Año 2020, colofón

Eduardo Da Viá, lector de Memo y colaborador habitual, y su balance de un año muy complejo: "... Y como remate la vacuna. En el fondo fabuloso negocio como siempre casi monopolizado por Pfizer y sus competidores británicos, chinos y rusos".

Eduardo Da Viá

En pocos días más habremos de transponer el inexistente umbral que arbitrariamente separa un año de otro, efímero instante que celebra buena parte de la humanidad con deseos de continuidad para aquellos afortunados a los el 2020 favoreció, y de cambios para los que se vieron perjudicados.

Queda otro gran grupo dentro del cual milito, en que por razones de edad, somos prácticamente inmunes a la famosa transición.

Para el tiempo y el universo carece totalmente de significado porque a ambos los distingue la continuidad.

Es el ser humano el que divide el tiempo y lo mide, inútil esfuerzo por cuanto el tiempo es indiviso e inmensurable.

Pero admito que la partición temporal nos brinda la posibilidad de vaticinar cuando ocurrirán sucesos significativos tales como el nacimiento de un hijo o la graduación en un nivel educativo determinado, o la llegada del retiro y por fin la presunción de la cercanía del final del camino, además del ordenamiento del funcionamiento individual y social.

Es por ello que el ocaso de un año suele inducir a la reflexión, a modo de colofón, y al planteo de acciones futuras que el nuevo año por fin nos permitirá concretar.

Tan arbitraria y convencional es la división del tiempo que existen numerosos calendarios, tales como islámico, hebreo, rumi, cristiano, azteca etc.

Pero para los que nos guiamos por calendario gregoriano, de validez casi universal, estamos terminando el año 2020 de la era cristiana.

No hay ninguna duda que este año habrá de ser recordado durante muchos otros venideros, por los acontecimientos que ocurrieran afectando a gran parte de la humanidad, sin distinciones de raza, edad, sexo y religión.

Pocas veces si es que alguna, la tierra fue víctima de una verdadera PANDEMIA, que aún se enseñorea en gran parte de la superficie terrestre y que, a fuer de ser sinceros, no se vislumbra un final cercano, aun cuando las vacunas ya son casi una realidad y además buena parte de la población mundial se ha inmunizado espontáneamente a costa de haber sufrido la enfermedad.

Pocas veces si es que alguna, las grandes potencias debieron ponerse de hinojos, palabra que tiene doble significado derivado de su doble etimología. En la primera de sus acepciones, «hinojo» tiene su origen en el latín tardío fenclum (en el clásico era feniculum), diminutivo de fenum, 'heno'.En la segunda, «hinojo» se deriva del latín vulgar genuculum, diminutivo de genu, 'rodilla', que, pasando por yenojo, dio lugar al medieval inojo con uso documentado en nuestra lengua desde 1140.

Insisto, debieron ponerse de hinojos o arrodillarse frente a un infinitesimal corpúsculo, invisible para el ojo humano desnudo, pero con una capacidad destructiva que ni la energía atómica devenida arma deletérea, puede siquiera emular y mucho menos evitar.

La pandemia tuvo la virtud de recordarle súbitamente al homo sapiens que sigue siendo tan vulnerable como cuando se guarecía en las cuevas de Altamira o de Cromañon, siendo que había adquirido un nivel tal de superioridad, sapiencia y capacidad tanto curativa, como constructiva y destructiva, que lo hizo creer indestructible y todopoderoso.

Para hacerlo simple, el coronavirus nos hizo "bajar el copete".

Pero la pandemia le vino como anillo al dedo a cuanto especulador y oportunista existe, que rápidamente medraron con la necesidad bruscamente incrementada de barbijos, guantes, alcohol y medicamentos con supuestos efectos antiviral.

Y como remate la vacuna. En el fondo fabuloso negocio como siempre casi monopolizado por Pfizer y sus competidores británicos, chinos y rusos.

Ninguno de ellos motivados por los millones de padecientes, sino por la posibilidad concreta de ingresos multimillonarios y tanto más cuanto la adquisición del medicamento es directa responsabilidad de ciertos gobiernos, mucho de cuyos integrantes, delincuentes, soborno de por medio eligen cuál adquirir.

