Julio Itriago: "Pasar tiempo en una cárcel de Venezuela es vivir en el infierno acá en la tierra"

El abogado y preso político venezolano liberado de la cárcel del Tocorón relató el "secuestro" de las fuerzas de seguridad, las condiciones infrahumanas de detención en la cárcel y advirtió que la transición es una farsa.

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En medio de una profunda confusión política donde Nicolás Maduro enfrenta procesos en Estados Unidos y Delcy Rodríguez encabeza un gobierno cuestionado, Julio Itriago recuperó su libertad el pasado primero de enero. Sin embargo, su relato -brindado desde la clandestinidad en algún punto del oriente venezolano- desmorona cualquier idea de normalización. Itriago estuvo en la cárcel de máxima seguridad de Tocorón, el lugar donde "nació el Tren de Aragua", y su testimonio es una radiografía del horror.

El "secuestro" y el proceso viciado

Itriago fue detenido el 30 de septiembre de 2024 bajo acusaciones de "terrorismo, incitación al odio y resistencia a la autoridad". Según el abogado, esto fue "prácticamente un secuestro": "Me abordaron entre 10, 12 hombres fuertemente armados sin ningún tipo de identidad, me sacaron violentamente de mi vehículo".

Tras estar tres días incomunicado y sin alimentación en el CICPC, un tribunal de la zona sur de Anzoátegui declinó la competencia a Caracas, a un tribunal de control de terrorismo. "Allí el juez ordenó privarme de libertad durante 45 días que posteriormente se convirtieron en 15 meses y 2 días", relata. Para él, el sistema es una farsa: "En Venezuela no existe separación de poderes están a las órdenes del partido que gobierna aquí, que es el PSUV. Se invierte la carga de la prueba: primero te señalan que eres un delincuente y después intentan probarlo".

Tocorón: Hacinamiento, hambre y "bolsitas"

El paso de Itriago por los centros de reclusión -6 meses en Parque Carabobo y 8 meses y medio en Tocorón- describe un escenario dantesco. "La alimentación es terrible, no apta para el consumo humano, mejor comen los perritos de la calle y los gaticos de la calle que un preso político en Venezuela", denuncia.

Sobre la higiene y la privacidad, los detalles son crudos: "No hay baños, hay unos excusados donde tienes que hacer tus necesidades en bolsita, tienes que hacerlo delante del resto de los presos, los 50 hombres allí desnudos públicamente haciendo sus necesidades, orinando, defecando, bañándose". El descanso es inexistente: "Duermes sobre una lápida de concreto con un colchón extremadamente delgado que te maltrata la espalda y la columna vertebral".

Además, denunció la incomunicación sistemática: "Te permiten una llamada semanal que dura 3 minutos, pero te impiden recibir y sacar cartas y correspondencias escritas. La idea de ellos es mantenerte incomunicado la mayor parte del tiempo".

La política: entre Trump y María Corina Machado

Itriago no escatima críticas hacia la geopolítica actual. Aunque confía en que María Corina Machado establezca parámetros con Donald Trump en su próxima reunión, rechaza la idea de una tutela eterna. "Ellos (los norteamericanos) no tienen ningún tipo de autoridad para imponer aquí ningún presidente... tienen que respetar la voluntad de la soberanía popular del venezolano que se expresó aquel 28 de julio donde ganó Edmundo González con más del 70% de los votos".

Respecto a la intención de Trump de tutelar el gobierno de Delcy Rodríguez por un año, Itriago es tajante: "Aquí sigue gobernando el chavismo madurismo, se cortó la cabeza del régimen que es Nicolás Maduro, pero aquí se mantienen intactas las instituciones en manos del chavismo".

Una libertad vigilada

Hoy, Itriago vive "agazapado". "Tengo que andar en la clandestinidad porque todavía hoy en Venezuela existe una dictadura", explica. Su libertad es apenas un tecnicismo legal: tiene prohibición de salida del país y debe presentarse ante el tribunal mensualmente. "No se puede hablar de normalización y de transición política mientras existan presos políticos, mientras no exista libertad plena de expresión. Aún queda mucho por hacer", concluye, mientras espera que el reconocimiento de la voluntad popular ponga fin a lo que define como el "yugo" del PSUV.






