Bautista Gargantini: entre el viñedo más grande del mundo, la política y la pasión "leprosa"

Gustavo Capone se pone en esta nota de pie ante uno de los protagonistas del progreso económico, educativo, social, cultural y deportivo de Mendoza, con epicentro en Rivadavia: los Gargantini y su aporte, también a la política.

"En la noche del júbilo o en la jornada adversa /exalta la alegría o mitiga el espanto / y el ditirambo nuevo que este día le canto. / Otrora lo cantaron el árabe y el persa / Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia / como si ésta ya fuera ceniza en la memoria". Podría ser una glosa de nuestra insigne fiesta de la vendimia. En el fondo un "ditirambo" es sinónimo de las específicas composiciones poética con la que autores de Grecia Antigua homenajeaban a Dionisio.

Pero no es un texto vendimial. Corresponde a las dos últimas estrofas de "Soneto al vino" de Jorge Luis Borges. Valió para griegos, también para persas y árabes; vale entonces para introducirnos al apasionante mundo de aquellos inmigrantes, como Gargantini, que llegados a Mendoza sobre finales del siglo XIX pudieron fusionar el creativo bagaje indio y criollo con la tenaz pasión del que vendrá a forjar un lugar en América.

Bautista Gargantini.

La historia de los Gargantini es otro buen motivo para mostrarnos "el arte de nuestra propia historia mendocina", adecuando convenientemente (a riesgo de ser imprudente) aquel genial soneto de Borges. Y no solo porque Gargantini sea sinónimo de vino y Mendoza. Más profundo aún; nadie podría negar la directa relación que existió (existe) entre aquellos bodegueros, sus emprendimientos productivos, el lugar de asentamiento de sus primeras viñas y el compromiso cultural con los trabajadores.

Esa "vecinalidad" sigue siendo una nota distintiva de Mendoza, y Gargantini reflejará una buena síntesis de aquella Mendoza que desde lejanos tiempos ya se abrirá al mundo sin descuidar un apéndice sus sensibles raíces locales.

Como escribió Jaime Correas en su colección "Historias de Familias" (1992) refiriéndose a Bautista Gargantini: "(...) su vida había sido una aventura guiada por la pasión de vivir. Sus episodios forman parte de la épica más intensa de Mendoza".

Desde la colina de oro a fiambrero

Gerónimo Gargantini.

Y desde allá vendrán los Gargantini. El precursor en llegar a Argentina fue Gerónimo Bautista Gargantini (1861 - 1937), nacido en "Collina d'Oro", una comuna suiza del cantón del Tesino situada en el distrito de Lugano, caracterizado lugar donde se parla en italiano más allá de su raíz helvética.

Los Gargantini serán personas de "molto lavoro". Bautista Gerónimo en su adolescencia trabajó como albañil y pintor. Era hijo de Pietro Gargantini, agricultor y destacado militante social y político del Partido Liberal.

"El precursor" Bautista Gerónimo tuvo tres hermanos (Giovanina, Luís y Francisco), y todos buscaron su futuro en el extranjero en pos de mejores alternativas.

Llegó a Buenos Aires en 1883 y desde el mismo puerto capitalino se dirigió a Mendoza. Trabajó un tiempo como albañil. Luego aprovechando conocimientos "mamados" en su lugar de origen fue vendedor de fiambres y embutidos en el Mercado Central de la Ciudad. Se convirtió simpáticamente en "el tano de los salames y los quesos". Empezó con mucho trabajo, pero indudablemente su futuro no estaba entre los mozzarella, parmeggiano, provola o ricotta. Y si bien aquellos "formaggi fatti con la ricetta della nona" eran muy solicitados (ayer y siempre) su camino surcará otro derrotero.

La delantera: El presidente, el gobernador, Giol, Toso y Gargantini

Tuvo suerte; al poco tiempo de llegar a Mendoza se relacionó con la colectividad italiana, surgiendo así, junto a otros inmigrados (Juan Giol y Pascual Toso) la idea de iniciarse en el rubro que también incursionaron sus antepasados: la elaboración de vinos.

Montoneros y vitivinicultura: los secuestros de 1974

La primera sociedad de Gargantini fue con Pascual Toso (1890) e inmediatamente se sumaron también Juan Giol y otros hermanos de Toso. El azar quiso también que la relación comercial girara en un lazo familiar, pues en pocos años Giol y Gargantini, pasaron a convertirse en concuñados (contrajeron matrimonio con las hermanas Bondino: Margarita y Olivia).

