Entrevista

Los panteones mendocinos: arte, poder y memoria en la ciudad de los muertos

La historiadora del arte e investigadora de la UNCuyo Celia García analiza cómo los cementerios públicos transformaron la relación con la muerte en Mendoza y revela el valor simbólico, arquitectónico y cultural de los panteones levantados por la burguesía vitivinícola a comienzos del siglo XX.

Alejandra Cicchitti

Detrás de los muros del Cementerio de la Ciudad de Mendoza se esconde mucho más que un espacio de descanso final. Sus panteones, esculturas y relieves narran una parte esencial de la historia social, cultural y económica de la provincia. La investigadora y docente de la UNCuyo, Celia García explora cómo la modernidad modificó las prácticas funerarias, el surgimiento de los cementerios públicos y el papel que la burguesía vitivinícola tuvo en la construcción de monumentos destinados a perpetuar la memoria familiar. En esta entrevista, además, profundiza en el emblemático panteón de la familia Arizu, una obra atravesada por la influencia del arte funerario italiano y el simbolismo de comienzos del siglo XX.

-¿Cuál es tu formación?

-Soy licenciada en Historia del Arte por la Facultad de Arte y Diseño de la UNCuyo. Posteriormente obtuve el Diploma de Estudios Avanzados en Patrimonio y Ciudad por la Universidad de Granada, España con una tesis sobre el "Cementerio de la Ciudad de Mendoza". Fui becaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional y del Fondo Nacional de las Artes. Actualmente soy docente- investigadora de la facultad y además dicto "Historia de la Arquitectura" en la Facultad de Ingeniería.

-¿Cuál fue tu última publicación?

-Parte de los resultados de mis investigaciones han sido volcados en el capítulo "Tumbas y prácticas funerarias de la burguesía vitivinícola en Mendoza durante las primeras décadas del siglo XX", que escribí junto con mi colega Rosana Aguerregaray Castiglione y que forma parte del libro Imágenes & Vitivinicultura. Cartografías, narrativas y cultura visual de la vid y el vino de Mendoza (1900-1930).

-¿Desde cuándo existen los cementerios públicos?

-La modernidad ubicó a los muertos fuera del espacio sagrado de las iglesias, lo que dio origen al cementerio público contemporáneo, que lentamente quedó subordinado a la tutela política o civil y adquirió, con ello, un ambiguo estatuto profano. En Argentina, el primer cementerio público general en establecerse fue el de Cementerio de la Recoleta, en 1822, como parte del conjunto de leyes laicas impulsadas por Bernardino Rivadavia durante el período en que se desempeñó como ministro de Gobierno de Martín Rodríguez (1820-1824). En cuanto a Mendoza, el proyecto de cementerio público se estableció en 1828 y fue inaugurado en la década de 1840.

Los sectores más tradicionales se resistieron a esta nueva realidad. Sin embargo, la situación también estuvo inserta en un profundo proceso de transformación hacia una sociedad más secularizada, centrada en el individuo, que exigía tumbas diferenciadas y permitía a todos aspirar a la supervivencia de su recuerdo. Las primeras tumbas del cementerio de la ciudad de Mendoza planteaban a los deudos la necesidad de garantizar un entierro digno ante la prohibición de ser sepultados en tierra consagrada. Por otro lado, la modernidad introdujo en la sociedad mendocina la confianza en la representación post mortem como forma de expresar la dignidad del individuo más allá de su propia muerte.

El espacio para la memoria individual y su culto privado estaba limitado a las lápidas de mármol que cubrían las primeras tumbas de suelo. Como forma de destacar y particularizar el lugar de la inhumación, extensos epitafios acompañaban el nombre del difunto. A partir de este modelo básico de enterramiento, las tumbas se fueron complejizando y mostrando un mayor despliegue decorativo. Progresivamente, la costosa parcela adquirida a perpetuidad se transformó en un lugar específicamente destinado a la monumentalización y al recuerdo.

  Lámina del Panteón de la familia Peduzzi en el catálogo "Arte Funeraria Italiana". Gentileza: Red Iberoamericana de Cementerios Patrimoniales"  

-¿Qué es un panteón?

-Entre las principales sepulturas del cementerio de la Ciudad de Mendoza se encuentran los encargados por la burguesía vitivinícola y aunque esta difiere en cuanto a sus opciones de enterramiento, coincidiendo con la prosperidad económica obtenida, surgió en ellos la preocupación por erigir importantes sepulcros, siendo la opción preferida la del panteón familiar: monumento funerario destinado al enterramiento de más de una persona, normalmente de la misma familia.

Este modelo incorporó el matiz de la exaltación de la familia sobre el individuo, coherente con el ideario burgués. Así, en las primeras décadas del siglo XX, el protagonismo recae en estas construcciones concebidas como templos miniaturizados, panteones con forma de capilla, con o sin altar interior, y en ocasiones amueblados con reclinatorios. Al igual que en la arquitectura religiosa, algunos llegaron a poseer criptas. Aunque se conocen como "capilla funeraria" en el lenguaje cotidiano, no es una capilla, en su sentido católico, ya que su altar no está consagrado. En este sentido, sería más correcto hablar de un oratorio (un pequeño edificio donde uno se retira a rezar) y a diferencia de la capilla, el oratorio no tiene un altar consagrado.

