Giacobbe: "La pandemia se puede llevar por delante a toda la política"

El analista político Jorge Giacobbe dio cuenta de los números de su última encuesta. Cuánto tiempo más se aguanta la cuarentena y cómo se ha ido deteriorando la imagen de los gobernadores producto de la crisis por la pandemia. Los gráficos.

G. Conte y S. Montiveros

El último estudio de opinión pública realizado por Jorge Giacobbe da cuenta de una "negativización" de la sociedad. Aquellas posturas paternalistas que fueran tan valoradas en el Presidente y los gobernadores al inicio de la pandemia, ahora estalló: la sociedad se muestra cansada de la cuarentena, pero además, se ve afectada económicamente. Pide cosas que no se pueden conseguir y la dirigencia no administró el capital de respaldo que tuvo al inicio de esta etapa especial.

Así, se ha vuelto a politizar todo, inclusive en un anticipo de lo que puede ser la competencia electoral legislativa del año que viene.

Giacobbe analizó los datos de su estudio, en donde se cae el respaldo al Gobierno, pero alerta que no se trata sólo del Presidente, sino de toda la política, y suma a gobernadores e intendentes.

Además, consideró que la polarización devuelve al kirchnerismo a su núcleo fanático y le quita el respaldo que consiguió al confundirse con la unidad de imponer a Alberto Fernández como candidato presidencial. "Lo de Vicentin fue un error, como lo fue la liberación de presos" y varias cosas más, puntualizó.

Advierte que, finalmente, aquí y en cualquier punto del planeta "van a surgir nuevos liderazgos" a partir del choque de la dirigencia política con las consecuencias de la pandemia.

- ¿Hubo un rebote tras el respaldo masivo que parecieron recibir los gobernantes en el inicio de la pandemia y la cuarentena?

- Hay un rebote. Al principio de la pandemia, Alberto Fernández tenía un 38% de imagen positiva y es ese momento en donde él se pone en este rol de padre protector. Había una opinión pública en la que se sostenía solo esa posibilidad que era la de la salud y el gobierno encuentra un buen lugar donde pararse. Alberto en ese momento crece 30 puntos de imagen positiva en las encuestas. De 38 se va a 68. Un ascenso brutal. Pasan los 15 días, y después empieza el desgaste. El desgaste tiene dos cosas: por un lado, los errores propios del Gobierno, iniciados por esa conferencia de prensa en la que Alberto se pelea con todos los empresarios, les siguen los jubilados yendo masivamente a los bancos y luego con Moyano, los sobreprecios a las compras de las cosas y ahora, el debate por Vicentin. Baja primero 8 puntos, después 7, después 5, después 2 y ahora 1 más, y ya perdió 23 de los 30 puntos que había subido.

Por otro lado, hay que considerar que ese desgaste se hubiera dado aun sin los errores del Gobierno, ya que se empezó a extender demasiado la cuarentena y eso se hubiera comido los prestigios de Alberto y de todos los políticos, de igual manera.

Me refiero a que una cuarentena como la que estamos viviendo implica un esfuerzo enorme y como en todo esfuerzo, cuando cruzas la línea del umbral del dolor, te empezás a fastidiar. Es como hacer una dieta o dejar de fumar: la primera semana es fácil, la segunda se pone medio complicado, en la cuarta semana te levantás a la noche y atacás la heladera. Alberto hoy está en 45 puntos de imagen positiva, está a la baja, y empezó a crecer su imagen negativa.

- ¿Cómo se fue dando el cambio de opinión en la gente?

- No todos lo están sufriendo por igual, porque desde ese primer momento donde los argentinos solo querían salud y el Gobierno se puso en una posición donde parecía ser que daban salud, había un momento de amor, donde se juntaba la necesidad con la oferta. Después apareció la economía y luego, una necesidad psicológica. Seguidamente, creció también el clima electoral, entonces todos se metieron en la grieta y comenzaron a pelearse entre sí. Entonces, la opinión pública empieza a retraerse hacia las posiciones de la época de elecciones, sobre todo en las presidenciales. A partir de eso, a los Kicillof, o a las Cristina, les empieza a quedar solo un núcleo duro.

