Ciudadanos en convivencia democrática

Como bien lo describe Foucault pasamos de una sociedad disciplinaria a una sociedad de control. El Gobierno biopolítico se vuelve totalitario. La biopolítica puede llegar incluso a traducirse en cierta forma de tanatopolítica (Tánatos: muerte), puesto que la violencia, el enfrentamiento, la pobreza, el culto desmesurado a los muertos devenidos míticamente en héroes, se convierten en ejes de la política de dominio. Dominio sobre la vida y sobre la muerte.

Elia Bianchi de Zizzias

Todo lugar de encuentro en el que las personas puedan expresarse libremente, merece mi respeto y admiración. La marcha del 17A, fue ese escenario en el cual una multitud variada y respetuosa de protocolos pandémicos se manifestó claramente .

¿Qué nos une?

La necesidad de resistir pacíficamente todo intento de vulnerar la República y sus instituciones.

Nos reconocemos como ciudadanos, miembros de una comunidad organizada, sujetos de derechos y obligaciones prescriptos por nuestra Constitución.

Luego , nos unimos porque sabemos, presentimos, experimentamos que parte de esos derechos están siendo conculcados por un sistema político autoritario que avanza rápidamente sobre ellos. Porque somos ciudadanos que elegimos vivir en democracia y que no queremos ser súbditos del poder de turno.La urgente necesidad de una convivencia digna.

¿Cuál es el riesgo?

Perder nuestra condición de ciudadanos por la de sujetos controlados, vigilados, dominados por el miedo (inseguridad en salud y economía) .

El Miedo es el impulso básico de la humanidad en respuesta a los peligros de un medio ambiente al cual está excesivamente expuesta.

El poder político debiera eliminar un espectro amplio de expectativas de decepción.que conduce al cansancio moral y a la indiferencia.

La miedocracia es un sistema de gobierno basado en los temores que aquejan a las sociedades abiertas (Popper).

El miedo siempre es una fuerza poderosa, nace de la inseguridad, del temor a perder espacios propios. En general, apela a las emociones.

Las amenazas en los discursos son las expresiones más acabadas de la intencionalidad del poder que no se ejerce, sino que se compra, a costa de menospreciar el juicio crítico de los ciudadanos. Nos hubiera gustado otro estilo, el de las palabras reconciliadoras, que no necesitan de la carga de terror, para abrir horizontes de posibilidades en esta época de grandes crisis económicas y sociales.

Este escenario nos conduce a pensar en el gran desborde de sentido de estos procesos en los que los ciudadanos somos sujetos de un sometimiento o exclusión , fundado en el miedo que anula su capacidad de razonar y paraliza su voluntad , inhibiendo su poder de decisión y su derecho a elegir libremente. Otra categoría de barbarie.

También, nos preocupan los sujetos del silencio, los que tienen la posibilidad de compartir sus ideas, sus proyectos, y sin embargo, adoptan una actitud quieta, de sutil expectativa, sin jugarse, ni menos comprometerse, transformándose en cómplices de estos escenarios tumultuosamente maquiavélicos. Las democracias se sustentan en la participación activa de los ciudadanos.

Como bien lo describe Foucault pasamos de una sociedad disciplinaria a una sociedad de control. El Gobierno biopolítico se vuelve totalitario. La biopolítica puede llegar incluso a traducirse en cierta forma de tanatopolítica (Tánatos: muerte), puesto que la violencia, el enfrentamiento, la pobreza, el culto desmesurado a los muertos devenidos míticamente en héroes, se convierten en ejes de la política de dominio. Dominio sobre la vida y sobre la muerte.

La mediocracia estatal manipula el poder de la imagen y la palabra de esta sociedad del espectáculo, como dice Debord, y lo hace justamente , desde la vida misma, que forma parte del campo de poder. La percepción popular de que no existen alternativas y la apocalíptica subsunción al poder, necesita transformarse por un largo aprendizaje de convivencia cívica. Entonces, se devela nuevamente la cuestión: la educación como resistencia, la educación como ejercicio de la libertad.

