tanto en peronistas y radicales, la versión fue admitida ante la consulta realizada para esta nota, pero siempre culpando al otro de generar las condiciones para que tal situación se pueda producir. Parece más un deseo, una amenaza o un miedo exagerado (según quién verbalice la opción interventora), que una realidad. 

Surge desde cuadros medios de tanto de la oposición, señalando supuestas torpezas del gobierno mendocino y como desde el oficialismo, indicando tal planteo como "un sueño de gobernar sin ganar elecciones". De hecho, en caliente, recuerdan que "Eduardo Duhalde fue presidente sin haber ganado la elección. ¿Cómo? Generando caos, o al menos haciéndose el distraído y luego, ofreciéndose como garante de la paz?".

"Suena descabellado, pero no me sorprendería que lo sueñen", expresó un encumbrado dirigente del frente gobernante.

Lo cierto es que no hay ninguna condición para que una intervención federal de la provincia o bien, de alguno de los poderes del Estado, se produzca, tal y como lo plantea la Constitución Nacional. 

No la hay en lo práctico, pero tampoco en el clima político. 

El oficialismo, habiendo sido consultados referentes en el Ejecutivo, la Legislatura y la Justicia, dan cuenta de un plan de agitación al que han identificado claramente: el Partido Justicialista que acompaña las movilizaciones sindicales y convoca "al pueblo" a salir como lo hizo en diciembre ante la discusión de la modificación de la ley 7722, pero que no ha conseguido que su invitación convenza a más que un puñado de militantes exaltados y "dirigentes lumpenizados", tal como se los identifica desde el radicalismo.

"Es un delirio propio de lúmpenes de la política", responden con la misma calificación referentes del peronismo que aseguran estar muy ocupados en terminar de armar el gobierno nacional en todos los niveles, incluyendo las múltiples delegaciones regionales que están vacantes, en un contexto adverso tanto por la pandemia como por la renegociación de la deuda, que necesitan sea exitosa para poder tomar otra bocanada de oxígeno y así, poder empezar a gobernar. Son conscientes de que aun no lo logran. En el peronismo real -no en el formal- critican a los radicales, pero no se ocupan demasiado de ellos ni de su gestión, salvo para marcarles el territorio: el Nacional es suyo, el provincial de quienes gobiernan. "Y que se hagan cargo", sostienen. 

En el radicalismo y sus acompañantes de Cambia Mendoza han escuchado dos versiones: la agitación en torno a la designación de Teresa Day, aseguran, pudo contener el germen de generar un escándalo forzadamente y hasta la reacción del Ejecutivo de apurar su juramentación les sirve para posicionarse como "garantes de la institucionalidad". Lo cierto es que si las cosas se hubieran dado al revés, la UCR estaría ahora gritando del otro lado, debido a los modales con que todo el proceso fue llevado adelante.

¿Cayeron en una trampa los "republicanistas" que ahora se ven amenazados en su condición de tales? En el Gobierno está la tranquilidad de que se actuó con legalidad, aunque admiten la agitación fuera de lo normal. Y culpan al peronismo de creerse los dueños del poder y de querer obtenerlo "por el voto o por la fuerza". "Mientras se llenan la boca hablando de soberanía alimentaria, soberanía de los cielos y todo tipo de soberanías discursivas, no le dan bolilla a la más importante: la soberanía popular surgida de las urnas", dejó un legislador, enojado, como todos.

Hay enojo en todo el abanico político. El peronismo sostiene que el gobernador Rodolfo Suarez es afectado por un per saltum que protagoniza Alfredo Cornejo, su antecesor, que marca las reglas del juego y monopoliza el discurso local. Y desde el oficialismo dicen que la oposición es un desastre y que no unifica personería en una autoridad respetable con quien no solo dialogar, sino acordar.

Todos reclaman diálogo, pero no se puede dialogar entre todos, sino entre quienes tengan mandato y relevancia para hacerlo. Si el Gobierno tiene a Suarez y Cornejo, ¿a quién propone el peronismo para negociar los temas cruciales de Mendoza y cuya palabra se pueda confiar? En la Casa de Gobierno creen que Lucas Ilardo "está sacado" y que aunque siempre pida disculpas el día después de enojarse en público, no saben si es el elegido formalmente para dialogar, lo es Anabel Fernández Sagasti, lo son los intendentes o lo es el PJ orgánicamente.

Ilardo, a su vez, se ha transformado en la voz más crítica de la oposición, con un alto grado de disconformismo con el estado de las cosas. Pero solo es el presidente del bloque de senadores provinciales del Frente de Todos, advierten desde el oficialismo. Lo mandan, directamente, a hablar con su par radical en el Senado o bien que se lo designe al frente de la oposición formalmente.

El viernes se vivió un nuevo capítulo que los intendentes radicales no tardaron en señalar como "la estrategia del miedo", un condimento importante para continuar con la agitación social y política que se viene denunciando. Fue cuando en forma organizada, los jefes comunales del Frente de Todos salieron a señalar la posible circulación comunitaria del virus covid-19. "Usar la política para generar miedo con la salud pública, es de una irresponsabilidad absoluta. Apelo a tomar conciencia, no generar angustia y gestionar con madurez", lanzó Ulpiano Suarez desde la Ciudad de Mendoza.

En este punto está claro que sirve lo que indica el dicho: "El que calla, otorga". Ya había arrancado con la cantinela de la hiper presencia de coronavirus el secretario de Seguridad de San Juan, Carlos Munisaga, quien por razones partidarias eximió a Maipú de sus sospechas que recaen sobre todo el resto de Mendoza, en donde cree que el virus puede afectar a cualquiera. Nadie le había contado todo lo que pasó en ese territorio... Hasta que le avisaron y pidió disculpas:

El sanjuanino se arrepintió de lo dicho y hasta ahora nadie ha dicho si sí o si no hay circulación comunitaria.

"En ninguna provincia la oposición se está comportando como en Mendoza", señalan desde Casa de Gobierno y son capaces de hacer una enumeración de casos de colaboración estrecha en momentos que son igual de difíciles para todos. En los despachos oficiales, copados por el enojo, dan cuenta que esta situación de agitación y conflicto permanente es lo único que puede tomarse en serio de la versión interventora.

Desde el Congreso los radicales sostienen que el único pedido de intervención federal que existe es contra el Poder Judicial de Jujuy, en condiciones prácticas mucho más graves que la planteada en Mendoza. Y que así y todo no ha salido.

"No es posible que un presidente en las circunstancias de diverso tipo en la que se encuentra Alberto Fernández pueda darle rienda suelta a decidir un acto de tal envergadura", señalan para echar un balde de agua fría a los exaltados de ambos lados, pero sin desconocer la discordia imperante en la política mendocina.

El Gobernador alentó la posibilidad de que todas estas cuestiones, licuadas como están las representaciones partidarias, se resuelvan en un debate organizado dentro del Consejo Económico, Ambiental y Social que propuso a la Legislatura y que está en tratamiento. Y allí mismo surgieron diferencias en torno a su composición y funcionamiento, pero es posible que termine siendo una caja de resonancia y contención, siempre y cuando se institucionalicen las posiciones de todos los sectores y el debate político no siga siendo comparable a un interminable e instantáneamente grosero hilo de Twitter.

Por cierto, un referente opositor le adjudicó a "los efectos de la cuarentena" las versiones cruzadas cargadas de reproches que parecen irreconciliables. Y es posible que haya un factor psicológico que esté afectado a la política.

Pero hay otro refrán que indica que "el que se calienta pierde": aquí están todos "calientes" y si sigue así, perderemos todos.

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