La Argentina, una vez más se destacó por el pésimo manejo del problema, llegando a ser uno de los países con mayor número de muertos por millón de habitantes, tener la economía cerrada por un período record y ahora que surge la oportunidad de la vacuna, ese impresentable Ministro de Salud Giner García Gonzales, cometió errores, por él admitidos, en las tratativas con Pfizer de tal suerte que por ahora nos quedamos sin inmunización confiable.

No puedo menos que recordar con bronca y tristeza cuando al principio de la pandemia, salió a relucir ese sentimiento de superioridad que nos caracteriza, y se difundió la noticia de que el Instituto Malbrán, junto con el Conicet, habría de desarrollar nuestra propia vacuna. Mentiras.

Por cierto nunca más se habló, a similitud del famoso Tren Bala del que se le llenó la boca al presidente Kirchner y luego a su distinguida esposa. Lo que sí hubo fueron coimas reconocidas por la empresa responsable de la construcción.

Para colmo de males vernáculos, este año ya en sus postrimerías, murió Maradona; pobre ser cuya única virtud se ubicaba anatómicamente de la mitad de los muslos para abajo: su indiscutida virtud como jugador de fútbol. El resto para el olvido.

Sin embargo la Argentina tembló y nuestro presidente, en un gesto demagógico repugnante, aprovechando la brecha a su caída de prestigio, decidió que el velatorio se celebrara en la Casa de Gobierno, y en el salón destinado a los grandes hacedores de la argentinidad.

Resultado, la violencia que subyace sempiternamente en este pobre país, vio la oportunidad y surgieron los enfrentamientos, en momentos en que solo eran admisibles actitudes acordes con el triste momento por el que pasaban los admiradores del deportista. Hasta el Gobierno Nacional se enfrentó con el Provincial en Bs asacusándose mutuamente de haber repelido con balas de goma a la multitud enardecida.

Intertanto, los agitadores, seguramente entremezclados con los verdaderos dolientes, hicieron su mezquino agosto para mal del país, dentro y fuera de sus límites geográficos.

No faltó un ilustrado legislador, a quien le pago su jugosa dieta, que propusiera imprimir billetes de mil pesos con la efigie de Maradona justo en el momento que comete su famosa trampa, luego ensalzada como La Mano de Dios.

Pero como toda erupción volcánica, la de Maradona llegó a su pináculo, y se apagó, quizás ante de lo esperado ante el avance arrollador de otra de las medidas demagógicas de nuestro Presidente: la ley IVE.

Una vez más el país dividido irreconciliablemente.

Recordemos que llegó a tener el proyecto en su versión original, una cláusula mediante la cual los médicos hubieran tenido la "obligación" de cometer el asesinato ante el mero pedido de la portadora de la víctima.

Por cierto lo tacharon como hacíamos inocentemente en la escuela creyendo que lo de abajo no se ve, como en los antiguos palimpsestos.

En los comienzos de los sesenta, EL Ejército Argentino, supuesto baluarte ante una agresión externa, se escindió en dos bandos que se atacaron mutuamente: Azules vs Colorados.

Hoy son los colores Verde y Celeste los que se agreden al menos verbalmente, pero siempre partiendo en dos al país ante la atónita mirada del resto de los ciudadanos. Basta ver la ferocidad de los respectivos grupos para advertir el estado de violencia que nos carcome.

En un artículo que publicara en el mes de agosto titulado "Las enseñanzas que debiera dejarnos la Pandemia", confesé mis serias dudas de que se verificase un cambio de actitud social, todo lo contrario, vaticiné un rebrote más intenso aún de los apetitos más bajos de la humanidad.

Como ejemplo reciente vaya la brutal jactancia de los rusos, al hacer público ayer imágenes del misil aparentemente más poderoso del mundo, el Avangard, hipersónico que alcanza una velocidad cercana a los 10.000 km/hora y por cierto destinado a una eventual confrontación con su distante archienemigo, Estados Unidos.

Todo esto mientras el mundo vuelve a temblar ante el evidente avance de una segunda y más dañina ola de coronavirus.

En fin, no puedo terminar estas palabras sin referirme a dos personajes cuyas acciones y omisiones, tienen repercusión inmediata en gran parte del planeta: Donald Trump y Jorge Bergoglio.