También la opinión pública se puso más compleja. Al principio teníamos una sola necesidad y ahora tenemos tres. Si tomáramos solamente la discusión entre salud y economía, hay un punto importante que hay que entender: no hay una parte de la población que quiere salud y otra que quiere economía, hay una parte enorme de la población argentina que quiere las dos cosas a la vez, y las dos cosas a la vez son imposibles. Entonces, vas a generar la irritación de una parte de la población. Esto no estaba al principio, empezó a crecer después.

- ¿Cuánta más cuarentena es tolerable?

- Aproximadamente un 60% de los argentinos dijo desde el principio que su economía no soportaba otro mes de cuarentena. Aquellos que nos bañamos y comemos todos los días y pensamos en los efectos de la economía para mañana, tenemos que entender que para el 60% de la población 'el día después' fue ayer, y que no aguantan más. Entonces hay que entender que la gente está angustiada por las cuestiones económicas.

- ¿Vicentin fue una discusión introducida a fin de polarizar el pensamiento ideológico o porque realmente era necesario tomar cartas en el asunto?

- A mí me parece que la discusión por Vicentin, tanto como la discusión de la liberación de los presos, son dos errores estratégicos y en los dos recibieron el rechazo de la opinión publica. En el caso de Vicentin está un poco más balanceado, hay un 34% de opinión publica que está a favor de la expropiación de la empresa y 47% en contra. Pero la discusión por la liberación de los presos era un 7% a favor y 93% en contra. Entonces me parece que Alberto en algunas oportunidades, mete los dedos en un enchufe a 220 y los saca. Esto también marca una diferencia importante de cuál es su estructura psíquica en comparación con la de Cristina. Cristina cuando mete los dedos en el enchufe y le da 220, ella dice: '¡Pónganme 440 porque me da cosquillas!'.

- ¿Alberto pone los dedos en el enchufe por sí mismo o es Cristina quien los manda a meterlos allí?

- Cristina no quiere gobernar, y eso está claro. Y no es que lo diga yo, lo dijo ella, en el Instituto Patria, una semana antes de elegir a Alberto como candidato a presidente.

- ¿Está seguro? De los más de 7 mil cargos de la planta de funcionarios, la mayoría parecen responderle a ella...

- Cristina no es que no quiere mandar. Ella lo que no quiere es ser presidenta: no quiere comerse los cachetazos de lo que viene. Ella sabía -como sabíamos todos- que a cualquier presidente, post Macri, lo que le iba a tocar era un desastre, antes del coronavirus, no iba a estar la guita para calmar todas las angustias sociales que había en la calle. Entonces, la idea de Cristina era asumir el poder, para no ir todos presos, pero no gobernar para no detonar el capital simbólico de lo que se terminó contando como la gestión kirchnerista para el 35% de la población que la ama. Y la jugada, en términos políticos, fue perfecta. Si vos me preguntas a mí, yo creo que ella no quiere que a Alberto le pase nada.

- ¿Qué es lo que más sorprendió de la última encuesta?

- Me parece que es interesante ir viendo cómo hay una opinión pública que no tiene muy en claro qué es lo que quiere, o que quiere dos cosas a la vez que son contrapuestas. Si hay una población en este estado de confusión, nunca vamos a poder calmar a todos y va a ser un camino tortuoso, y así, no se puede gestionar bien, no hay comunicación que lo resuelva. Y lo segundo que hay que ver, es que frente a la inoperancia de los políticos argentinos, lo que crece es el clima electoral, y la opinión pública se retrotrae a las posiciones con las cuales ejercimos en las últimas elecciones presidenciales. Volvemos a la grieta.

- Los analistas económicos dicen que tras la emisión descontrolada de pesos viene una inflación de tres dígitos que se puede llevar por delante a toda la dirigencia política, con un nuevo "Que se vayan todos". ¿Quiénes podrían emerger?

- Yo coincido con que la crisis del coronavirus se va a llevar por delante a porciones enormes del sistema político en todo el mundo. En Argentina en particular nos van a quedar un 15 o 20% más de pobres, un 20% de indigentes, un nivel de inflación enorme y un gobierno que no va a tener todos los recursos para calmar las angustias sociales. Si la opinión pública argentina es una máquina de picar carne política hace 30 años, ahora va a ser feroz, entonces va a abrir muchas posibilidades para esos que están en segundas o terceras líneas.

Algunos datos del último estudio de Giacobbe:

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