Malvinas: cuando estuvimos a un paso de recuperarlas por la vía diplomática

Gustavo Cairo trae al presente la negociación diplomática fallida en los años '60 que pudo dejar atrás la época colonizadora de las Islas Malvinas por parte del gobierno británico.

Gustavo Cairo

El desembarco de las Fuerzas Armadas Argentinas en Malvinas el 2 de abril de 1982 marcó el punto final a un camino diplomático que en algunos pasajes, estuvo a punto de culminar con la transferencia de la soberanía de las islas a la República Argentina.

Nos favorecía el contexto global de un proceso de descolonización impulsado por la ONU. Llegando a la década del 60 casi todo el continente africano tenía dueños europeos. Francia, Gran Bretaña, Portugal y Bélgica eran poseedores de colonias muy importantes allí. Italia había sido obligada a marcharse de Libia y Etiopia después de la 2da.guerra. Sólo Sudáfrica y Egipto hacía varias décadas eran independientes.

En 1960 la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) después de un arduo trabajo, dictó la resolución n° 1514 que "Proclama solemnemente la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones". Esta resolución condicionó notablemente a los principales países coloniales y generó un proceso de descolonización sin precedentes.

A partir de la misma Francia liberó a Camerún, Togo, Senegal, Mali, Madagascar, Argelia y Costa de Marfil, siguiendo lo realizado con Marruecos y Túnez poco antes; Bélgica abandonó la ocupación del Congo; Gran Bretaña la de Nigeria, Kenia, Zambia, Uganda, Ghana, Somalia y Zimbawe. Portugal terminó liberando a Angola y Mozambique. Todas estas ex colonias se convirtieron en nuevos países.

Como vemos, el escenario internacional era ideal para discutir la devolución de las Islas Malvinas, que representaban mucho menos para el Reino Unido que lo entregado en Africa. No obstante, los británicos argumentaban el derecho a la autodeterminación de los isleños y por ello en un primer momento se negaban a discutir la soberanía sin contemplar sus "deseos".

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En 1965 una nueva resolución de la ONU la 2065, incluyó explícitamente a las islas Malvinas en el proceso de descolonización: "Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido... acerca de la soberanía sobre dichas islas, os invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido... a proseguir sin demora las negociaciones... a fin de encontrar una solución pacífica al problema (según la resolución 1514, de descolonización), así como los intereses de la población de las Islas Malvinas (Falklands Islands)".

Gran espaldarazo para la posición de nuestro país, porque instaba a Gran Bretaña a discutir la soberanía de las islas con Argentina de forma bilateral y dejaba fuera de las negociaciones a los kelpers. Sólo pedía contemplar sus intereses, de forma objetiva, pero no sus deseos. Es decir, los excluía de la decisión final. En ese momento la población de Malvinas era de unos 2.000 habitantes. Su máxima autoridad era un gobernador puesto por Londres, acompañado por un Consejo Ejecutivo conformado por isleños. Los malvinenses no tenían la ciudadanía británica en ese momento, estatus que adquirieron después de la guerra.

Con este impulso Argentina, gobernada por Arturo Illia invitó a Gran Bretaña cuyo primer ministro era el laborista Harold Wilson a entablar negociaciones. En enero de 1966 llegó a Buenos Aires el canciller británico Michael Stewart para tratar la disputa por la soberanía con las autoridades argentinas. Era la primera vez, desde el inicio de las protestas argentinas en 1833, que el gobierno inglés dialogaba oficialmente sobre el tema. Las negociaciones siguieron en Londres ese año. Argentina se comprometió a respetar los intereses y el modo de vida de los malvinenses, como el idioma inglés, la libertad religiosa y el derecho de propiedad. Los delegados argentinos fueron informados extraoficialmente que el gobierno británico no tenía intereses estratégicos, políticos o económicos que perseguir en las Malvinas. Pero, para transferir el territorio a Argentina, era necesario convencer a los isleños de las ventajas de un acercamiento con Argentina, mediante comunicaciones y entendimientos. El problema que restaba era encontrar cuándo y cómo se haría el traspaso de soberanía.

A lo largo de 1967 hubo conversaciones permanentes. Gran Bretaña propuso un documento de trabajo entregado a diplomáticos argentinos que decía: "Su Majestad Británica estará preparada para transferir la soberanía sobre las Islas Falkland a la Argentina a condición de que el cambio sea aceptable a los habitantes de las Islas Falkland". En septiembre, los cancilleres se reunieron en Nueva York durante la Asamblea General de la ONU. Allí se redactó un documento que se llamó Memorándum de entendimiento.

