San Martín y su querida Mendoza

En el día del natalicio de San Martín, el historiador Juan Marcelo Calabria recuerda cómo Mendoza fue "su lugar en el mundo".

Juan Marcelo Calabria

Si bien el Libertador de América José Francisco de San Martín, a quien hoy evocamos, nació el 25 de Febrero de 1778 en las ex misiones Jesuíticas, actualmente ciudad de Yapeyú Departamento de San Martín, Provincia de Corrientes; lo cierto es que su tierra querida y lugar en el mundo, que recordó hasta sus últimos días, fue sin dudas, durante gran parte de su existencia, su "querida tierra mendocina".

En su dinámica y ascendente carrera como hombre público, luego de su paso por el Norte, San Martín recaló en Cuyo donde arribó en Setiembre de 1814 con el nombramiento de Gobernador Intendente de Cuyo, que él mismo había propiciado ante el Directorio de Buenos Aires. Si bien su paso como líder político y administrador de Cuyo, constituyó un eslabón más en el plan de liberación continental, lo cierto es que su impronta, su ferviente actividad, no sólo en el plano militar, sino especialmente civil, económico, cultural y educativo, marcaron a fuego las Provincias de San Juan, San Luis y especialmente Mendoza. En su ínsula cuyana el Gobernador pudo disfrutar de su vida familiar y con amigos, y si bien su ajetreada actividad que comenzaba alrededor de las 5:00 hs. bien temprano por la mañana y concluía entrado el día cerca de las 20:30 hs., fue intensa y marcada por su acción política, militar y de gobierno, fue en esta tierra donde logró en esos, dos años, formar un hogar y aferrarse a su terruño. Bien podría decirse que en tan poco tiempo, mucho le quedó por hacer, pero también es cierto que esos escasos 24 meses le bastaron para enamorarse de Mendoza y recordar por siempre a su querida Tebaida.

Al comenzar el mes de Enero de 1817 su gran obra militar: el Ejército Libertador de Los Andes estaba listo y junto a él comenzaría la travesía del Cruce de Los Andes, para dar inicio a la epopeya de libertad e independencia de medio continente. El 24/01/1817 emitía una sentida proclama de despedida al pueblo de cuyo, para ser leída ante el Cabildo, en la que destacaban dos palabras Gratitud y Amistad: "...Cerca de tres años he tenido el honor de presidirle y sus heroicos sacrificios por la independencia y prosperidad común de la nación pueden numerarse por los minutos de la duración de mi gobierno. A ellos y a las particulares distinciones con que me han honrado, protesto mi gratitud eterna. E indeleble en mi memoria sus ilustres virtudes será de los habitantes de esta capital, en todas circunstancias, y tiempos el más fiel y verdadero amigo... José de San Martín".

Durante la monumental campaña de Chile, especialmente luego de la transcendental batalla de Chacabuco - 1817 -, la larga lucha en el sur de Chile, la sorpresa de Cancha Rayada y finalmente la enorme victoria de Maipú - 1818 -, sus travesías por el coloso andino camino a Buenos Aires, cimentando la alianza entre Chile y Argentina y por sobre todo en su afanosa búsqueda de recursos para emprender la Expedición Libertador del Perú, tenían en Mendoza su lugar de paso obligado, pero también su refugio y centro de amigos y consejos que le permitían cargar energías para continuar con su gran misión: La Libertad de América.

Luego de casi dos años de idas y vueltas, producto de las tensiones y vaivenes políticos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en agosto de 1820 parte la Expedición Libertadora del Perú, otra gran epopeya militar y popular, como lo había sido el Cruce de los Andes; y a partir del desembarco del «Ejército Libertador del Perú», denominado así por decreto supremo Gobierno de Chile del 19 de mayo de 1820, en las costas peruanas comenzará la última fase del plan de liberación continental: la Libertad e Independencia del Perú. Allí San Martín se verá obligado a asumir no sólo la conducción de las fuerzas libertadoras sino también la primera magistratura del fundacional Gobierno Patrio de la nueva Nación, bajo el nombre del Protectorado de los Pueblos Libres del Perú. Una vez más, como lo había hecho en Cuyo, el Libertador, en ese momento Protector, se abocó no sólo a la tarea militar de la campaña libertadora, sino especialmente a la obra de Gobierno, donde desplegó las competencias y habilidades de un gran estadista sentando las bases de la futura República. Nuevamente su obra política, social, económica, educativa y cultural, estrecharon al Perú y San Martín en un recuerdo y legado que aún perdura hasta nuestros días.

