Mendoza sentada sobre un cofre de oro: la hipocresía de ser pobres por decreto
Don Sixto: El yacimiento que tiene todo para salvar al Sur, menos permiso político. Opina Horacio Marinaro.
Mendoza busca desesperadamente trasformar su matriz productiva y generar empleo genuino. Enfrenta hoy un argumento insostenible que raya lo absurdo. Mientras la pobreza golpea con fuerza y la escasez de divisas es descomunal, el proyecto Don Sixto en Malargüe permanece como un monumento al desperdicio.
Como bien describen los varios geólogos del medio local, entre ellos la página Panorama Minero. No hablamos de una sospecha minera, sino de una mineralización real y comprobada, absolutamente comprobadas, que harían de cualquier otra provincia una potencia exportadora. En Mendoza, Sin embargo, Don Sixto es el "caso testigo" de una hipocresía regulatoria. El mineral está allí, hay conocimiento técnico de sobra, pero la Ley 7.722 actúa como un cepo al desarrollo.
Mantener un yacimiento técnicamente viable pero regulatoriamente paralizado, no es proteger el ambiente, es condenar al sur mendocino al estancamiento, mientras vemos cómo al otro lado de los límites provinciales, la minería moderna transforma realidades.
Como bien señalan algunos geólogos, Don Sixto es el caso testigo de esta parálisis. No hablamos de una corazonada o de un cateo superficial. Se trata de un yacimiento con información geológica robusta y mineralización comprobada. Los sistemas hidrotermales están ahí, la continuidad en profundidad es un hecho técnico y el recurso es una realidad tangible.
Sin embargo, este gigante permanece "técnicamente viable, pero regulatoriamente bloqueado". ¿La razón? La Ley 7.722, que, en nombre de una protección ambiental mal entendida, prohíbe las herramientas necesarias para transformar esa roca en bienestar. El medio expone con claridad la brecha entre el potencial geológico y la posibilidad de desarrollo efectivo, Mendoza tiene el mineral, tiene los profesionales y tiene la necesidad, pero le falta la honestidad política para admitir que la prohibición no es un método de control, sino un certificado de estancamiento.
Al mantener Don Sixto bloqueado por el dogma de la 7.722, la provincia no solo pierde lingotes de oro; pierde el tren del desarrollo.
Veamos Lo que Mendoza "deja sobre la mesa" gracias a la cobardía política. Arranquemos con El yacimiento, que cuenta con un recurso estimado de 900.000 onzas de oro. A valores de mercado actuales, representan más de USD 1.800 millones que hoy no sirven para nadie, a eso le llamamos activos muertos
Desarrollar el proyecto inyectaría una inversión entre 400 y 600 millones de dólares en infraestructura y tecnología de punta.
Se estima que un proyecto de esta escala podría aportar una producción anual constante durante más de 12 a 15 años.
Se estima la creación de más de 500 puestos de trabajo directos 1500 indirectos (proveedores de transporte, catering, mantenimiento, metalmecánica) 2000 empleos real en la operación, devolviéndole la fortaleza económica a Malargüe, San Rafael y Gral. Alvear. Un detalle que no es menor a tener en cuenta para el Desarrollo Regional. La ubicación de Don Sixto a solo 1.200 msnm permitiría operatividad todo el año, a diferencia de los proyectos de alta montaña, lo que garantizaría un flujo económico constante para el comercio de los tres departamentos del sur
Las regalías que Mendoza desprecia hoy podrían ser la fuente de financiamiento para las obras de tecnificación del riego que la provincia necesita la Infraestructura hídrica, para salvar su agricultura.
Analicemos el Costo de la Oportunidad perdida, Mientras Don Sixto está encerrado; empresas como Pan American Silver mantienen el activo en "espera", lo que frena nuevas exploraciones en la zona. Mendoza pierde de recaudar millones de dólares anuales que, por ley, deberían destinarse a obras de infraestructura hídrica (especialmente críticas en una provincia con crisis terminal de agua).
En Mendoza La "seguridad jurídica queda herida, ahuyentando capitales que hoy se desplazan hacia San Juan o el Triángulo del Litio en el norte".
No podemos seguir llamando "protección" a lo que es cobardía política. Mientras los funcionarios hablan de desarrollo, permiten que la riqueza se oxide bajo tierra por temor a enfrentar un eslogan de cartón. Mantener el bloqueo sobre Don Sixto es un crimen de lesa prosperidad; es condenar a las futuras generaciones al éxodo para sostener una ley que ha demostrado ser un cepo al progreso.
El costo de la cobardía y la salida por Malargüe tiene una solución técnica y política es clara. Mendoza debe respetar la autodeterminación de Malargüe y Excluirlo de las restricciones de la 7.722. En un departamento que ya convive con la actividad petrolera y que posee una licencia social sólida, mantener el bloqueo a la minería metalífera es un castigo geográfico.
Permitir que Don Sixto avance bajo controles estrictos y tecnología de punta no solo rescataría la economía del sur, sino que serviría como el laboratorio real que Mendoza necesita para ver, de una vez por todas, que la minería y el agua pueden y deben convivir. Es hora de dejar que Malargüe sea el motor de una provincia que se quedó sin combustible.
La verdadera contaminación en Mendoza no es el cianuro manejado con protocolos internacionales; es la desidia de un Estado que prefiere ver a su pueblo empobrecido antes que validar una industria que funciona con éxito en todo el mundo desarrollado. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que el prejuicio le gane al dato científico de expertos?"
Si la política mendocina no tiene la madurez para un debate provincial, entonces se debe respetar la autodeterminación de quienes sí quieren progresar. Malargüe ha gritado su vocación minera a los cuatro vientos. La creación del Distrito Minero Malargüe Occidental es un paso, pero resulta insuficiente si no se aborda el fondo del problema, la prohibición de sustancias que hacen a proyectos como Don Sixto viables.
Es tiempo de dejar de lado las frases vacías y enfrentar la realidad técnica que expertos locales vienen advirtiendo. La Ley 7.722, en su redacción actual, no cuida el agua; solo garantiza que el oro mendocino siga siendo un potencial teórico en un libro de geología. Si la provincia quiere un futuro real, debe destrozar el obstáculo y permitir que con su riqueza lograr el sustento para su gente.
Es hora de dejar de ser el "perro del hortelano". El mineral está; lo que falta es la voluntad de dejar que Malargüe sea el motor de una provincia que se quedó sin combustible.
Horacio Marinaro
El Observador de Malargüe