The New Yorker: La producción de vino en California "se hace humo"

Un artículo de The New Yorker advierte que los incendios forestales y el humo asociado están transformando la industria vitivinícola. El fenómeno conocido como smoke taint -contaminación por humo en las uvas- ha provocado pérdidas millonarias y motivado investigaciones científicas para proteger cosechas en regiones clave del mundo.

Los incendios forestales, cada vez más frecuentes e intensos por el cambio climático, están afectando no solo la superficie de bosques y comunidades rurales, sino también cultivos emblemáticos como los viñedos, amenazando la producción de vino en regiones productoras tradicionales de Estados Unidos, Europa y el hemisferio sur. 

Un reciente artículo de The New Yorker examina cómo este fenómeno pasó de ser una preocupación secundaria a convertirse en una amenaza estructural para la industria vitivinícola mundial. Fue redactado y firmado por Nicola Twilley, quien es una colaboradora habitual de la prestigiosa revista estadounidense y conductora del pódcast "Gastropod". Entre sus libros se destaca "Frostbite: How Refrigeration Changed Our Food, Our Planet, and Ourselves" ("Frostbite: cómo la refrigeración cambió nuestros alimentos, nuestro planeta y a nosotros mismos").

El problema central abordado no es solo el daño físico que el fuego pueda causar a las plantas, sino el humo que impregna las uvas durante períodos críticos del crecimiento y la cosecha. 

Clic aquí para leer el artículo original en The New Yorker.

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Este humo contiene compuestos volátiles -como guaiacol y 4-metilguaiacol- que las uvas absorben y que, aunque no alteran el sabor de la fruta cruda, se liberan durante la fermentación, dando lugar a vinos con sabores descritos como ásperos, cenicientos o "a cenicero". Este defecto, conocido en la industria como smoke taint, ha arruinado cosechas enteras y representado pérdidas multimillonarias. 

Cosechas perdidas y efectos económicos

Una de las temporadas más devastadoras ocurrió en 2020 en la costa oeste de Estados Unidos. Más de ocho millones de acres se quemaron en doce estados, y la contaminación por humo obligó a muchos productores en California y Oregon a renunciar a sus cosechas o a producir vinos que no pudieron venderse. The New Yorker recupera testimonios de viticultores que describen cómo, tras semanas de humo continuo, su producción se volvió "ruined" -es decir, prácticamente inutilizable. 

El fin de la Mendoza tradicional: entre el ocaso del vino y la falta de un plan B

El impacto económico fue profundo: se estima que solo esa temporada significó pérdidas por cerca de $4.000 millones para la industria vinícola de California, incluyendo frutas no cosechadas y vino que quedó fuera del mercado.

En Chile, ritmos similares de incendios han afectado zonas productivas del Biobío, Ñuble y La Araucanía, donde el "vino ahumado" ha generado preocupación entre productores y distribuidores, y ha impulsado investigación local sobre la presencia de compuestos como guaiacol por encima de los umbrales sensoriales aceptables. 

El desafío científico: entender y mitigar el smoke taint

Frente a esta situación, científicos y enólogos de universidades y centros de investigación de Estados Unidos, Europa y Australia han intensificado sus esfuerzos para comprender los mecanismos del smoke taint y buscar soluciones. Un grupo de investigación conocido como "smoke to glass", liderado por expertos de Washington State University, Oregon State University y UC Davis, ha trabajado en experimentos controlados para exponer vides al humo y estudiar cómo esos compuestos se incorporan a la uva y afectan al vino.

Estos estudios han demostrado que el problema no es trivial: las uvas pueden tener compuestos de humo sin mostrar señales externas, pero durante la fermentación liberan moléculas que alteran profundamente el perfil sensorial del vino. Tampoco existe por ahora una solución única y escalable para proteger las uvas mientras están en la vid, aunque se exploran técnicas como recubrimientos protectores en las hojas o sprays que actúen como barreras físicas, así como métodos en bodega que intentan separar o reducir compuestos indeseables en el mosto. 

¿El fin de una era o el nacimiento de una nueva vitivinicultura?

Investigaciones complementarias sugieren que el riesgo disminuye con la distancia de los viñedos a los incendios, y aunque se están estudiando umbrales seguros, el humo de incendios naturales puede afectar uvas hasta 15 kilómetros o más del foco del fuego en condiciones ventosas. 

¿Una nueva identidad para el vino?

Curiosamente, algunos estudios recientes indican que existe un segmento de consumidores que no considera negativamente los perfiles ahumados e incluso puede sentir afinidad por vinos con notas marcadas por humo, lo que abre la puerta a estrategias de marketing y etiquetado específicas para vinos "afectados por incendios"

No obstante, para los productores tradicionales de varietales finos -como Cabernet Sauvignon, Pinot Noir o Sauvignon Blanc- cualquier indicio de humo suele disminuir el valor de mercado y complicar la viabilidad económica de una temporada de cosecha. 

Adaptación y futuro del sector

Ante estos desafíos, algunas bodegas están explorando diversificación de fuentes de uva, sistemas de monitoreo del aire y prácticas de manejo de viñedos que reduzcan la exposición al humo. Estudios sugieren que ampliar la red de viñedos puede mitigar pérdidas, ya que si una zona resulta afectada, otras pueden proporcionar fruta limpia. 

Vitivinicultura: ¿crisis similar a la de 1980?

A nivel global, los expertos coinciden en que la amenaza de los incendios y el humo representa un riesgo estructural a largo plazo para la vitivinicultura, que combina efectos climáticos, económicos y tecnológicos. La capacidad de adaptación del sector -desde la investigación científica hasta la innovación en campo y bodega- será clave para enfrentar un escenario en el que los incendios forestales ya no son eventos excepcionales, sino parte de la nueva normalidad del clima. 

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