Marcha

La impericia de los que "no la vieron"; la caradurez de los que robaron escenario

Confluyeron broncas y malos entendidos, pero el mensaje fue fuerte y contundente. Invita a replantear la educación, que ya venía mal desde antes de Milei.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

La marcha de la bronca universitaria fue un mensaje fuerte, pero nutrido de muchos micromensajes particulares de quienes tuvieron diferentes motivos para movilizarse y lo catalizaron con la protesta por el recorte al presupuesto universitario.

Mucha gente que votó por Javier Milei estuvo allí y también, todos los que quisieron que ganara otro candidato a la presidencia. De hecho, Sergio Massa se exhibió con su hijo que jamás pisó un establecimiento educativo estatal y él mismo -como muchos de los suyos, en Mendoza y el país- se mostraron distraídos de sus propias embestidas contra el sistema educativo y el fracaso evidente en los resultados de la escuela primaria y secundaria.

La marcha fue producto de que el gobierno "no la vio". Basureó a los rectores de las universidades con un funcionario que ayer no dio la cara, como es Alejandro Ciro Álvarez, el secretario de Política Universitaria que no es otro que el hijo del legendario Gallego Álvarez que fundó la agrupación peronista "Guardia de Hierro" y producto de tal generación de ideas, inclinado ahora en forma oportuna al mileísmo carente de equipos de gobierno y despelotado a la hora de resolver problemas, muy embrollados en cosas ideológicas.

En el escenario, se vivió un acto de los que perdieron la elección, aunque las calles fueron para una corriente transversal de gente que se tomó a pecho el alarde fundamentalista de muchos militantes de Milei que desprecian lo estatal, incluyendo a la educación, y que tuvieron su respuesta en cuerpos movilizados y no en algoritmos invisibles.

No tenía nada que ver que una madre de Plaza de Mayo recordara que "perdimos la elección". Tampoco un pedido de juicio político al Presidente que planteó Adolfo Pérez Esquivel, por citar dos ejemplos de cómo se aprovecharon e intentaron apropiar de la gran marcha.

En el medio, la gente que simplemente defendió a la Universidad libre y laica que platearon los que sí fueron verdaderos próceres liberales y que defendieron los que sí fueron verdaderos intérpretes de las ideas del progreso. En los extremos, los exagerados intérpretes deformistas de los que crearon y sostuvieron el sistema educativo.

Queda como dato cierto que no hubo movilización por el abandono de las aulas que tienen los chicos en la Primaria, ni por la incomprensión de lo que leen que acredita la mitad de los que egresan de la Secundaria. Tampoco, un compromiso porque un estudiante universitario respete el esfuerzo del Estado y se gradúe en tiempo y forma y no tras más de una década de uso del sistema, demasiadas veces en vano porque no logran acreditar el título o no se aferran a los conocimientos.

Está mal la educación desde antes de que llegara Milei al poder. Y ahora, está mal que toda acción de gobierno resulte de una porfía ideologizada al extremo, a tal punto de enceguecerse y embestir. El Gobierno, como le gusta decir sobre los demás, "no la vio". Y los que perdieron la elección tampoco se dieron por notificados de que no se los quiere en el poder.

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