Talk show electoral: la política en Mendoza se vuelve "El Club de las Divorciadas"

La construcción política mendocina, basada en las rupturas partidarias y los cobros de viejas y nuevas facturas a sus anteriores "amores" partidarios. Valga la sátira para analizar la realidad de "la rosca" que nos dará a los representantes que ingresarán a cargos legislativos en todos los niveles.

Se difunden aspectos negativos de unos y otros por whatsapp. Anticipan que habrá detonadores de graves denuncias en adelante. Se amaron, pero no se toleran y si se ven, o si a uno le preguntan por el otro, se desfiguran mientras lanzan maldiciones. 

Es que la política en Mendoza está construyendo acuerdos sobre la base de los desacuerdos internos. Los grupos políticos, en muchos casos, no llegan a constituirse en partidos políticos sino que se mueven en forma atomizada de tal modo que la calificación consuetudinaria de "fuerza" no les cabe: no la tienen. De allí que deben juntarse con otras, como si se tratara de una versión institucional del talk show "El Club de las Divorciadas", al que llegan contando sus lamentos y alguien les ofrece el abrazo balsámico y las suma a su propio núcleo, canalizando su bronca contra el otro en un frente electoral.

Pueden o no llevar candidatos. Parece no importar tanto. Pero sí ponen toda esa energía acumulada por desamor en motorizar no tanto el triunfo del grupo propio, sino la derrota de su ex.

Sesentizándolo todo, una vez más: la persistencia histórica de la sadopolítica

Matrimonio no consumado. La ley estipula (y hasta el Código Canónico de la iglesia católica lo considera), que si los recién casados no consuman el matrimonio haciendo el amor en un tiempo prudencial después de dar el "sí", ese contrato matrimonial puede darse por nulo y romperse. Pues eso dijo que pasó Gustavo Gutiérrez en la relación de la Coalición Cívica - ARI con Cambia Mendoza. Algo así como que "han pasado seis años y ni una caricia, ni una palabra al oído, ni un gesto de afecto hemos recibido". Y se fueron. Eso sí: conservan dentro de la casa abandonada algunos bienes preciados, como el PRO, del que aspiran a que pronto recapacite y siga su mismo camino.

Una historia de infidelidades. Las máscaras pueden resultar parte de la fantasía que alimenta el fuego que une. Pero no fue así para Protectora. Arrancó enérgicamente un camino por la cornisa de las relaciones, al armar una relación cuyo exceso de amor ya daba de qué sospechar, y que se presentó con la careta del Partido Intransigente. Pero a poco de andar, cada uno mostró su verdadero rostro: con José Luis Ramón, Protectora pasó de ser una ONG más a un partido con apetito político; orando, uno de sus productos electorales se constituyó en MasFe del pastor Héctor Hugo Bonarrico, probablemente el que tenía más convicciones en torno a que la unión era para siempre. Otros, Mario Vadillo y Marcelo Romano, se pusieron Verdes de bronca cuando vieron flirtear con el peronismo a su entonces jefe de familia y se fueron, no sin antes golpear varias puertas para ver quién los adoptaba, descorazonados. Y la gran familia que había tenido hijos en los municipios vieron a los chicos volverse rebeldes en Las Heras, con partido propio y en Guaymallén y Luján, sumándose a Cambia Mendoza, mismo camino que siguió el único legislador del PI, aunque el PI se fue al Frente de Todos sin decir adiós. No era poliamor, sino una fiesta swinger que terminó mal.

"No te soporto más". Le pasó a Carlos Iannizzotto, quien un día se levantó y se desafilió del PJ en el que había militado toda su vida y, si bien un divorcio no forma parte de sus convicciones personales, fundamentó su decisión en la necesidad de blanquear una incompatibilidad de caracteres y pareceres para siempre. De tal modo, empezó a buscar nuevas formas de convivencia, pero exigente, pedía 100% de compatibilidad con él y eso es mucho pedir en una sociedad tan diversa. Así es que se embarcó solo junto a otros en igual situación y gritan su libertad a los cuatro vientos. "Dios nos ayudará", se consuelan los unos a los otros en la misma barca.

Crisis reincidente, con bipolaridad afectiva. Quienes requieren más que de las certificaciones de la Justicia Electoral, de un Tribunal de Familia y un equipo de intervención multidisciplinario para comprender la dimensión y alcances de sus múltiples rupturas y reencuentros es el Partido Demócrata. Su vida más reciente habría causado angustia a sus antepasados acomodados, si estuviesen vivos aun. Conservadores, promilitares, liberales, culposionistas (hasta algunos pidieron perdón por su apoyo a la dictadura), pasaron a ser populistas que llevaron a Alberto Rodríguez Saá de presidente. Es que vendieron las joyas de la abuela, se le dispersaron los hijos y aquellos más creyentes en su propia fe se volvieron hippies, juguetearon por todos lados, probaron todo lo que había disponible para comprar (o alquilar, siquiera) la felicidad, y ahora vuelven a la casa con poco y nada en su haber. Una historia típica de familia adinerada de principios de siglo en la que los prohombres dejaron tanta riqueza, que sus hijos y nietos no necesitaron trabajar. Lotearon las fincas y ahora están tratando de ver cómo volver a sustentarse. Intentan hablar y son los bisnietos revoltosos del MedoExit y lo que queda del divorcio libertario lo que los anima. Se dan fuerza. "Vamos...! Vamos..!, agitan y esperan poder reconstituirse, no sin antes dejan clavada una espina en Cambia Mendoza para que el hijo pródigo, Omar de Marchi, consiga lugar para todos en 2023.


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