Las fantasiosas sectas antidemocráticas y secesionistas

Están actuando en el país y desplegándose en lugares públicos grupitos de gente que vive inmersa en una fantasía cargada de ideología y que le impide ver la realidad. No aceptan la coexistencia. Dan una vuelta completa al arco de las ideas: desde la izquierda terminan impulsando metodologías propias de Videla.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

Esta semana, una vez más, se pudo ver cómo se mueven libremente en Argentina grupos que con prácticas propias sectas fanáticas. Uno de sus integrantes, Facundo Molares, murió al no resistir la agitación de un plantón en el Obelisco que pretendía que no se realizaran las elecciones de este domingo.


Horrores argentinos

Cuando se conocieron sus antecedentes, saltaron a la luz datos falsos y no tan falsos que, en definitiva, dejaron en superficie los reales: el hombre con dramático desenlace, venía de una larga historia de generar levantamientos contra la democracia en Latinoamérica, además de cometer hechos ilícitos movido por la ideología que levantó como bandera.

Ningún grupo sectario es afín a vivir en comunidad, integrado al resto de la sociedad, aceptando la multiculturalidad y las diferencias, por más que terminen en una misma bolsa política con militantes de reivindicaciones sectoriales y, juntos, conformen bloques que hasta gobiernan países, como pasa en Argentina.

Ya se vio una situación similar con los mapuches de la RAM, los violentos que quieren crear un país, que reniegan de la nacionalidad argentina, pero que sin embargo son alimentados por recursos del Estado -contra el que combaten- y fuerzas políticas que los aceptan, con tal de aumentar su poder de acción.


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Los grupos sectarios, como se ha visto en los fenómenos religiosos, tienen un final incierto, ya que viven inmersos en creencias que no admiten chequeos o refutaciones. No interactúan con otras opiniones ni las aceptan: todo lo que hacen es generar insumos, consignas y acciones para golpearse el pecho con su núcleo ideológico que cada vez los aísla más de la realidad, del mundo. 

Buscan sólo confirmar lo que ya venían pensando, o más: darle una vuelta de rosca hacia adentro, enfrentándose más al resto de la sociedad y expulsando a los que osen abrir sus mentes, u osan asomarse para ver qué es lo que realmente pasa.

Por lo que se ve a simple vista, actúan por izquierda o por derecha. Y se creen tanto sus propias fantasías que pueden hasta morir por ello, inútilmente.

Siempre hubo grupos de este tipo, pero pocas veces se les otorgó entidad desde los principales partidos políticos.

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El error visible hoy es que desde el Estado se ha creado una cultura de la reivindicación de estos grupos para manejarlos políticamente, financiando su militancia. En verdad -aunque parezca insólito con solo pensarlo un poco-  hay gente que cree que el Estado debe pagarles para militar sus ideas. Están convencidos de que eso está bien y hasta de que es su "trabajo". Posiblemente crean que el 99 % de la gente es la que está equivocada.

Así de "iluminados", "esclarecidos", portadores de la "única verdad irrefutable" como son, ya han causado un daño inmenso al país, creyéndose sus libertadores y sumiéndolo en la muerte y el dolor en el pasado, cuando creían estar representando a millones y solo se miraban en su propio espejo. Son la sustancia que alimenta un círculo vicioso que no deja crecer el virtuosismo, el salto hacia adelante de la Argentina.

Es necesario hablar de esto y evitar la regresión a los peores tiempos. ¿En verdad alguien quiere un país constituido por múltiples tribus temáticas que confronten todo el tiempo y se disputen sus recursos y protagonismo?

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Hay que exorcizar los fantasmas de la violencia y ponerles los límites que la organización nacional otorgó, la Constitución, aunque haya quienes se aprovechen de ello no sólo desde una fuerza política que preferiría instaurar un esquema de "partido único" alimentado por múltiples facciones contradictorias, sino por gran parte del empresariado de siempre, ese que pase lo que pase, siempre cae parado.

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