S&P elevó la calificación de la Argentina y mejora el panorama financiero

La calificadora elevó la nota soberana de CCC+ a B- y destacó el superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, la acumulación de reservas y el acceso al financiamiento. Analistas prevén una baja adicional del riesgo país y una mayor llegada de inversores.

La agencia S&P Global Ratings decidió elevar la calificación crediticia de la Argentina desde CCC+ hasta B-, una mejora que refleja, según la entidad, una reducción de los desequilibrios macroeconómicos y una mayor capacidad del país para cumplir con sus compromisos financieros en los próximos años.

La decisión ubica a la Argentina en la misma categoría que ya había asignado en mayo la calificadora Fitch Ratings, mientras que la perspectiva se mantuvo en estable. La noticia fue celebrada por el Gobierno nacional y rápidamente difundida por el presidente Javier Milei, el ministro de Economía, Luis Caputo, y otros integrantes del gabinete.

La mejora llega en un contexto en el que el riesgo país cerró en 503 puntos básicos, luego de registrar una suba de 13 unidades durante la jornada, aunque los analistas consideran que la nueva calificación podría acelerar una nueva etapa de compresión de ese indicador.

Desde S&P explicaron que la decisión se sustenta en varios factores: la continuidad del ajuste fiscal, la reducción de la inflación, la recuperación de las reservas internacionales y la mejora en las condiciones de financiamiento tanto a través de organismos multilaterales como del mercado privado.

"La austeridad fiscal, junto con otras medidas, ha mejorado el acceso del Gobierno al financiamiento voluntario en los mercados de capitales", señaló la calificadora al fundamentar el cambio de nota.

Uno de los aspectos más destacados en el informe fue la recuperación de la posición financiera del país. Según la agencia, el Gobierno logró fortalecer su liquidez mediante emisiones de deuda en dólares en el mercado local, acuerdos de financiamiento con bancos internacionales y garantías otorgadas por organismos multilaterales para refinanciar vencimientos.

Además, S&P resaltó el desempeño del Banco Central, que durante los primeros cinco meses del año acumuló compras de divisas por más de US$10.000 millones, fortaleciendo las reservas internacionales.

La decisión adquiere relevancia porque se produce cuando el Ministerio de Economía busca despejar el frente financiero de cara a los importantes vencimientos de deuda previstos para 2026 y 2027. En ese sentido, la calificadora consideró que las mejoras fiscales y externas reducen el riesgo de una eventual reestructuración de deuda.

Según el informe, la combinación de políticas fiscales, monetarias y cambiarias debería permitir que la Argentina atraviese los próximos años sin caer en default ni recurrir a mecanismos de reestructuración compulsiva.

Las proyecciones macroeconómicas incluidas por S&P también muestran una visión más favorable sobre la evolución de la economía. La agencia estima que el Producto Bruto Interno crecerá 2,7% en 2026 y que luego mantendrá una expansión cercana al 3% anual en los años siguientes.

En materia inflacionaria, prevé que el índice promedio baje al 32% durante 2026, luego de ubicarse en 42% en 2025, y que continúe descendiendo gradualmente hasta acercarse a niveles de un dígito hacia el final de la década.

Uno de los capítulos más relevantes del informe está dedicado al sector energético. S&P identificó a la producción de hidrocarburos, especialmente en Vaca Muerta, como uno de los motores estructurales de la mejora crediticia del país.

La calificadora proyectó que el sector energético podría generar un superávit comercial cercano a US$10.000 millones en 2026, una cifra considerablemente superior a los US$5900 millones registrados en 2024. Según el organismo, la expansión de la producción no convencional tendrá un impacto positivo tanto sobre el crecimiento económico como sobre la balanza de pagos.

La mejora de la nota también podría ampliar el universo de inversores habilitados para adquirir deuda argentina. Aunque el país todavía permanece seis escalones por debajo del grado de inversión, el paso desde la categoría CCC hacia B es interpretado por el mercado como una señal relevante de fortalecimiento financiero.

En la misma línea, Walter Stoeppelwerth, director de inversiones de Grit Capital Group, explicó que el cambio de categoría habilita a numerosos fondos institucionales que no pueden invertir en deuda con calificación CCC+. Según sus estimaciones, la base potencial de compradores podría expandirse entre 10% y 15%, especialmente entre inversores europeos.

No obstante, S&P advirtió que persisten desafíos relevantes. Entre ellos mencionó el bajo nivel de reservas netas, la volatilidad cambiaria, la inflación todavía elevada y las debilidades institucionales que históricamente afectaron a la economía argentina.

La calificadora señaló además que futuras mejoras dependerán de la consolidación del equilibrio fiscal, una mayor previsibilidad de las políticas económicas y un acceso sostenido al financiamiento internacional. Por el contrario, una reversión de los avances recientes o dificultades para conseguir financiamiento podrían volver a ejercer presión sobre la calificación soberana.

En paralelo, también se conoció una mejora crediticia para la Ciudad de Buenos Aires. La agencia Moody's Local elevó su nota desde AA+ hasta AAA, la máxima categoría dentro de la escala nacional. La decisión se apoyó, entre otros factores, en la reciente colocación internacional por US$500 millones, destinada a refinanciar vencimientos y extender los plazos de deuda, además de la sólida posición financiera y de liquidez que exhibe el distrito.

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