Cuando supo de estos avances la Falkland Island Compañy (FIC), empresa lanera con dueños británicos, propietaria de dos tercios de las tierras en Malvinas, comenzó un importante lobby. Envió una carta a los medios y al Parlamento británicos que decía que los isleños "no quieren ser argentinos" y que "son tan británicos como nosotros".

No obstante ello, decidido a avanzar, en febrero de 1968 Londres envió a Malvinas a un alto funcionario para presentarle el borrador del tratado al Consejo Ejecutivo de las islas y explicar las razones por las que el RU quería firmarlo. El mensaje fue: «Gran Bretaña ya no podría mantener en las islas fuerzas navales suficientes para brindar protección; ya no podría contribuir financieramente por la declinación del precio de la lana en el mundo; que había que tener en cuenta los intereses de la gran comunidad británica en Argentina y que los isleños lo pasarían mejor dependiendo de Argentina».

En 1968 se firmó el "Memorándum de Entendimiento" que implicaba una apertura de comunicaciones con el continente y la eventual transferencia de soberanía, toda vez que las salvaguardas ofrecidas por Argentina a los intereses de los isleños fueran consideradas aceptables por el gobierno británico. Decía el acuerdo: "El objetivo común es solucionar definitivamente y en forma amistosa la disputa sobre la soberanía, teniendo en cuenta los intereses de la población de las Islas...promover la libertad de movimiento entre el territorio continental y las Islas, en ambas direcciones, el desarrollo de vínculos culturales, económicos y otros. El gobierno del Reino Unido, reconocerá la soberanía de la República Argentina sobre las Islas a partir de una fecha a ser convenida tan pronto como sea posible... cuando el gobierno del Reino Unido considere que los intereses de los isleños estén asegurados por el gobierno argentino....".

El Telegraph publicó esta foto de la manifestación de británicos en Malvinas contra la firma del Memorandum.


El gobierno del dictador Onganía se demoró en aprobarlo definitivamente. Hacía ruido que Inglaterra se reservara la facultad unilateral de evaluar si se cumplían los intereses de los isleños. Mientras tanto en Londres el lobby isleño seguía presionando al gobierno. El diario The Daily Express publicó en primera plana "Las Falkland vendidas", "el Gobierno entregó las Falkland a la Argentina,". En el Parlamento la oposición fustigó el acuerdo mezclando nostalgias imperiales con cuestionamientos al gobierno de facto de Argentina. Finalmente, el 9 de diciembre de 1968, el embajador argentino comunicó al Foreign Office que su gobierno estaría dispuesto a aprobar el Memorándum si se dejaba de lado la declaración unilateral prevista por Gran Bretaña. Dos días después el primer ministro, cansado de pagar costos políticos por este tema desistió del acuerdo con Argentina.

En 1969 Argentina para retomar el diálogo, propuso fortalecer los vínculos entre el continente y las islas, mediante el establecimiento de enlaces aéreos y marítimos, sin discutir el tema soberanía en lo inmediato. Hubo idas y vueltas, hasta que en 1971 se firmó una "Declaración Conjunta sobre comunicaciones entre las Islas Malvinas y el territorio continental argentino". La Declaración comprendió un conjunto de medidas que facilitaron el movimiento de personas y bienes entre el continente y las islas en ambas direcciones, promoviendo el establecimiento de vínculos culturales, sociales y económicos entre los isleños y el resto de los argentinos. De esta manera se quería construir confianza para una futura negociación de la soberanía.

El gobierno británico seguía con intensión de entregar las islas y a la vez buscaba no tener problemas con la oposición de los isleños. En ese marco Argentina otorgó un documento a los malvinenses sin referencia a la nacionalidad que les permitía viajar libremente al continente y los británicos no exigían pasaporte para el ingreso de argentinos a las islas. Argentina instauró dos vuelos semanales desde Comodoro Rivadavia y en 1972 inauguró un aeropuerto en Puerto Argentino/Stanley. Se otorgaron becas a los isleños para estudiar en el continente. Se avanzó en turismo, intercambio cultural, comercial, bancario, comunicaciones postales y telefónicas. YPF se radicó en las islas para abastecer combustible líquido. Gas del Estado comenzó a proveer gas en las islas, inexistente allí hasta ese momento. Productos frescos argentinos empezaron a llegar a los comercios. El Hospital Británico de Buenos Aires y el hospital de Comodoro Rivadavia brindaban asistencia médica a los isleños.

