No hay una sola manera de ser feminista

El feminismo negro vino a poner de manifiesto, entre otras cosas, que los argumentos utilizados en aquel momento para alejar a las mujeres de los espacios laborales y de poder, no eran sólo falaces, sino que se aplicaban según conviniera o no a intereses masculinos.

Emiliana Lilloy

No hay una sola forma de ser feministas. En un mundo globalizado y con el acceso a la tecnología, los cambios se han acelerado haciéndonos sentir parte de algo más grande. Hoy accedemos a las ideas, lecturas, movimientos y pensamientos de casi todas las mujeres del mundo (al menos el mundo que accede a la tecnología). Hoy con el ciberfeminismo podemos asociarnos y sumarnos a infinidad proyectos y coincidir con otras mujeres alrededor del planeta.

Cuando las mujeres logramos el acceso a la educación y a los espacios públicos femeninos, las luchas e ideas de las primeras las revolucionarias, militantes y escritoras se diseminaron por todo el planeta. La empresa que comenzaron las feministas anglosajonas con sus reivindicaciones liberales, se convirtió en tantas otras como mujeres viviendo en distintas situaciones en el mundo.

Esta circunstancia nos permitió ver las diferentes opresiones con las que nos enfrentábamos y los distintos mecanismos a través de los cuales se operaban. Intercambiar ideas y ver que otras mujeres experimentaban el mundo de manera distinta.

El feminismo negro por ejemplo, vino a poner de manifiesto, entre otras cosas, que los argumentos utilizados en aquel momento para alejar a las mujeres de los espacios laborales y de poder, no eran sólo falaces, sino que se aplicaban según conviniera o no a intereses masculinos.

Así, la delicadeza, la sensibilidad, la influencia uterina en el carácter y la maternidad obligatoria y condicionante, que justificaban a la mujer en el hogar y a no inmiscuirse en los asuntos de Estado ni en tareas que requirieran la fuerza de los varones, no eran aplicados a las mujeres negras, esclavas y explotadas en trabajos manuales y desgastantes. La exaltación del valor de la maternidad y el rol de las mujeres en él, tampoco parecía aplicarse si no se trataba de mujeres blancas de clase acomodada.

La gran iniciadora de los reclamos de las mujeres negras, Sojourner Truth, (esclava liberada de Nueva York) fue la única mujer negra que participó en la Primera Convención Nacional de Derechos de la Mujer llevada a cabo en 1850 en Worcester, y un año después, pronunció un discurso en la Convención de Akron que pasó a la historia y que vale la pena (aunque sea un extracto de él) reproducir:

"Ese hombre de allí dice que las mujeres necesitan ayuda al subirse a los carruajes, al cruzar las zanjas y que deben tener el mejor sitio en todas partes. ¡Pero a mí nadie me ayuda con los carruajes, ni a pasar sobre los charcos, ni me dejan un sitio mejor! ¿Y acaso no soy yo una mujer? ¡Miradme! ¡Mirad mi brazo! He arado y plantado y cosechado, y ningún hombre podía superarme! ¿Y acaso no soy yo una mujer? [...] He tenido trece hijos, y los vi vender a casi todos como esclavos, y cuando lloraba con el dolor de una madre, ¡nadie, sino Jesús me escuchaba! ¿Y acaso no soy yo una mujer?

La conocida frase de Sojourner Truth: "¿Acaso no soy yo una mujer?" denunciaba en aquel momento las falacias de los argumentos que oprimían a las mujeres, a la vez que mostraba la doble opresión de que eran sujetas las mujeres negras: la raza y el género.

Kate Millet.

Otra gran reveladora de las falacias de los argumentos para alejar a las mujeres del poder fue la feminista radical Kate Millet, quien escribe la primer tesis doctoral (Universidad de Oxford) del mundo sobre género y que entre sus ideas brillantes, expresa que nos encontramos ante sociedades que tienen una política sexual, que asigna a una u otra casta (varón-mujer) determinadas tareas y roles para mantener la superioridad de una sobre otra, y lo hace descartando cualquier causa biológica para la inferiorización de la mujer:

