Leé un fragmento de "El péndulo austral", de Dante Caputo

Un fragmento de "Un péndulo austral. Argentina entre el populismo y el establishment", de Dante Caputo, editado por Capital Intelectual.

Dante Caputo

Un péndulo austral. Argentina entre el populismo y el establishment

Capítulo 1 Por qué un libro así

Los comentarios y relatos de este texto dan mi visión de algunos problemas irresueltos de nuestro país. El método que elegí no es convencional. Cuento partes de mi vida, de lo que vi y ?quizás? aprendí, para mirar y entender cómo estamos y cómo somos.

Leé un fragmento de "El péndulo austral", de Dante Caputo

Desconfío del análisis de la política que suele hacerse bajo la invocación de un cierto carácter científico. La mayoría de las veces son ejercicios abstractos (no teóricos) y alejados de la realidad. Cuando se trata del alma de los hombres y de su lucha por el poder, la ciencia (más precisamente, el análisis teó- rico y sistemático) es una tarea reservada ?creo? a muy pocos. Considero que el esfuerzo de comprensión del fenómeno social solo adquiere sentido si es un instrumento de transformación. Como no se trata estrictamente ni de un arte ni de una ciencia, el estudio de la sociedad difícilmente alcance la belleza o la certidumbre. Por lo tanto, su mayor propósito, asentado en la búsqueda de la verdad, es la utilidad del conocimiento que produzca.

Sobre estas materias, es extremadamente difícil hallar una descripción pura, objetiva y con valor universal para discutir la evolución y el estado de las sociedades. Las personas que las forman no son partículas que están destinadas a trayec- torias ciertas, predecibles o calculables. Nuestras historias sociales y políticas son una misteriosa mezcla de pasiones, ignorancias, ambiciones, valores y búsquedas. Y, naturalmente, quienes intentan relatarlas también son la consecuencia de esos misterios azarosos.

El lector encontrará relatos de algunos momentos de mi vida, sobre todo, entre 1976 y 1989. 

El péndulo, como fondo de la tensión entre CFK y Milei

Esos segmentos biográficos son la visión parcial de acontecimientos que se desarrollaron en mi vida. No intentan dar cuenta completa de la realidad, describir la totalidad de los hechos ni ingresar en ellos con minuciosidad. No son un relato histórico de la entrada y salida en escena de personajes ni una explicación acabada de ciertos sucesos. En cambio, tienen ?espero? la razonable virtud de observar, evaluar y sacar algunos corolarios de lo acontecido, no a partir de una sucesión de juicios abstractos sino a través de la turbulenta realidad que me tocó vivir y que me formó.

Lo que para mí son hechos principales para otros quizás no lo sean. Digo esto para prevenir la objeción de que este es un relato incompleto. Ciertamente lo es, pero trae la versión y la visión vivida por uno de los actores de ese tiempo, en un conjunto de acontecimientos que ?creo? han sido decisivos en el proceso de construcción de una resistencia activa a la dictadura, en la elaboración de una estrategia de acceso al poder y, luego, en la definición de los objetivos y los instrumentos de ejercicio del poder en democracia.

Quizás, ya en este comienzo, haya quienes se interroguen si estas son memorias, recuerdos o reflexiones sobre la política. Estas no son memorias en el sentido de un relato de mi vida. Por lo pronto, porque me suenan funerarias y les siento un indeseable carácter testamentario. Además, si llegaran a pasar cosas nuevas, ¿qué habría que hacer? ¿Agregar anexos?

En segundo lugar, las rechazo porque tienden a situar en el centro de la historia a quien hace la crónica. Si hablo de mí en algún momento es para explicar cómo veo las cosas y por qué. La narración acerca de mi historia personal, de la mezcla en mis estudios de Carlos Marx y Tomás de Aquino, no es un relato de una persona, como hay tantas, que ha sufrido los vaivenes de una formación aparentemente contradictoria. Es porque me tocó desempeñar ciertas acciones y desarrollar ciertas decisiones en la vida pública de mi país. Lo que intento es explicar por qué hice esto y no aquello (algún crítico no muy ingenioso agregaría "y darnos una pista sobre el origen de sus confusiones").

No son memorias porque no soy el eje del relato. Son apuntes de acontecimientos que viví, describo y me ayudan ?y espero también a otros? a comprender lo que somos como sociedad. Los observados por otros podrían ser narrados de manera distinta. No pretendo que lo que aquí se cuenta sea una verdad absoluta. Es lo que vi, siendo como soy, para llegar a ser uno de los testigos de este gran juicio que es la historia de un país.

Tampoco son memorias en sentido estricto, porque ello limitaría el relato a lo que sucedió. En realidad, por lo menos en mi vida y en el campo de la actividad que a menudo me tocó desempeñar ?la política, las relaciones internacionales?, las cosas que no suceden son más importantes.

La firma del Tratado de Paz y Amistad con Chile de 1984 estableció criterios de límites, permitió la clausura de un tema que había durado 100 años y generó un sistema de resolución de conflictos. Pero lo más importante es lo que no aconteció: la guerra entre Chile y Argentina.