Además se instauró el español como idioma obligatorio en las escuelas primarias y secundarias de las islas. Dos maestras argentinas, las hermanas Fernanda y Teresa Cañás fueron las primeras que viajaron al archipiélago. Londres proveía la vivienda y el gobierno argentino les pagaba el sueldo. Fernanda, contó: "la hostilidad inicial se transformó en una relación cordial con el paso de los meses. Le daban clases a la tarde a la esposa del gobernador británico, a pedido de éste para que fuera un ejemplo para los isleños; luego muchos mayores se sumaron. Por la mañana daban clases en la escuela. Dice Fernanda: "Teníamos material del Consejo Nacional de Educación, lo más avanzado posible, que ni siquiera estaba en la Argentina, como los pizarrones magnéticos, y los isleños no podían creerlo". ?¿Así dan clases en la Argentina?', preguntaban". Las maestras permanecían un año y eran reemplazadas.

Para presionar, en diciembre del 73, Argentina ya gobernada por Perón promovió en la ONU la Resolución 3160 en la cual la comunidad internacional manifestó su «grave preocupación» por la falta de avances en la solución de la cuestión de las islas Malvinas y agradeció los esfuerzos realizados por el gobierno argentino, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las islas".

El éxito obtenido por Argentina para ganar la confianza y simpatía de los isleños, en especial de los más jóvenes, llevó al gobierno británico a evaluar en junio de 1974, la posibilidad de establecer un condominio anglo-argentino como paso previo a una solución final a la disputa de soberanía y redactó un borrador de documento que establecía: "que ambas banderas flamearan juntas, se adoptaran español e inglés como idiomas oficiales, doble nacionalidad para los isleños, y que el gobernador fuese designado alternativamente por la Reina y el Presidente de Argentina. Sobre esas bases, el gobierno inglés aceptaba, en forma oficial y preliminar, iniciar las conversaciones en Buenos Aires". Las conversaciones sobre el asunto del condominio se desarrollaron en forma muy confidencial. La muerte de Perón y del embajador británico ocurridas en los meses siguientes, además de la violenta inestabilidad política en Argentina, hicieron que no se siguiera trabajando esa interesante opción transitoria.

En 1975 algunas empresas petroleras británicas accedieron a un informe geológico respecto de la posible existencia de petróleo en el mar circundante a Malvinas. En 1976 el gobierno inglés envió a Lord Shackleton a las islas Malvinas, para evaluar esa posibilidad, publicando un informe sobre el futuro de la economía de las islas, conocido como el «Informe Shackleton» detallando el potencial pesquero y petrolero de las aguas circundantes disputadas con Argentina.

Los ingleses con esta nueva perspectiva se negaron a seguir discutiendo la transferencia inmediata de las islas. No obstante, desde 1977 en el Comité de Descolonización de la ONU se trabajaba en un acuerdo que reconociera la soberanía de Malvinas a Argentina y la concesión del uso del territorio a los isleños por 99 años. Similar al convenio que Gran Bretaña hizo con China por la transferencia de Hong Kong.

En abril del 82 Galtieri y Thatcher improvisaron el conflicto armado para mejorar su respectiva imagen interna. Por ello desistieron de las opciones de mediación planteadas por Perú y USA. La guerra deparó 649 argentinos y 255 británicos muertos. Se combatió con valor y honor. Son muy recomendables los videos en youtube editados por Nicolás Kasanzew, de militares argentinos y británicos, como el titulado "Malvinas: Británicos hablan de como peleó la Argentina", en los que expresan admiración recíproca.

Simón Jenkins periodista británico autor del libro The Battle for the Falklands, escribió en el diario The Guardian un artículo con motivo de los cuarenta años del comienzo de la guerra titulado: "La soberanía británica sobre las Malvinas es una absurda resaca imperial que debe terminar", reproducido por La Nación el 8 de abril de 2022.

El escritor inglés plantea retomar la idea que se trabajaba antes de la guerra, es decir la transferencia de soberanía a la Argentina, preservando la posesión para los isleños por un tiempo prolongado. Argumenta que los isleños no pueden invocar su autodeterminación porque no pueden mantenerse solos y que dependen enteramente de Gran Bretaña para subsistir, lo cual tiene un costo anual para Londres de 60 millones de libras esterlinas al año, unas 20.000 libras por kelper.

Desde nuestro país, Fernanda Cañás, aquella maestra pionera en las islas, que años más tarde fue embajadora argentina en Marruecos y funcionaria de cancillería, basada en su gran experiencia ha dicho que hay que retomar la senda diplomática: "debemos ser atractivos, estables, sin usar las Malvinas para uso de política doméstica, sino pensando en nuestra política exterior".

Sin lugar a dudas no son las bravuconadas de consumo interno que hieren orgullos y alejan voluntades, sino la labor de una diplomacia seria la que llevará a la solución de este sentido conflicto. Estuvimos varias veces a un paso. Ese es el camino.


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