Empecemos por el todavía presidente de la primera potencia mundial, protagonista de uno de los papelones más grandes de la historia política norteamericana al negarse a reconocer algo tan claro como que había perdido en las elecciones presidenciales. Paradigma del prepotente e imbatible, llegó al colmo de judicializar el resultado de las urnas aduciendo razones espurias que fueron descartadas una a una, ante la sumamente educada y pacífica mirada de su oponente y legítimo ganador Mr. Biden.

Lo malo es que Trump representa a un gran número de ciudadanos que piensan igual y que tanto daño le han hecho a ese país, la ultraderecha guerrera infiltrada en el seno de las fuerzas armadas incluidos policías asesinos de negros por el solo hecho de serlo.

Me parece que se avizoran tiempos mejores para ese gran país, que mantiene intacto su potencial de inteligencia, a tal punto que una vez más, este año arrasaron con los premio Nobeles, desde Literatura y Economía pasando por Medicina, Física y Química.

Es de esperar que el presidente entrante sea la luz que ilumine el buen camino a los más de 300 millones de seres que habitan esa nación.

Por último y a sabiendas que quedan cientos de personajes dignos de elogios o críticas, me referiré al Papa Argentino.

Hace pocos días atrás, participó de la cumbre virtual del calentamiento global y la protección del medio ambiente.

Sus palabras, como no puede ser de otra manera, son solo eso, palabras, carentes de efectividad por cuanto el Vaticano no es una potencia mundial que maneje armas de destrucción masiva, centrales atómicas, ni productor de gases efecto invernadero, consumo masivo de energía etc. Nada puede hacer sino exhortar a los que sí son responsables de las enfermedades del planeta, pero que harán con seguridad caso omiso de semejante cháchara, dado que detrás de la contaminación están fabulosos negocios que ninguno está decidido a suspender o disminuir en forma significativa.

Insisto en lo dije más arriba, horas después de las palabras del Papa, Rusia muestra esos monstruos cual son los misiles Avangard, grandes contaminadores de la atmósfera a través de la cual se desplazan. Por otra parte es de suponer, que Norteamérica, blanco declarado de la artillería rusa, no los espera con rifles de aire comprimido.

Con sus palabras solo logra alguna vigencia en un mundo cada vez más descreído y sabedor de la inutilidad de las mismas.

Lo que sí esperaba la Argentina, su país de origen y buena parte del concierto de naciones, es la opinión del Santo Padre sobre la ley IVE.

No ha dicho una palabra al respecto, siendo que su posición contraria al aborto es muy conocida por sus propias palabras pronunciadas en distintas conferencias y que figura como capítulo destacado en su nuevo libro a punto de ser comercializado, titulado SOÑEMOS JUNTOS.

Claro, Bergoglio es peronista y la ley también. Si la denosta sería vestirse de celeste como corresponde a su filosofía y la del Vaticano todo, pero traicionaría a sus correligionarios hoy en el poder. Si la aprueba, secundando a los verdes, sería simple y llanamente herejía.

Entonces opta por un silencio cobarde, cuando bien podría haberse referido en forma elíptica al tema, diciendo al menos y como mero ejemplo, que La Santa Sede no apoya leyes que impliquen la práctica del aborto sin razones de orden médicas, en ningún país del mundo.

Cuando los periodistas le preguntaron respondió que había delegado en la Conferencia Episcopal Argentina los comentarios pertinentes, intertanto se concentraba en el cambio climático.

Finalmente quiero compartir con mis lectores la dura experiencia de haber padecido el Covid, habiendo querido la vida que los síntomas se iniciaran precisamente el día de mi octogésimo aniversario, 5 de setiembre.

Fue un cuadro severo, con gran invalidísimo físico pero que no llegó a la categoría de grave por cuanto en ningún momento requerí oxígeno y mucho menos internación. La recuperación por suerte ha sido total.

Pero el verdadero sentido de esta confidencia es el de destacar la esmerada, idónea y humana atención que me prestaran DAMSU y el Hospital Universitario en todas y cada una de las secciones de las que tuve necesidad de prestación.

Mis felicitaciones y sincero agradecimiento para todos ellos.

Afortunadamente no todo está perdido en este convulsionado mundo.

Felicidades para todos en el año que se inicia, sin distingo de ningún tipo que implique discriminación.

Eduardo Atilio Da Vía

DNI 6890012

Esta nota habla de:
Más de Opinión