"Los 60 no son los nuevos 40, son los nuevos 60"

En esta especie de carrera a la que parece que nos arrojan desde lo externo (tienes que ser jovial, bello y energético) la única cosa real es que, no importa la edad en la estemos si no la estamos viviendo bien

Diego Bernardini
Es un académico, investigador y divulgador de la salud de las personas mayores. Considerado una de las personalidades más influyentes por su visión sobre la transformación social que realizan los +50

Esta semana me encontré entre viaje y viaje, diciéndole a un colega que los nuevos 60, no son los nuevos 40. Sino que simplemente son los nuevos 60. 

Es decir, no es que seamos más jóvenes, sino que los vivimos distinto. Como dice el poema... "nosotros los de entonces, ya no somos los mismos", y es verdad.

Pero en esta especie de carrera a la que parece que nos arrojan desde lo externo (tienes que ser jovial, bello y energético) la única cosa real es que, no importa la edad en la estemos si no la estamos viviendo bien. Y vivir bien no significa llegar con menos arrugas; significa llegar con menos asistencia externa: es decir, no tenemos que apuntar a la belleza sino, a la salud. Realmente, ¿queremos vivir 100 años si no vamos a poder ser libres en las elecciones y movimientos?

Hoy sabemos que la genética explica solamente el 30% de nuestro estado. Pero otra parte igual o más importante tiene que ver con nuestro autocuidado y acá otro punto: cuanto antes comencemos mejor. Hoy sabemos que vamos a vivir más. Es una certeza. ¿Pero a qué costo y cómo?... es la pregunta. Por eso, una gran diferenciación a la que quiero apuntar de manera personal y también compartir a viva voz es la importancia de no ser sobrevivientes sino, supervivientes. Es decir, personas que mantienen su capacidad funcional mientras están vivas y yo agrego, además, su capacidad funcional tanto física como emocionalmente.

Empezar antes significa empezar lo antes posible a reconocernos de manera integral. Controlar nuestra salud física pero también, escuchar nuestra salud emocional porque he aquí la clave mejor guardada (y gritada a viva voz) de todos los tiempos: esta vida nos pide a gritos vínculos emocionales sanos y el ejercicio de desarrollar propósitos que nos impulsen siempre a más.

Algún día deberíamos preguntarnos porqué le tenemos tanto miedo a morir y tan poco a vivir mal si la dignidad nos la da haber pasado por este plano y haber sido capaces de dar y darnos las mejores experiencias y aprendizajes posibles. La vida y la muerte dignas son tan importantes... somos hijos de padres de posguerra que nos enseñaron que la vida era sacrificio. Y ahora, los tiempos con sus muchos vericuetos nos viene a decir que no. Que nosotros y nuestra felicidad importan. Y ahí, donde la serpiente pega la vuelta y se muerde la cola, tenemos un gran punto de contacto con los más jóvenes; hoy, que los acusamos de ser extremadamente sensibles me pregunto si no hay algo que aprender ahí.

Nosotros sabemos lo que es vivir con la guardia alta, engrosando la piel para hacerle frente a lo externo.
Ellos, saben lo que es vivir a flor de piel, emanando la inocencia de lo nuevo. Ellos dicen: si, lo que siento importa. Y nosotros ahora, después de haber vivido debemos saber que eso es cierto. Importamos. Y mucho.

Nos queda mucha tela para cortar. Que sea entonces, una tela divertida y aventurera que le dé sentido a ser y a estar.


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