Causas y circunstancias comunes seguramente empujaron aquel desarraigo y compondrán un lazo fuerte a la hora de encarar un desafío. De ahí también las alianzas (comerciales y afectivas) como forma de reaseguro y contención.

Su primera bodega la tuvieron en Guaymallén (Mendoza) y al cabo de diez años ya ocupaban un lugar importante en la industria vitivinícola.

Los Toso optarán por continuar solos su camino, mientras que los concuñados "asociados" decidieron invertir en la compra de 48 hectáreas en Maipú. Desde ahí darán el gran salto.

Construirán una emblemática bodega. A tal punto creció la reputación de la sociedad "Giol - Gargantini" que el 23 de julio de 1910, recibieron en su nueva bodega de Maipú la presencia del entonces presidente de la Nación, José Figueroa Alcorta, y del Gobernador de Mendoza, Rufino Ortega (h).

"La firma" se agrandó: llegó a Rivadavia

La política de extensión empresarial los llevará a comprar propiedades en distintos puntos de la provincia. Uno de esas proyecciones será en Rivadavia.

La primera propiedad que la sociedad Gargantini - Giol compró en Rivadavia fue el 10 de julio de 1906. Pertenecía a Ramón Manen. El terreno adquirido comprendió una extensión de 1.922 hectáreas / 9.788 m2.

Bodega Gargantini en Rivadavia.

En mayo de 1910 la "sociedad" adquirió una segunda propiedad a Francisco Raffo (hijo de Fernando, aquel intendente de la Ciudad de Mendoza en 1889) de 3.098 hectáreas. Pero ya, un año antes, habían comenzado la construcción de la Bodega "La Florida del Medio", futuro destino del hijo de Gerónimo: Juan Bautista Gargantini.


Juan Bautista Gargantini, "el hacedor" (1891 - 1985)

Era el mayor de los hermanos varones, nacido en Mendoza el 11 de noviembre de 1891. Su padre lo envió a estudiar a Lugano (Suiza) donde recibió la instrucción primaria, para luego capacitarse en temas contables. En esa época de estudiante se las "rebuscará" vendiendo chocolates y fiambres, comenzando paralelamente a cimentar su nuevo vicio acompañando a su abuelo Pietro: la política. Este hecho marcará considerablemente su vida y será factor determinante en su concepción sobre la sociedad, el trabajo y la función pública.

Arquitectura y patrimonio de Rivadavia

Volverá a Mendoza a fines de 1910, encontrándose con la noticia del regreso de su familia a Suiza, habiendo dispuesto su padre conservarle solamente una propiedad. La ya nombrada "La Florida" de Rivadavia.

Bautista Gargantini se afincará en Rivadavia, y desde ahí genera un amplio polo de desarrollo cultural y económico hasta 1950 cuando decidiera dejar la dirección de la empresa bajo la conducción a sus hijos Alberto y Carlos.

La casa de Gargantini.

Desde ese voluntario corrimiento de la conducción empresarial observará como su "imperio" se desenvolverá hasta que fue vendido a la empresa española RUMASA en 1981, sin poder escapar de las generales de la ley, impuestas por el nuevo modelo económico que empezaba a imperar.

Capítulos y facetas sociales en la acción de Gargantini

El compromiso social de Bautista Gargantini con la comunidad rivadaviense fue grande.

Construyó una escuela en los terrenos de su propiedad, asumiendo el gasto del personal y todos los insumos materiales de maestranza.

Paralelamente, montó un comedor escolar para los estudiantes y fue dicha escuela una de los primeros colegios provinciales que contó con guardería infantil para los hijos de sus trabajadores.

Inauguró también una biblioteca, nutrida de libros de su colección particular y dispuso una casa para la directora y los maestros. Finalmente, la empresa construyó un nuevo edificio para 600 estudiantes inaugurado en 1948.

También contempló lo artístico, recreativo y una pionera escuela de oficios. En horarios vespertinos, tras la jornada de trabajo se desarrollaban en la sede escolar: talleres de danzas típicas, teatro y coro, como así también cursos de capacitación en cocina, corte y confección, peluquería, dibujo, pintura, plomería, dactilografía, etc.

Rivadavia y sus pioneras escuelas

En sintonía con todo esto, la empresa contaba con un taller mecánico y eléctrico, un taller metalúrgico, una carpintería y una herrería, donde trabajaban aproximadamente cien personas, más un cuerpo de sesenta toneleros estables, muchos de ellos surgidos de las capacitaciones sobre artes y oficios que la misma empresa brindaba.