El desgarrador testimonio de Julio Itriago, abogado y preso político liberado el 1 de enero. Denuncia torturas, falta de higiene en Tocorón y un sistema de justicia donde "se invierte la carga de la prueba".

Julio Itriago es uno de los nombres que hoy engrosa la lista de liberados en un proceso de "reciclaje" del chavismo que aún genera más dudas que certezas. Abogado de profesión, su cautiverio terminó el primer día de este año, pero su relato expone las vísceras de un sistema que define como una "dictadura" donde la separación de poderes ha dejado de existir.

El "secuestro" y los cargos

Itriago fue detenido el 30 de septiembre de 2024. Según relata, su captura no tuvo nada de legal: "Prácticamente eso es un secuestro". Mientras se dirigía a la fiscalía para atender a un cliente, fue abordado por "10, 12 hombres fuertemente armados sin ningún tipo de identidad" que lo sacaron violentamente de su vehículo.

Los delitos que se le imputaron fueron terrorismo, incitación al odio y resistencia a la autoridad. "Delitos que no han podido o no pudieron ni podrán comprobar nunca porque no existe elemento de convicción o ninguna prueba que sustente esa acusación temeraria", afirma con contundencia.

La indefensión jurídica

Para Itriago, el proceso judicial es una "mascarada" que se repite en los más de 800 presos políticos. "En Venezuela no existe separación de poderes... están a las órdenes del partido que gobierna aquí, que es el PSUV", denuncia. Además, explica un mecanismo de perversión legal: "Se invierte la carga de la prueba, es decir, primero te señalan que eres un delincuente y después intentan probarlo".

La imposibilidad de contar con abogados de confianza es otra de las denuncias clave: "No hay derecho a la defensa privada... el Estado te pone un defensor público que, por supuesto, es un empleado del Estado venezolano y no te defiende porque está más interesado en mantener al estatus quo".

Tocorón: el infierno por dentro

Tras pasar seis meses en la sede del CICPC en Parque Carabobo, Itriago fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad de Tocorón, lugar donde nació la banda criminal Tren de Aragua. Allí, asegura haber vivido en "condiciones infrahumanas".

"La alimentación es terrible, no apta para el consumo humano, mejor comen los perritos de la calle y los gaticos de la calle que un preso político en Venezuela", relata. La falta de higiene es total: "No hay baños, hay unos unos excusados donde tienes que hacer tus necesidades en bolsita... tienes que hacerlo delante del resto de los presos... bañarte delante de todos los presos, los 50 hombres allí desnudos". Sobre el descanso, describe un cuadro dantesco: "Duermes sobre una lápida de concreto con un colchón extremadamente delgado que te maltrata la espalda". Su conclusión es lapidaria: "Vivir en una cárcel en Venezuela es vivir en el infierno acá en la tierra".

El factor Trump y el futuro político

A pesar de su liberación, Itriago vive en la "clandestinidad" en algún punto del oriente venezolano por razones de seguridad. "Todavía sigue la represión, la persecución y las arbitrariedades", advierte.

Respecto a la situación política y la intervención de Donald Trump, Itriago es escéptico ante la idea de un gobierno tutelado que no reconozca a los ganadores del 28 de julio. "Mucha incertidumbre, muchas dudas. Aquí sigue gobernando el chavismo madurismo". Sobre la posibilidad de que Trump no otorgue el poder a María Corina Machado o Edmundo González, Itriago es tajante: "Ellos no tienen ningún tipo de autoridad para imponer aquí ningún presidente... Tienen que respetar la voluntad de la soberanía popular del venezolano que se expresó aquel 28 de julio donde ganó Edmundo González con más del 70% de los votos".

Para Itriago, la transición es una ilusión lejana: "No se puede hablar de normalización y de transición política mientras existan presos políticos. Yo estoy encarcelado, pero todavía tengo que ir a presentarme al tribunal cada 30 días".

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