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Luego de 2 años de Gobierno y Acción en las tierras incaicas, el Protector se dio cuenta que necesitaba la concurrencia de las fuerzas de Simón Bolívar para afianzar la independencia del Perú y terminar la guerra por la libertad en América. Luego de la transcendental entrevista de Guayaquil, convencido que: "Bolívar y yo no cabemos en el Perú", según sus propias palabras, decidió su renuncia a la máxima magistratura del estado peruano y su retiro definitivo de la vida pública, instalando el primer congreso soberano y despidiéndose del Perú con estas palabras: "Presencié la declaración de la independencia de los Estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público; he aquí recompensados con usuras diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos". José de San Martín. (Proclama a los peruanos, Pueblo Libre, 20/09/1822). Y así, una vez más, San Martín "cumplía con la palabra empeñada": terminada su tarea militar y política en Perú se retiraba para siempre de la función pública.

Inmediatamente después emprendía el camino de regreso, primero a Chile y unos meses después retornaba a Mendoza, su lugar en el mundo; según Robert Proctor en su crónica El Chacarero de Mendoza: "Bajo los auspicios liberales del general San Martín, y el cuidado científico del doctor (John) Gillies, Mendoza es un ejemplo de progreso para las otras ciudades sudamericanas... Como tenía cartas para este hombre célebre - San Martín - tuve oportunidad de verle mucho... Parecía muy apegado a Mendoza como los habitantes lo eran a él; y sin duda como este lugar fue el punto donde comenzó su brillante carrera, érale el más querido. Por la tarde, con frecuencia venía a nuestras reuniones y nos divertía mucho con cantidad de anécdotas interesantes que tenía manera fácil de narrar, animada por su rostro fuertemente expresivo". Pese a su inclinación por Mendoza, San Martín no pudo quedarse a vivir en "La Tebaida": la lucha entre facciones y la ingratitud de los Gobiernos de ese momento, le hacían notar; en sus propias palabras, que: "He tenido la desgracia de ser hombre público". La temprana muerte de su esposa Remedios, apuró su viaje para regresar a Buenos Aires, arreglar sus "intereses y papeles" y marcharse a Europa junto a su hija Merceditas.

Desde el año 1824 comenzará su derrotero por Europa, siempre preocupado y ocupado en la educación y bienestar de su hija, pero también siguiendo los destinos de América. En 1829 intentará el regreso fallido al Plata: la guerra entre unitarios y federales, el fusilamiento de Dorrego y las presiones que recibe para hacerse del mando en Buenos Aires, terminan de convencerlo que "su presencia les es embarazosa" porque "ha figurado demasiado tiempo en la revolución"; su fama y prestigio, como también su personalidad humilde, transparente e incorruptible, no son bienvenidas en las tierras que liberó.

Definitivamente de regreso, pasará sus últimos años en Francia. Gracias a los consejos y amistad de su camarada de la juventud, el banquero español radicado en París, Alejandro María Aguado, Marqués de las Marismas del Guadalquivir, uno de los financistas y mecenas más ricos de Europa; San Martín logrará recomponer la situación económica de su familia, y en compañía de Aguado participará de reuniones y tertulias junto a grandes pintores, poetas y compositores del momento. Rodeado de sus afectos, viajando por los países de la región, dedicado a lectura y la correspondencia con América; llevará una vida apacible y al decir de Florencio Balcarce, cuñado de Mercedes: "El general goza a más no poder de esa vida solitaria y tranquila que tanto ambiciona. Un día lo encuentro haciendo las veces de armero y limpiando las pistolas y escopetas que tiene; otro día es carpintero y siempre pasa así sus ratos, en ocupaciones que lo distraen de otros pensamientos y lo hacen gozar de buena salud"...

En agosto de 1850, lo visitaba el destacado periodista y político Félix Frías quien relata los últimos días del Libertador: "Hacía algún tiempo que el general consideraba próxima su muerte;... El día 6 escribió... algunas palabras afectuosas de despedida para sus hijos. Su razón, sin embargo, se ha mantenido entera hasta el último momento; y puede decirse que su alma enérgica se ha lanzado de la tierra cuando le faltó cuerpo que habitar... pude notar, un mes antes de su muerte, que su inteligencia superior no había declinado...hablaba con entusiasmo de la prodigiosa naturaleza de Tucumán y de las otras provincias argentinas... Recordaba siempre con gratitud el noble carácter y el apoyo que encontró para su gran campaña de Chile en los habitantes de las provincias de Cuyo, y su memoria conservaba frescos y animados recuerdos de los hombres y los sucesos de su época brillante...".

Finalmente, el seno del cariño familiar, con amigos, la admiración y respeto de muchos americanos y europeos, recordando a su entrañable tierra mendocina, concluía sus días, el 17 de Agosto, el querido Gobernador y amigo de Mendoza: José Francisco de San Martín.

Fuente: "San Martín, Modelo de Líder Americano. Edición Digital, Setiembre 2020. Ebook: http://bit.ly/sanmartin-mla - https://bit.ly/3dkoP7d

Por Lic. Juan Marcelo Calabria

Docente y Ensayista.

Autor del Libro: "San Martín, Modelo de Líder Americano".

Miembro correspondiente por Mendoza de la Academia Nacional Sanmartiniana.

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