El Poder político avanza

La grave crisis de las instituciones republicanas del país, obliga a los ciudadanos a reflexionar sobre la fragilidad de nuestro sistema democrático. El peligroso e indeterminado límite entre el orden jurídico y la vida misma instituye un espacio que rompe el equilibrio de poderes. Este espacio, no definible desde el punto jurídico, es la vigencia del Estado de excepción.

El Estado de excepción es un concepto político complejo, tiene larga historia y es motivo de controvertidos y profundos debates en teorías políticas y filosóficas. En su desarrollo connota "estado de sitio", guerra civil, insurrección, resistencia, anomia y particulares avances sobre el derecho público.
"El Estado de excepción es la suspensión del orden jurídico, que suele considerarse como medida de carácter provisional y extraordinaria, pero que tiende a instalarse como praxis permanente en los Estados modernos" (Georgio Agamben).

La expresión "plenos poderes" con la cual se caracteriza al estado de excepción, se refiere a la expansión y avance del Poder Ejecutivo, al que se le confiere el poder de dictar decretos de necesidad y urgencia que tienen fuerza de ley.

Nuestro propósito es poner en evidencia cómo se avanza en nuestro país en las excepciones sobre el derecho o, en otras palabras, advertir cuáles son los modos en que el poder político del gobierno se hace "amar" por una ciudadanía que pierde su carácter de tal, al transformar su participación comprometida en sujeción deliberada o no.

¿Cuáles son algunos de esos modos o prácticas?:

* El manejo discrecional de la "Caja", que permite la distribución arbitraria de los fondos públicos.El sistemático saqueo de los fondos de Anses.El desprestigio del Poder Legislativo, producido por la "compra y venta" de voluntades aprovechando el olvido de la legitimidad de sus representantes que olvidan, oportunamente, qué significa federalismo.Los escandalosos subsidios otorgados a sujetos y/o a grupos afines al gobierno. La lentitud de los procesos judiciales y la discrecianalidad de la justicia legítima.

* El fomento del clientelismo político.

* El hostigamiento a periodistas y medios críticos a las acciones del gobierno, que pone en peligro -nada más ni nada menos- el principio universal de la libertad de expresión.

* Las medidas y campañas de desprestigio contra el Poder Judicial, que también ponen en peligro la plena vigencia del Estado de Derecho.

*La descalificación de la clase media.

* El país entero es una cancha de fútbol, con sumas extraordinarias para "mantener" el sentimiento argentino de una patria sin esfuerzo transformada en "sociedad del espectáculo" y al deporte en pura especulación económica.Messi emociona y a la vez distrae.

*La distinción del Presidente a sindicalistas con largas historias de corrupción, enriquecimiento ilicito, Mal ejemplo.

* Ahora a la obsecuencia, le llaman "lealtad". A la coerción, "consenso". A la muchedumbre, "pueblo". A los que "roban para la corona", empresarios. A mediocres intelectuales de turno, "académicos". A los que roban pero hacen, se les perdona con juicios de una ética de náufragos (Marina). La violencia y el derrumbe de la escuela pública, se soluciona con notebooks. Cambalache continúa siendo la canción nacional´.


Finalmente, ¿quién determina y ejecuta el Estado de Excepción?: El gobernante, que ejerce el poder conferido o no por el pueblo, según se trate de una democracia o una dictadura.

No es la primera vez en la historia argentina que el pueblo se equivoca con espejos de colores, ni tampoco, que los gobernantes elegidos democráticamente, por lo menos en apariencias, se tienten con el poder del emperador. Sin embargo, "El Rey está desnudo"

No se fueron todos, ni volvieron mejores,se quedaron los mismos. Así nos va.

Elia Ana Bianchi Zizzias.


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