Economía

Milei, entre el dólar planchado y el fantasma de la estanflación

El peso lidera el ranking global con una apreciación del 6,16% frente al dólar en lo que va del año. La fortaleza cambiaria ayuda a contener la inflación, pero complica la competitividad, con empleo y salarios aún en retroceso.

La economía argentina vuelve a transitar una zona de tensión. La acelerada apreciación cambiaria de los últimos dos meses y la debilidad de la demanda interna configuran un escenario complejo para la gestión de Javier Milei, con riesgos para la competitividad y señales todavía frágiles en materia de empleo y poder adquisitivo.

En lo que va del año, el peso encabeza el ranking mundial de monedas con una apreciación del 6,16% frente al dólar, por encima incluso del real brasileño y del dólar australiano. Este fortalecimiento ayuda a moderar la inflación, pero encarece los costos en dólares y afecta a los sectores que compiten con el exterior.

El economista Daniel Artana, de FIEL, reconoce que la apreciación es más intensa de lo previsto, "a pesar de que el Banco Central está comprando muchas más reservas de lo que había anunciado". Aun así, proyecta una mejora gradual a partir de abril y estima que la economía podría crecer 3% este año. "Hoy estamos en un escenario de estanflación, pero responde a las turbulencias que atravesamos el año pasado, en los meses previos a las elecciones", sostuvo.

Otras miradas son menos optimistas. El exministro Domingo Cavallo alertó sobre el estancamiento de la actividad, mientras que desde la consultora que dirige Miguel Kiguel advierten sobre los costos colaterales del proceso de reformas y estabilización macroeconómica.

Ver: Milei pelea por el superávit y las empresas lo hacen por las nuevas reglas de competencia 

Para la consultora Econviews, el Banco Central podría haber intervenido con mayor firmeza para sostener el tipo de cambio y acumular reservas, pero la prioridad oficial fue contener la inflación. "Un tipo de cambio bajo por flujo no necesariamente implica un equilibrio adecuado para el desarrollo", señalaron.

Sin embargo, el atraso cambiario todavía no se traduce en un boom importador. Las compras al exterior acumulan cuatro meses consecutivos de caída, impactadas por el desarme de stocks previo a las elecciones y la contracción del consumo. En paralelo, las exportaciones crecieron y el superávit comercial marcó un récord para un primer mes del año, con un saldo positivo de US$2.000 millones.

La composición de las importaciones muestra matices: las de bienes de capital e intermedios retroceden alrededor de 10% interanual -cuando hasta el año pasado lideraban la expansión- mientras que las de bienes de consumo y automóviles avanzan con fuerza, 15% y 59% respectivamente. El fenómeno sugiere que la competencia externa se intensifica en segmentos sensibles, mientras el mercado interno aún no consolida su recuperación.

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El mercado laboral refleja las dificultades de la transición. En los últimos cinco meses se perdieron 71.000 puestos de trabajo registrados y los salarios reales volvieron a caer. Aunque la inflación se desaceleró, la mejora no alcanzó para recomponer el poder de compra. La pérdida de ingresos alimenta la debilidad del consumo y profundiza el círculo contractivo que enfrentan las empresas.

El Gobierno confía en que las reformas estructurales actúen como contrapeso. La reforma laboral, que podría aprobarse esta semana, apunta a flexibilizar la contratación y reducir costos, aunque su efecto será gradual. Lo mismo ocurre con las reducciones impositivas, condicionadas por la meta de equilibrio fiscal.

Con el peso en la cima del ranking global y la actividad aún sin consolidarse, la administración libertaria enfrenta una nueva disyuntiva: sostener la estrategia antiinflacionaria aun a costa de la competitividad o introducir ajustes que alivien al sector productivo sin poner en riesgo la estabilidad lograda.

Con información de Forbes

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