Los retos que enfrenta Netanyahu a medida que se desvanecen las esperanzas de un cambio de régimen en Irán
Existe un nuevo y concertado esfuerzo por parte de los líderes militares y políticos de Israel para presentar la guerra contra Irán como un factor que ha transformado Medio Oriente, incluso aunque no se haya producido el cambio de régimen en Teherán que desea el primer ministro israelí.
Benjamin Netanyahu lleva décadas preparándose para este enfrentamiento con Irán, y su dilatada carrera política se sustenta en la promesa de defender a Israel frente a su némesis iraní.
Recientemente, tras haber aprovechado la oportunidad de librar una guerra directa contra el régimen de Irán junto al ejército más poderoso del mundo, el de Estados Unidos, la retórica de Netanyahu en torno a la guerra ha sido extravagante, al punto de describir la ofensiva como "una campaña decisiva para nuestra propia existencia".
El jefe del Estado Mayor del ejército israelí la ha calificado como "una operación para asegurar [...] el futuro en la tierra de nuestros antepasados para las generaciones venideras".
Y uno de los antiguos asesores de seguridad nacional de Netanyahu ha dicho que es "una oportunidad de oro para cambiar el rumbo de todo Medio Oriente".
"Benjamin Netanyahu sigue vendiendo una gran victoria", añade, y señala que Israel siguió hablando de la posibilidad de un cambio de régimen mucho después de que la administración Trump hubiera dejado de hacerlo.
Un cambio de régimen en Irán privaría a muchos de los enemigos regionales de Israel (como Hezbolá en Líbano o Hamás en Gaza) de la financiación, el entrenamiento y las armas iraníes, lo que podría transformar la seguridad de Israel.
Pero tras matar al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en un ataque aéreo, y hacer repetidos llamamientos al pueblo iraní para que aprovechara este momento para levantarse, Netanyahu ha dado a entender ahora que la guerra podría terminar con el régimen aún en pie.
El pasado 12 de marzo, en su primera rueda de prensa desde que comenzó la guerra, les dijo a los israelíes que la campaña de bombardeos ya cambió el equilibrio de poder en Medio Oriente a favor de Israel.
"Ya podemos afirmar con certeza: este ya no es el mismo Irán, este ya no es el mismo Medio Oriente, y este no es el mismo Israel", señaló.
Algunos en Israel interpretarán esto como una señal de que se le está pidiendo al país que ponga fin a la guerra, en un contexto en el que la espiral del alza de los precios del petróleo está presionando al gobierno de EE.UU. para que termine el conflicto.
El apoyo israelí a esta guerra se basaba, en parte, en la idea de que acabaría con las repetidas campañas contra Irán y sus fuerzas aliadas en toda la región.
Tras la última guerra contra Irán en junio de 2025, el primer ministro de Israel proclamó una "victoria histórica" que "perduraría durante generaciones", afirmando que había "eliminado dos amenazas existenciales": las armas nucleares de Irán, cuya búsqueda Teherán ha negado, y sus misiles balísticos.
Apenas ocho meses después, Israel volvió a la guerra -dijo Netanyahu- porque Irán estaba reconstruyendo rápidamente su programa de misiles y planeaba trasladarlo, junto con su programa nuclear, a las profundidades del subsuelo.
¿Habrá próxima vez?
La pregunta a la que se enfrenta ahora Netanyahu es: sin un cambio de régimen en Teherán, ¿cuánto tiempo pasará hasta la próxima ofensiva?
Fuentes militares afirman que los daños causados a los programas armamentísticos de Irán esta vez son mucho más graves que en ocasiones anteriores, ya que se han atacado las instalaciones de producción y sus mandos, además de los arsenales de misiles y los lanzadores.
"Parte de ello es permanente y parte es semipermanente", explicó el teniente coronel Nadav Shoshani, portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel y dijo que el objetivo militar es la eliminación de amenazas "durante un período prolongado".
El general de división Yaakov Amidror, exasesor de seguridad nacional israelí y miembro destacado del Instituto de Estrategia y Seguridad de Jerusalén, apunta que, incluso sin que los iraníes salgan a las calles, Israel puede alcanzar sus objetivos fundamentales dejando al régimen demasiado débil como para suponer una amenaza.
"Si pudiéramos lograr un cambio de régimen, eso cambiaría Medio Oriente. Pero conocemos nuestras limitaciones, no somos una superpotencia y debemos ser humildes en nuestras decisiones", expuso.
El corresponsal de Defensa de uno de los periódicos de mayor alcance de Israel, Yedioth Ahronoth, indica que fuentes militares anónimas informan sobre los primeros indicios de tensión dentro del aparato de seguridad iraní, "incluidas tensiones internas en la Guardia Revolucionaria y casos aislados de deserción".
Netanyahu ha sugerido que, tras haber creado las condiciones para un cambio de régimen, Israel podría ahora retirarse y esperar a que las presiones internas de Irán sigan su curso.
Pero para él existe un riesgo político si deja intacto el régimen.
El analista Neri Zilber considera que el peligro para Netanyahu es que sus grandilocuentes declaraciones sobre la "victoria total" contra la red de aliados de Irán en toda la región no sean más que palabras pomposas y vacías.
"Hamás sigue controlando aproximadamente la mitad de Gaza. Hezbolá está librando ahora una lucha mucho más intensa de lo que a mucha gente aquí se le había hecho creer tras el alto el fuego de 2024, y tras los ataques del pasado junio contra Irán, Israel y Estados Unidos se encuentran de nuevo en una guerra aún mayor contra Teherán", indica.
"Ahí es donde reside el peligro para Netanyahu: que sus promesas pasadas vuelvan para atormentarlo, y que incluso la campaña actual, librada a tal escala junto al ejército más poderoso del mundo, no logre en realidad los resultados que ha prometido al público israelí".
Guerras recicladas
Los conflictos sin resolver de Israel con Hamás y Hezbolá en sus propias fronteras son un claro recordatorio de las limitaciones del poder militar israelí, incluso tras el drástico cambio en la estrategia de defensa de Israel a raíz de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 en el sur de su territorio.
"Queremos estar en una posición a partir de ahora en la que ninguna bestia pueda crecer en nuestras fronteras", señaló el general Amidror.
"Debemos considerar las guerras preventivas como algo a lo que recurrimos cada vez que identificamos al otro lado de la frontera una bestia que se está volviendo poco a poco más fuerte".