Permanencia: la palabra demonizada injustamente

La decisión del gobierno bonaerense de que ningún alumno repita de grado, bajo la mirada del psicopedagogo Emanuel Torrico.

Emanuel Torrico

En las instituciones educativas nadie tiene la convicción necesaria para aseverar la permanencia de un niño/a en un grado cuando no ha cumplido con las condiciones básicas para promocionar. Miedos, mitos y más dudas que certezas.

Frustración: sentimiento de insatisfacción o fracaso.

Con esas palabras la RAE (Real Academia Española) define a la palabra más usada por directivos, docentes, colegas y otros tantos miembros de las diferentes comunidades educativas, para justificar y/o argumentar la promoción de un alumno/a que no ha logrado los saberes fundamentales que a cada año escolar le compete.

Esto es: si el estudiante permanece (coloquialmente repetir), se frustra. En efecto, démosle la posibilidad de continuar su trayectoria escolar aunque no lea, comprenda, entienda, escriba, razone ni sepa conjugar verbos llegando a 5to o 6to grado.

Inevitablemente, la pregunta que surge sería ¿Acaso una persona no se frustrará más cuando vea que todos sus compañeros pueden hacer algo y ella no? ¿Cómo se fortalece una trayectoria escolar: diciendo la verdad y actuando en consecuencia o pateando los problemas para adelante?

Son muchas preguntas que emanan al respecto, pero son muy pocas las personas que se animan a enfrentar las dificultades desde su lugar de toma de decisiones; con el fin de que los niños vayan a la escuela a aprender y si no lo hacen, las medidas sean en pos de que realmente lo hagan en algún momento.

Por supuesto que hay excepciones a la regla y casos donde el contexto y la existencia de una patología clínica de base se tornan determinantes. Pero en estas situaciones la evaluación es diferente ya que prevalece el conocimiento que cada docente tiene -mejor que nadie- de sus alumnos.

Un indicador de riesgo escolar suele ser la dificultad en fluidez lectora. Si bien estas pruebas generan datos meramente cuantitativos, no demuestran que un sujeto comprenda lo que está leyendo. Además, son testeos asimétricos porque las condiciones de acceso a la educación no es la misma para todos los estudiantes en tiempo, espacio y recursos.

Como sociedad cabe preguntarnos: ¿Preferimos un sistema honesto que promueva el aprendizaje real en las instancias que corresponden o solo importa que un alumno apruebe brindando un sinfín de evaluaciones por cuatrimestre?

EL AUTOR. Emanuel Torrico. Psicopedagogo Institucional, Clínico y de Discapacidad. Mat. 709


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