El discurso de la provincia S.A.

Alfredo Cornejo celebra un balance contable y el Sur siente ajuste nacional y el centralismo mendocino. El discurso del 1° de mayo dejó un mensaje: hay orden en las planillas, pero un vacío de respuestas para la emergencia social y la infraestructura que Malargüe necesita hoy, no en 2030.

Horacio Marinaro
Exconcejal de Malargüe por el PD.

El pasado 1 de mayo la Legislatura de Mendoza no fue escenario de un discurso de apertura de sesiones ordinarias, sino de una asamblea de accionistas. Alfredo Cornejo se presentó ante los mendocinos no como un gobernador con visión de futuro, sino como el gerente general de una empresa que celebra el equilibrio de sus planillas de Excel mientras sus clientes (nosotros, los ciudadanos) apenas llegamos a fin de mes.

Arrancamos diciendo que el discurso del 1° de mayo no fue el de un estadista, sino el de un síndico de quiebra. Mucho Excel, mucha métrica, pero nula sensibilidad social frente a una Mendoza que se empobrece.

El fetiche del equilibrio fiscal. El gobernador se jactó de la eficiencia estatal y del orden de las cuentas públicas. Pero hay una verdad incómoda que el oficialismo omite: de nada sirve tener las cuentas en cero si el hospital no tiene insumos, si las escuelas son cáscaras vacías y si el poder adquisitivo de los mendocinos se pulveriza bajo una recesión que la provincia mira desde la tribuna. Cornejo ha decidido que su gestión sea el "alumno ejemplar" del ajuste nacional, un abrazo de oso con la casa rosada que nos está saliendo carísimo

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Para Malargüe, el discurso fue una bofetada de realidad maquillada de esperanza. Se habló del Distrito Minero Malargüe como la salvación de la provincia, como si el cobre fuera a brotar mañana mismo de las piedras por arte de magia burocrática. Nos ponen en el mapa del 2030, nos venden el futuro como si fuera un activo financiero, pero nos borran del mapa del 2026.

¿Dónde quedó la Ruta 40? ¿Dónde están los fondos para terminar las cloacas que hoy son un monumento a la desidia en nuestro pueblo? El centralismo mendocino es voraz: nos exige que seamos el motor minero y energético de la provincia, pero nos devuelve migajas en infraestructura básica. Para Cornejo, Malargüe es una zona de sacrificio económico, un recurso a explotar, pero no un pueblo con necesidades urgentes.

Un liderazgo de oficina. Notamos a un Cornejo Gobernador experimentado, chato erudito, casi aburrido de su propio relato. Sin mucho entusiasmo y sin ninguna autocrítica sobre la pobreza que golpea más fuerte en Mendoza que en el resto del país. Está más que consciente con su liderazgo y se siente muy cómodo entre decretos distribuyendo los fondos de Portezuelo, haciendo política para los grandes padrones, que es lo que evidentemente le importa y reformas de códigos, pero también está más que claro que le escapa al barro de la realidad social, de la cual es un partícipe necesario desde el 2015 a esta parte.

Mendoza no es una empresa. Mendoza es un entramado social que hoy sufre. Mientras el gobernador sigue puliendo su balance administrativo, los que habitamos la provincia real seguimos esperando un norte político que no sea simplemente pasar el invierno a costa del bolsillo de la gente y del famoso fondo del Resarcimiento Histórico por Promoción Industrial, como le gusta decir con mucha hipocresía hoy al gobernador.

Un gobierno ordenado fiscalmente, pero desconectado de la realidad cotidiana del vecino, como un signo de fatiga política tras tantos años en la primera línea, o como una estrategia de extrema cautela para no generar fricciones innecesarias con la casa rosada ni con sus propios aliados internos en Cambia Mendoza, que hoy muestran evidentes fisuras.

Cornejo sacrifica la "mendocinidad" y fondos de coparticipación, obras en Ruta 40 para ser el alumno ejemplar del ajuste nacional, mientras la provincia paga los platos rotos. Sin embargo, después el típico abrazo de oso con Milei; Cornejo acordó abrir la mano a $325.000 millones de anticipo de coparticipación. Yo diría todo un anuncio para el alumno más sometido y disciplinado de la LLA+UCR.

En último lugar hablemos del "Olvidable Sur", recordando la película dirigida por Eliseo Subiela Hombre mirando al sudeste (1986). Una mezcla de ciencia ficción y reflexión donde un paciente psiquiátrico afirma ser extraterrestre y un psiquiatra desmotivado empieza a creerle, cuestionando la cordura y la estupidez humana.

Es la referencia perfecta para destacar cómo Malargüe es solo una ficha en el tablero minero del futuro, pero un punto ciego en el presupuesto del presente. El gobernador habla de cobre para el 2030, pero no dice una palabra de las cloacas que hoy no existen o de la Ruta 40 que se cae a pedazos. La ausencia de autocrítica y la aceptación de la realidad social solo es con mira al 2027.

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