La acción benefactora de Gargantini no se detuvo. Construyó además la capilla del lugar y la sala de "maternidad y de primeros auxilios" (1945) con capacidad para atender y alojar hasta treinta pacientes (convenio mediante con la Provincia de Mendoza por la cual se comprometía a pagar la mitad del personal), donde se destacaron los doctores Arnaldo Carrasco como médico director durante casi 25 años y Helios Suttora (médico bonaerense casado con Amalia Catena).

También la empresa abrió un comedor para los obreros de la firma que atendía aproximadamente 200 personas por día. Pero su obra más significativa en el área social fue la donación de terrenos a la provincia para la concreción de dos barrios con 300 casas para sus empleados: "Barrio La Florida" y "Barrio Rivadavia", generando un sistema de crédito y financiación entre los empleados y la firma Gargantini.

Además, extendió con recursos empresariales las líneas férreas entre Rivadavia (Ciudad) y la bodega con fines comerciales para el trasbordo a Buenos Aires, pero también con el objetivo de trasladar el personal entre el centro urbano y la bodega.

Donó una casa de su propiedad para que funcionara el Registro Civil y una comisaría en la zona de Los Campamentos.

Bautista fue un ferviente cultor del deporte rivadaviense. Fundó la actual institución vecinal "Club Gargantini", símbolo emblemático del lugar y campeón de fútbol en varias temporadas de la Liga Rivadaviense. Su hinchada era una de las más populosas. Sus equipos usaban los tradicionales colores de la camiseta argentina, y por esos tiempos de la década del '40 le tocaba terciar con los grandes del momento: Sport Club y Bernardino Rivadavia.

"Arriba la lepra"

Fanático futbolero; y con esto de tener el "corazón partido" (viviendo intensamente entre la ciudad capital de Mendoza y Rivadavia) se convirtió también en uno de los hacedores del club "Independiente Rivadavia", que en un primer momento se denominó Club Atlético Independiente (1913), y que tenía como antecedente directo al escindido Atlético Belgrano (el club de "los italianos").

Haciendo un poco de historia futbolera encontramos que en 1917 se constituyó la "Unión Mendocina de Fútbol" (fusión de la Federación Mendocina de Fútbol de 1913 y la Delegación de la Liga de Fútbol de 1916) con una fuerte presencia de dirigentes del "archirrival" Gimnasia y Esgrima, quienes sancionaron al Club Independiente.

Para sortear la sanción crearán un nuevo club, síntesis de la unión de Club A. Independiente y Sporting Rivadavia (club que también había fundado Gargantini), con el nombre de Club Sportivo Independiente Rivadavia, hecho que es rechazado por la Unión Mendocina, llevando la situación a romper con la institución madre del fútbol mendocino.

Los hechos sucesivos harán que se conformará una nueva asociación con un grupo de instituciones que apoyaban al club "azul": la "Asociación Amateur Liga Mendocina de Fútbol" (1921), encontrando a Gargantini como uno de sus impulsores.

Pero la política y el fútbol siempre se cruzaron. El nuevo agrupamiento tenía un fuerte sesgo "lencinista", y no dejó de ser un hecho político para la campaña a gobernador del año siguiente que llevaría a Bautista como vicegobernador de Lencinas.

Meses después, Gargantini logrará unir las asociaciones en discordia, dando lugar a la definitiva "Liga Mendocina de Fútbol" de la cual será fundador y futuro presidente.

La impronta de Gargantini fue determinante en la constitución del nuevo club. Más allá de la determinación concreta en la elección del "azul" para su camiseta y la complementación del nombre histórico: Independiente Rivadavia, agregaremos que a fines de 1922 el gobierno mendocino dispuso por Ley la cesión de los terrenos del Parque San Martín al Club Independiente Rivadavia. Todo se definió de un "plumazo", y siendo Bautista el vicegobernador, seguro tuvo mucho que ver.

Entre "burros" y corridas de toros

Su pasión también fueron los caballos. Socio del Jockey Club Mendoza y Jockey Club Buenos Aires, fue un ferviente seguidor de la hípica mendocina y nacional. En sus viajes siempre aprovechaba para acercarse a los grandes hipódromos del mundo. Propietario de "ganadores" caballos de carreras (importó padrillos y potrancas) y mecenas de distinguidos jockeys nacionales, además de poseer un stud en Rivadavia y en el hipódromo de Mendoza.

En el harás rivadaviense no solo criaban caballos de carrera, sino que albergaba a más de ochenta caballos para la actividad laboral y cientos de mulares para el acarreo de uva.

