Tras 18 años en coma, murió el chico que se accidentó en un recital de Bersuit

Pablo Cordero, luego de caerse en una avalancha en el estadio Pacífico de Mendoza en 2003, estuvo en coma por casi dos décadas. Este sábado, falleció en San Rafael, de donde era oriundo. El testimonio en primera persona de alguien que también vivió esa noche de "descontrol y locura".

Era abril de 2003. La Bersuit Vergarabat, que en ese entonces era "la banda" del momento en Argentina, venía a tocar a Mendoza. Sus seguidores estaban muy entusiasmados y no era para menos, a quienes les gusta ir a recitales son instancias únicas, emocionantes y que hay que vivir a pleno. 

Un fanático de Bersuit era Pablo Cordero, un chico que tenía 20 años. Vivía en San Rafael así que, con su mochila, viajó a "Mendoza" (como los sureños le decimos a la capital de la provincia) para poder disfrutar del espectáculo de su banda favorita. Pero lamentablemente el destino y, principalmente, la desastrosa organización del "toque" le jugaron la peor pasada.

El recital fue en el Club San Martin, dueño del estadio Pacífico ubicado en calle Perú de la Ciudad de Mendoza. Había una sola puerta de ingreso, prácticamente ninguna medida de seguridad, bengalas encendidas, banderas "pogueando" y más de 6 mil almas agitando al ritmo de los temas bersuiteros.

Y, claro, no para todos podía terminar bien esa noche. Pero lamentablemente el principal perjudicado fue Pablo, que fue aplastado por una avalancha que se armó en la salida. Sufrió politraumatismos y, desde ese abril de 2003, quedó en estado de coma.

Pasaron 18 años de ese trágico día para Cordero y su familia. Este sábado 12 de junio de 2021, tras permanecer en ese estado por casi dos décadas a pesar de que sus seres queridos y la ciencia hicieron hasta la imposible por ayudarlo a rehabilitarse, Pablo falleció a sus 38 años.

Los responsables y la insignificante indemnización 

En cuanto a la información sobre si hubo responsables por esa ahora 'persona fallecida como consecuencia de', hay que recordar que la Cuarta Cámara de Apelaciones en lo Civil determinó en 2013 que hubo sobreventa de entradas y que, justamente por eso, la capacidad del estadio había sido superada.

Así es que los letrados determinaron que el Club San Martin, la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza (adonde está ubicado el club) y los miembros de la banda debían pagar una indemnización a la familia de "Pablito". Alta o baja la suma, qué más daba, nada devolvió la vida de su hijo a esa mamá que nunca más fue la misma.

Si bien Memo intentó, con mucho respeto, comunicarse con la familia de Cordero, en la misma línea y agradeciendo que supiéramos entender, recordaron que "desde el primer momento nunca quisimos hablar nada con ningún medio" y acotaron que "no es un momento fácil".

Testimonio en primera persona

La periodista mendocina Emilia Agüero, que hoy se desempeña en Perú, dialogó con Memo tras enterarse de la noticia por esta cronista. Porque ella, junto a su hermana y a su amigo, participó de ese recital.

"Supe que él estaba internado, seguí muy de cerca la noticia al principio y después creí que estaba bien. Supongo que fue mi deseo pero pensé que estaba bien y cuando leí tu tuit fue escalofriante. Porque se podría haber evitado, todo ese caos, toda esa angustia, el dolor y la destrucción de una familia. Y sobre todo su muerte. Pienso ‘pobre pibe, fue con la misma ilusión que yo de ver la banda del momento'. Éramos todos fanáticos y terminar así, 18 años en una cama", comenzó reflexionando Emilia.

Aquí, su relato completo de lo que vivió, sufrió, siente y sintió.

"Ese lugar era una locura. Creo que esa reflexión igual la hacemos ahora, que sabemos lo que implica un lugar cerrado, las bengalas. Pero en ese momento  no estaba mal visto y no había tantas medidas de seguridad como hay ahora, luego de la tragedia de Cromañón.

Recuerdo que ese recital en el Pacífico fue al primero que fui en mi vida. Yo tenía 14 años, era el recital del momento porque la Bersuit presentaba el disco 'De la Cabeza con Bersuit Vergarabat' y eso implicaba un montón. Había hecho de todo para poder ir y que mi mamá nos autorizara. Fuimos con un amigo, bajo la custodia de mi hermana mayor.

Ya la llegada era medio caótica. No estaba bien controlado el tránsito, nada. Entramos y, desde el inicio, era todo una locura. La gente estaba súper excitada, la Bersuit llevó el recital muy arriba. Y eso generó que entre que el espacio era chico, cerrado y tenía solamente una puerta de salida, se volviera todo más caótico.

Llegó a tal punto la locura que en un momento abrieron la puerta y la gente empezó a irse, a pesar de que el toque seguía. Recuerdo que mi hermana dijo ‘nos tenemos que ir porque esto se puso feo' y mi amigo y yo no queríamos pero como estábamos bajo su cuidado, salimos. Me terminó salvando, pienso hoy a mis 32 años, y conociendo la muerte de Pablo. Porque si me hubiera quedado hasta el final no sé qué pasaba.

La salida también fue un caos. Si bien nosotros estábamos al final, porque en el medio y mucho menos adelante se podía estar, fue re difícil salir. Si bien salían en forma pacífica como era una sola puerta y chiquita, no había forma de no agolparse y empujarse. Incluso, se cayó una chica y levantarla fue una locura. Tuvimos que hacer tipo una burbuja, pero era tanto lo que la gente empujaba de atrás que se volvía a caer. Así que todos agolpados.

En el interior había bengalas, banderas, las ventanas no estaban del todo abiertas. Fue una locura, un descontrol. El recital era buenísimo pero definitivamente no era el lugar y no hubo medidas de seguridad ni vigilancia. Muy triste y doloroso este final. 

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