Sesentizándolo todo, una vez más: la persistencia histórica de la sadopolítica

Hay una nueva categorización política que resume lo peor: miente al prometer un Paraíso a sabiendas de que lo que podrán ofrecer será poco menos que un Infierno. Pero saben que siempre habrá un enemigo afuera a quien culpar de las propias atrocidades.

Timothy Snyder es un historiador estadounidense de 51 años, docente en la Universidad de Yale, miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena y es conocido en su ámbito por sus estudios volcados en libros sobre el Holocausto, Hitler y Stalin, sobre la tiranía, la oligarquía, la fragilidad de la democracia. Fue quien advirtió desde su libro "Sobre la tiranía" en torno a las consecuencias de la mentira usada, promovida y defendida en los hechos por Donald Trump como forma de gobierno en Estados Unidos. Indicó precisamente los peligros que suponía para el periodismo y para la sociedad que el propio presidente de Estados Unidos se sumergiera en un clima permanente de fake news y posverdades, palabras que se hicieron fuertes y categóricas en sus definiciones durante su mandato.

Ahora ha creado una nueva categorización, de la que dábamos cuenta en la semana en Memo tras leer la publicación The European, que lo llevo a su portada: se trata del "sadopopulismo". La publicación aprovecha para embocar en tal corset a Boris Johnson, pero no deja de advertir que la definición creada por Snyder en un discurso académico calzaba en principio para Trump, pero que alcanzaba también para vestir de cuerpo entero a Vladimir Putin. Básicamente, conceptualizó el modo "sadopopulista" de hacer política cuando dijo que tanto en el exmandatario estadounidense como en el eterno mandamás ruso: "Veo políticas que si se implementan dañarían a la gente ... es sadismo, la administración deliberada del dolor".

No resulta entonces una osadía ampliar su definición hacia las formas de promover y ejercer las ideas políticas, sobre todo cuando vuelven a ponerse sobre las mesas de debate los planteos de los años '60 cuyos resultados están claramente a la vista: dolor, muerte, desarraigo, hambre, ausencia de libertades, autoritarismo, imposiciones, control total del presente y el futuro como asimismo del pasado, al decretar cuál es la historia, eligiendo hechos y protagonistas como catapultas para las vidas personales de miles de personas que quedaron atrapadas en la linterna de pocas pilas de aquellos iluminados iluminadores que condujeron los sangrientos procesos que donde triunfaron, sembraron de fracaso a todos, a los propios y a los otros también.

Así es que hay en el aire una "sadopolítica" que ya no se mueve en la clandestinidad, sino que hasta parece aceptada públicamente desde el momento en que el rechazo y condena no ha conseguido un eco contundente. Y podría decirse que se trata no solamente de un viaje en reversa por el túnel del tiempo, sino de una síntesis de lo peor: se miente al prometer un Paraíso a sabiendas de que lo que podrán ofrecer será poco menos que un Infierno. Pero saben que siempre habrá un enemigo afuera a quien culpar de las propias atrocidades.

Ese ya es un modelo político: hacerse amar para devolverlo en latigazos a los que disfrazan de un placer ideologizado en vano, épico como catalizador de todos los desconciertos que, a ciencia cierta y con escasos remedios al alcance de la mano, va acumulando la práctica de la democracia pluralista.

Cuba está nuevamente en la agenda y no resulta malo como parámetro para definir quién está para garantizar más libertades y pluralidad y quiénes para manejarlas desde el puño cerrado de una élite que retoma las formas del feudalismo de la Edad Media para ejercerlo con las herramientas hipnóticas de este tiempo.

Sin ir más lejos, en las elecciones primarias de Chile, este domingo, Cuba marca no uno si no dos ritmos del proceso de selección del futuro gobierno de ese país, tras el avance de sectores independientes, de izquierda partidaria y de la anárquica también en los comicios para elección de constituyente.

Mientras la derecha cubaniza a la izquierda, dentro de ésta surgen dos posiciones claras: Daniel Jadue, precandidato del Partido Comunista, sostiene el respaldo a la dictadura cubana con un argumento bien argentino: que no le consta que haya violación de los derechos humanos. Mientras que su contrincante en el espacio, Gabriel Boric, del Frente Amplio, expresó su "solidaridad con el pueblo cubano que se está manifestando contra del gobierno de (Miguel) Díaz-Canel". También añadió que "tengo un solo estándar en materia de violaciones a los derechos humanos; son inaceptables. Con la información que tenemos parecería que hay problemas y el llamado de Díaz-Canel de decir que la calle es solamente de un grupo de gente, desde mi punto de vista es equivocado".

Sesenta y dos años después de la instalación de la dictadura en Cuba, la política sigue bailando a su ritmo, pero sabe que de ese baile no se sale bien. ¿Será que este concepto de la "sadopolítica" o "sadopopulismo" encuentra cultores también en la sociedad? ¿O que cansados, aburridos tal vez, de ser abusados por la política tradicional, salga del armario una sociedad que sí quiere un dominante que le diga que lo castiga, golpea, encierra, hambrea, pero que lo hace "por amor"?

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