Garagntini fue también un apasionado por las corridas de toros. Rivadavia contaba por aquel entonces con una ordenanza municipal desde 1890 que autorizaba y supervisaba actividades lúdicas con animales. Y no solo había una ordenanza, sino que también existía la figura del "Juez Municipal de Canchas de Cuadreras, Reñideros de Gallos y otras actividades lúdicas". Por ende, el departamento poseía los argumentos formales para ser un polo de atracción para este tipo de manifestaciones populares.

Dichos encuentros se multiplicaron por décadas, sobre todo en tiempos de Gargantini como "Municipal" (1917) e "Intendente" (1918).

Pero un nuevo "hábito" se despertará en Rivadavia (muy propio del gusto de Bautista) como fueron las corridas de toros. Hecho inédito, no solo en la provincia, sino también en el país.

Son recordadas "las corridas" en conmemoración del aniversario rivadaviense de abril de 1922 (los domingos 16 y 23) organizadas por la Asociación de Socorros Mutuos. Obviamente, el evento contó con el apoyo del reciente electo intendente "lencinista", Cesar Ciuffini, y la estelar presencia del vicegobernador Bautista Gargantini, recién consumado su triunfo con Carlos W. Lencinas.

Empresa y política. El viñedo más grande del mundo y la relación con Perón

Seré muy breve. Ambos temas merecerán un capítulo puntual. Pero es imposible, en una breve semblanza sobre Gargantini obviar lo siguiente.

En el plano productivo, a los famosos vinos finos ("Colina de Oro", "Eminencia", "Russell", "Florida") y de mesa ("Gargantini"), debemos agregar la elaboración del champagne fermentado en botella ("Garré"), producto surgido por el asesoramiento de enólogos franceses contratados por Gargantini en 1948, hecho novedoso y significativo para la industria mendocina.

También la elaboración de Mistela, alcohol y vinagre de uva formaron parte de la producción del complejo industrial, destacándose también por el embasamiento de aceitunas y aceite de oliva llegando a contar con más de 120.000 plantas de olivo en 1960.

Pero, sin temor a equivocarnos, el orgullo más grande de la empresa era poder ostentar el título de tener "el paño de viñedos más grande del mundo" de más de mil quinientas cincuenta (1.550 has.) hectáreas plantadas de viña y parral. Un orgullo nacional que ostentaba desde sus fincas rivadavienses.

En política tuvo un extenso currículo. Lo sintetizaré. Fue un activo militante de la Unión Cívica Radical, intendente de Rivadavia, senador, vicegobernador y además de uno de los padres fundadores del "lencinismo". Pero hay una anécdota que cada tanto cobra vida. Fue cuando el mismo Juan Perón en 1946 lo invitó para que ocupará la primera magistratura mendocina como candidato a la gobernación de Mendoza por el Partido Laborista.

Gargantini y Perón se conocían personalmente desde 1941 cuando el militar fue designado Jefe de la Agrupación de Montaña Cuyo y permaneció en Mendoza durante dos años. En dicho tiempo habrían coincidido en varias reuniones personales e innumerables eventos sociales y deportivos (sobre todo, hípicos y boxísticos). Gargantini rechazará la propuesta en buenos términos aduciendo sentirse "demasiado radical". Perón en sus memorias comentará: "muy pocas veces en política fui rechazado, pero en muy poco tiempo dos grandes argentinos, dos personas de bien a los cuales valoro su intransigencia, me dijeron que NO: Amadeo Sabattini y Bautista Gargantini".

Nobleza obliga

El 18 de abril de 1984 el departamento de Rivadavia cumplía 100 años. Por ese entonces, Don Bautista vivía en Suiza. Debió haber sido la última vez que visitó Rivadavia. Morirá a los meses.

Fue invitado expresamente para el centenario por el intendente Héctor Arboit. Cuando concluyeron los actos formales por el aniversario me acerqué a saludarlo. La plaza aún estaba llena. Don Bautista se movilizaba en una silla de ruedas, había llegado en una combi blanca y era acompañado por su esposa. Le extendí la mano y brevemente ante su mirada pude decirle: "Don Bautista, mi abuelo Amadeo empezó a trabajar en su bodega de Maipú como obrero, allá por 1925. Y terminó jubilándose como jefe de toneleros en la Bodega de Los Campamentos en Rivadavia. Trabajó más de 40 años en su empresa".

Él me volvió a mirar, tomándome la mano, me dijo: "Gracias; cuánto le debemos a esa gente". Repetí lo mismo: "Y cuánto, mi familia le debemos a gente como usted".


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