Entonces, si tuviera que escribir las memorias de las cosas realmente importantes, tendría que contar lo que no sucedió. Pero ¿cómo escribir lo que no pasó? Creo que ni Chesterton, maestro en el arte de presentar y angustiar al lector con las contradicciones del sentido común, resolvió esta paradoja.

Lo más importante de la política exterior que se desarrolló entre 1983 y 1989, nuestro objetivo primero ?que a la postre fue exitoso?, fue evitar que la Guerra Fría volviera a ingresar a la Argentina.

La guerra de los misiles nucleares nunca tuvo lugar. El enfrentamiento directo entre Estados Unidos y la Unión Soviética no se produjo. En cambio, las terceras guerras sí, en África, en Asia y en América Latina. No es casualidad que el fenómeno de las guerrillas y del terrorismo de estado se haya dado en muchos países latinoamericanos simultáneamente y con las mismas características. Era la expresión de la oposición soviético-cubana contra Estados Unidos.

En su momento, la Guerra Fría potenció a los movimientos insurgentes locales y al terrorismo de estado en nuestra región. Nunca unos y otros habrían tenido la dimensión que alcanzaron si nuestros países no hubiesen sido territorios de hostigamiento y combate de la "guerra caliente" que sí se libró aquí, entre nosotros.

Es incomprensible la historia de nuestros países periféricos si se ignora la permanente influencia del conflicto mundial. El primer objetivo de nuestra política exterior fue evitar que esa influencia determinara el curso de los acontecimientos polí- ticos en Argentina.

Durante décadas, las democracias habían sido sospechosas e inseguras, porque "vaya uno a predecir para qué lado votan las mayorías y con quién terminan aliadas en un mundo con la injerencia soviético-cubana siempre atenta a penetrar en nuestros territorios".

Los militares fueron la valla contra el comunismo, contra los movimientos sociales, contra las impredecibles opciones políticas de la libertad. Contaron con dos socios mayores:

Estados Unidos de América y las oligarquías locales. Videla y Onganía fueron dictadores que supimos concebir y otros supieron hacerlos crecer y engordar.

La seguridad continental, el hostigamiento soviético-cu- bano, las tiranías militares y las grandes transferencias inter- nas de recursos dirigidas por los socios e inspiradores de los militares construyeron una red de subdesarrollo y muerte en nuestro país.

El objetivo principal de la política exterior de la cual fui responsable bajo la dirección de Raúl Alfonsín fue que esa situación no se reprodujera en la Argentina. Si esto sucedía, volvía a nacer la necesidad, la justificación o la legitimidad de la presencia militar.

Por eso fuimos a La Habana en 1986 a discutir con Fidel Castro.

Algunos analistas o intelectuales, ignorantes de lo que pasó, criticaron esa decisión como una provocación inútil a Estados Unidos. Allí salvamos muchas cosas. Lo que se evitó que sucediera fue lo más relevante. Se impidió el regreso de la Guerra Fría a nuestro territorio. Imaginemos al coronel Aldo Rico multiplicado por cinco, reactivándose con la excusa de que la guerrilla marxista se quería apoderar nueva- mente del país.

Por ello, estas no son memorias en el sentido clásico, por- que se referirán a menudo a las cosas que no pasaron.

Finalmente, creo que los recuerdos deben tener un senti- do práctico. Recorrer algunos hechos y la manera en que se resolvieron puede ser útil para definir la forma de enfrentar los desafíos venideros para la Argentina.

En una memoria deberían estar contenidos los valores, las interpretaciones y las opciones de política que frente a determinadas situaciones nos han guiado y que quizás sirvan para el futuro. Son relativamente pocas las novedades que la historia ingresa en la contabilidad general de los hechos. Muchas cosas se repiten y son parecidas a las que tuvimos.

Soy pasible de la objeción de construir un relato entrecortado, con idas y con vueltas. Mi intención es transmitir cómo un hecho se refiere a otro, se vincula con un recuerdo o con un desafío para mañana.

Por eso las idas y las vueltas, los flashes sobre el futuro, la utilización de lo sucedido para imaginar lo que vendrá y la reivindicación de algunas cosas del pasado que no han sido suficientemente dichas y que podrían ser usadas como herramientas para desbloquear los atolladeros que nos siguen desvelando.

Me crucé con las historias que siguen e intervine en ellas.

Extraigo de ellas lo que ?espero? pueda servir.

Índice del libro

Agradecimientos 9

Capítulo 1

Por qué un libro así 13

Capítulo 2

Cómo un historia sencilla y algo contradictoria

formó mis creencias de toda la vida 19

Capítulo 3

La dictadura. Cómo algunas ideas simples ayudan

a cambiar realidades complejas 37

Capítulo 4

La audacia y la construcción del poder democrático 69

Capítulo 5

La política exterior, una parte de la política 91

Capítulo 6

Breve discusión sobre el poder, del cual dependen

los triunfos y los fracasos 119

Capítulo 7

Globalización y alineamiento automático 145

Capítulo 8

Sin poder y sin dinero, la fórmula del fracaso 163

Capítulo 9

Conclusiones para el presente 189

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