Siete datos crueles de una sociedad mentirosa y una política con vocación no gubernamental

Una mirada analítica apalancada en el pesimismo, para tocar fondo y saltar hacia algo nuevo. La política, la democracia, la participación social, las "causas" populares y las tendencias artificiales.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

1- Apariencia de maquinaria de poder, vocación de ONG. Si no es para transformar, ¿para qué organizarse?¿Para frenar el avance? Hay una tendencia política -no solo en la Argentina- que en nombre de las libertades, prohíbe y pone cota mínima y máxima en torno a qué se puede decir y qué no en público. Y lo hacen hasta con leyes, en una nueva Inquisición que sacraliza por fuera de las religiones e imponen desde una moral sectaria que pretenden disciplinar a mayorías en torno a creencias de minorías.

Además, en algunas de sus caras, se presentan a elecciones y hasta gobiernan con el único objetivo de darle cosas a sectores, por tribus, de algún modo eligiendo y prefiriendo que sigan allí, sin integrarse al resto. Una atomización que facilita la dispersión. Un izquierdismo bobo que se autoconsume cuando logra lo que siempre le achacó a sus "enemigo": dividir para triunfar. Les abren el camino, bajo consignas dulzonas y fáciles de digerir, a los más grandes, contra quienes se plantaron a lo largo de la historia miles de luchas sociales para las que hacía falta estar convencidos de que la libertad era un objetivo común y, además, que solo se podía avanzar uniendo voluntades, no clasificándolas y arhivándolas en casilleros a atender caritativamente.

2- Revolución conservadora y reaccionaria. Quienes en esta época de se autoperciben como "progresistas" preferían que nada progrese. "Mejor, que la naturaleza haga su trabajo", sostienen tácita o expresamente con cada acto, pero con un condimento que los aleja de la humanidad: excluyen a los seres humanos de su condición natural, cyborgizando a todo lo pensante y, de algún modo, bregando por un mundo selvático y salvaje. Han adquirido ideas tan snobs, que de triunfar en su prédica (y en las elecciones) estarían facilitando todo lo contrario a lo que parecieran predicar, ya que en esa jungla que proponen ganará el más fuerte, el más rico, el más poderoso, el impiadoso.

Por otro lado, hay una confusión muy grande: se co funden rebeldías de ocasión para recolectar likes en las redes con "revoluciones". Ya no hay de estas últimas y, si es que debiera haberlas, la oportunidad está servida para que sea la refundación del empleo digno, de la rediscusión de la vida "útil" de las personas, el reconocimiento del los "séniors" post 55 años como capacidades experimentadas, de las tecnologías como herramientas de apalancamiento (y no muletas) de quienes sostenemos todavía sentimientos, entre muchas otras cosas.

3- Una democracia ludopática. Que cada quien haga las analogías que le parezca apropiada en Mendoza, Argentina o el mundo. Pero no es difícil descubrir que aquello que llamamos persistentemente y con nuestra habitual pulsión por repetir frases hechas como "el juego de la democracia", nos ha vuelto ludópatas. Y por lo tanto, aquellas reglas de aquel juego, aparecen burladas. Resumiendo: se compite por competir. Mejor dicho: para ganar. En todo caso, después se verá qué se hace con esos cargos obtenidos. Es aquí en donde la ciudadanía, el electorado, en definitiva, las personas que opinan y votan, se vuelven espectadores y apostadores en un casino de vanidades. Podrá argumentarse que "siempre fue así", pero ahora todo aparece como demasiado relativo.

4- Una grieta ejercida como mentira reglamentaria. La democracia es un derbi en el que los dos grandes equipos agigantan la sensación de rivalidad, aunque en camarines acuerdan que gane quien gane, nadie perderá. Es lo que se denomina en algunos ámbitos como "la casta". Los revisionistas de la izquierda creen que todo lo manejan los grandes monopolios de tecnología que entran casa por casa por medio del celular, los liberales sostienen que se trata de evolución y no de pactos espurios. Pero todos los que alguna vez tuvieron ideas para aportar y conformar núcleos de coincidencias básicas, están fuera. Ni siquiera los convocan para el arbitraje.

5- El ágora tecno. Los grandes jugadores se han convencido mutuamente de que se trata de que lo neodemocrático es "escuchar al pueblo". Las masas hoy generan necesidades, reclamos o proponen acciones en las denominadas "tendencias". Son los influencers quienes movilizan el ágora tecnológica, nunca tan participativo como hoy en día, pero a la vez, pocas veces -salvo con los movimientos fascistas, nazis, soviéticos o fascistoides- tan crueles. Hoy, a esas "plazas llenas" con la que los líderes creen que dialogan, pueden cambiar de opiniones en cuestión de minutos. Además, pueden levantar o "cancelar" a personas, dirigentes y quién sabe cuántas cosas más.

6- Nada. Quienes ganan la competencia política no tienen que hacer nada: los contrincantes han pactado que harán "lo que el pueblo les pida". Así hay gobernantes que justifican su inacción en que "si hago algo que a la gente no le guste, perderemos las próximas elecciones". Otros, directamente encuestan qué quieren que les repartan, y lo hacen justo antes de ser sometidos al escrutinio ciudadano en las urnas. Ya los líderes no son los que marcan rumbos a seguir, luego de haber repasado diagnósticos y proyectado propuestas, innovando y tratando de transformar la realidad positivamente, pensando en el futuro. Tal vez por eso se entretenga a la gente con mucho pasado en las agendas de debate, y se proponga un presente continuo.

7- Paliativos en lugar de soluciones. Una realidad ultraconservadora, cargada de una dosis de moral nunca antes vista desde la Inquisición, probablemente, y en la que la política le quita el rol complementario a la sociedad civil organizada. Ganan para ser organizaciones no gubernamentales y ofrecer paliativos y no para conducir, plano en mano, la extraordinaria construcción de un futuro que contenga a todos los sectores, tribus, cofradías, o como sea que nos llamemos en los próximos minutos como sociedad fragmentada a puntos extremos y, probablemente, de manera intencional.


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Más allá de nuestros deseos de triunfo, ¿quién creés íntimamente que ganará el primer partido de la Copa América?