"La supremacía masculina, al igual que los demás credos políticos, no radica en la fuerza física, sino en la aceptación de un sistema de valores cuya índole no es biológica. La robustez física no actúa como factor de las relaciones políticas. La civilización siempre ha sabido idear métodos (la técnica, las armas, el saber) capaces de suplir la fuerza física, y ésta ha dejado de desempeñar una función necesaria en el mundo contemporáneo. De hecho, con elevada frecuencia el esfuerzo físico se encuentra vinculado a la clase social, puesto que los individuos pertenecientes a los estratos inferiores realizan las tareas más pesadas, sean o no fornidos"

Escuchar y leer a dos referentes tan importantes como ellas, nos pone frente a una idea central. Y es que Millet quizás sea una de las autoras feministas más leídas en el mundo y sus ideas presenten una plataforma o base de coincidencia. Sojourner Truth fue la iniciadora de un movimiento que hoy tiene su propio desarrollo teórico y fuerte influencia. Sin embargo, por más universal que nos parezcan sus teorías, lo cierto es que las situaciones de las mujeres alrededor del mundo cambian y se sujetan a otras opresiones como son la raza, normas culturales, la condición de migrantes, la pobreza, situaciones que imponen las religiones imperantes, etc

Existen entonces, porque existen las diferentes culturas en donde nos desarrollamos las mujeres, unos feminismos latinoamericanos, unos negros, unos tantos del mundo musulmán etc. Feminismo académico, barrial, de las asociaciones, comunal, intelectual etc. Feminismos que creen y aplican unas estrategias, otros que no están de acuerdo y avanzan con otras. Mujeres feministas que son parte de grupos, asociaciones, instituciones y otras que viven su vida en la creencia de una sociedad igualitaria sin asociarse.

Pero así como Millet nunca llegará a vivir y experimentar lo de Sojourner Truth y viceseversa, es claro que cada una de nosotras experimentará su propio feminismo de una manera. No tenemos una sola voz, no tenemos una sola manera de expresarnos y de hacer las cosas. Ojalá tengamos tantas como mujeres en el mundo, sin nadie que pueda obligarnos a pensar de una u otra manera o a presionarnos a adherir a determinadas cuestiones disfrazadas de políticamente correctas para "el feminismo".

En este sentido, es claro que los feminismos son tantos como culturas, situaciones, y mujeres existimos. Cooperar, formar alianzas perteneciendo a diversas asociaciones y movimientos locales e internacionales nos da fuerza. Utilizar #hashtag apoyando alguna causa también nos da un sentido de pertenencia y de apoyo. Pero lo cierto es que pensar en un movimiento global con objetivos comunes no nos debe hacer perder de vista nuestra propia existencia. Por el contrario, nos invita a un acto de individuación en el que nos atraviesa nuestra familia, las creencias espirituales, políticas, las amistades, causas sociales, posiciones profesionales y nuestras posibilidades. Un mundo que por globalizado puede ser masificante, nos invita tener claro, que cada una, como cada varón sobre la tierra, forjará su propio destino y elegirá su forma de estar en el mundo siendo feminista.



Esta nota habla de:
Más
Matrimonio o prostitución
Emiliana Lilloy

Matrimonio o prostitución

En su columna de este domingo, Emiliana Lilloy asevera que "Existieron hombres justos (que sí amaban a las mujeres)". Abunda en el caso de John Stuart Mill, el esposo de la feminista y pensadora Harriet Taylor, y un importante pensador y político del siglo XIX.
Cómplices y culpables: las mujeres
Emiliana Lilloy

Cómplices y culpables: las mujeres

"El poder no sólo reprime, también incita, seduce, induce, facilita o dificulta, amplía o limita, hace más o menos posible una acción, constriñe o prohíbe, pero siempre es una manera de actuar sobre la acción de otros sujetos".
La traición de nuestros varones
Emiliana Lilloy

La traición de nuestros varones

Emiliana Lilloy pone en términos claros la perspectiva de género. Dice en su columna de este domingo: "En los movimientos sociales de los dos siglos pasados los varones también dejaron de lado a las mujeres o las utilizaron para sus propios fines".
La perspectiva de género: un monstruo de siete cabezas
Emiliana Lilloy

La perspectiva de género: un monstruo de siete cabezas

¿En qué piensa y qué cosas imagina la gente que no está informada del tema cuando se le plantea la cuestión de la "perspectiva de género"? Aquí lo plantea Emiliana Lilloy.