En menor medida, otra actitud condujo a mimetizar a menor escala la vivienda como modelo para la sepultura. Este modelo, adoptado posteriormente en el panteón de Domingo Lucas Bombal, hace evidente la identificación de los espacios de la vida y de la muerte, como bien expresa Philippe Ariès: "La ciudad de los muertos es la otra cara de la sociedad de los vivos o, más que la otra cara, su imagen, y su imagen intemporal.

  La vivienda como modelo para la sepultura. Este modelo fue adoptado posteriormente en el panteón de Domingo Lucas Bomba (Gerardo y Carlos Andía) década de 1970"  

-¿Quiénes encargaban los panteones?

-Es necesario comentar el papel que tiene el comitente en el encargo de la obra. Se ha podido constatar que, el arte funerario es un "catálogo de intenciones "de los deudos o de la familia que encarga la obra y es de su exclusiva preocupación. Las consideraciones de estilo, expresión y estética están completamente subyugadas al gusto y a la voluntad del comisionista. Es por ello que el arte y la arquitectura funeraria viven más allá de los criterios académicos en boga; no están pensados para ser contemplados como un hecho estético. Por ello, se recurría más a artesanos o marmoleros, especialistas en este trabajo, que llevaban a cabo sus ideas, alejándose de los artistas o arquitectos con una visión propia por expresar.

-¿Sobre qué panteón mendocino nos contarás?

-El panteón de la familia Arizu constituye un caso paradigmático de las ideas expuestas y contrasta fuertemente con las construcciones funerarias que lo rodean. De planta cuadrangular y cripta subterránea, está revestido de suntuoso mármol negro y presenta arcos de medio punto, relieves de bronce, óculos ornamentados con coronas y guirnaldas, y una cubierta inclinada rematada por una cruz.

Este panteón es parte de un fenómeno mayor y más amplio que se instauró a fines del siglo XIX y se prolongó durante las primeras décadas del siglo XX, implicando la difusión de la escultura y la arquitectura funeraria italiana en el ámbito internacional. El arte italiano, referente indiscutido durante siglos, renovó los motivos y los modelos funerarios establecidos, convirtiéndose en un paradigma insoslayable, especialmente con la difusión del estilo liberty (nombre que se utilizó en Italia para referirse al movimiento Art Nouveau) y del simbolismo. Esta situación destacó el gusto internacional por ciertos cementerios peninsulares, como el Monumental de Milán y el Staglieno de Génova, cuyas propuestas formales y tipológicas fueron requeridas por clientes incluso en escenarios tan periféricos como el de Mendoza.

Dos fueron los principales canales para obtener las obras: la importación desde Italia y la producción local por parte de escultores y artífices italianos que asimilaban modelos de la península. Además, es necesario referirse a la amplia circulación de imágenes reproducidas en catálogos, tarjetas postales y revistas de arquitectura.

  "Fachada principal del Panteón de la familia Arizu en el Cementerio de la Ciudad de Mendoza  

-¿Quiénes estuvieron a cargo de su construcción?

-El proyecto del panteón Arizu fue encargado al marmolista toscano Ernesto Mazzini (Aulla 1877-Mendoza 1936), quien emigró a Mendoza en busca de nuevos horizontes siendo muy joven y habiendo aprendido el oficio de lapidario de su padre. A pesar de no tener formación académica, Mazzini se destacó como constructor de panteones para las principales familias de Mendoza y realizó una prolífica producción funeraria. En las obras de mayor envergadura, requería la colaboración del ingeniero Francisco Gabrielli, quien firmaba sus proyectos, y en caso de que la edificación incorporara un programa escultórico, lo adquiría en Buenos Aires, ya sea contratando escultores o comprando en diversas marmolerías. En 1928, fue contratado por Balbino Arizu para construir el panteón, que se finalizó en octubre de 1929 después de un año de construcción.

La propuesta de Mazzini presenta un diseño semejante, aunque con variaciones, al panteón de la familia Peduzzi, construido entre 1910 y 1911 en el cementerio Monumental de Milán por el escultor Enrico Cassi (1863-1913). Junto con otros modelos paradigmáticos, aparecía frecuentemente publicado en diversos catálogos y guías del cementerio Monumental, como por ejemplo en "Arte Funeraria Italiana" de gran difusión. Posiblemente estas imágenes fueron referentes para el marmolista local. Con respecto al estilo, es posible considerarlo un ejemplo tardío del estilo liberty italiano que, a pesar de los años transcurridos, conservaba su aura de prestigio.

Los relieves adquieren un evidente protagonismo. Fueron realizados por el escultor italiano Juan Patrizi, radicado en Buenos Aires. El relieve de la fachada principal, inspirado en modelos italianos y en la obra del escultor simbolista Leonardo Bistolfi, presenta una pareja que simboliza la salvación a través del amor humano. La figura masculina, de intensa expresividad, contrasta con la actitud introspectiva de la joven que sostiene unas rosas, símbolo del amor y de Venus. El simbolismo preferirá estas composiciones de sensuales amantes a las dramáticas imágenes de vida y muerte, ya que son más concordes en expresar, con la melancolía que les invade, la ineluctabilidad del destino.

   "Relieves en bronce de fachada principal del Panteón de la familia Arizu en el Cementerio de la Ciudad de Mendoza.  

-¿Proyectos futuros?

-Estoy investigando la visita al cementerio en el Día de Todos los Muertos a través de la prensa local. Más adelante podré compartir con ustedes este nuevo proyecto.

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