"La sociedad del cansancio": ¿quiénes somos?, ¿qué seremos?

Byung-Chul Han nació en 1959 en Seúl pero se radicó en Alemania. Filósofo, pregunta y llama a preguntarnos. Sus libros indagan y responden: "La sociedad del cansancio", "La sociedad de la transparencia" y "La agonía de Eros" (en la editorial Herde). Una convocatoria a pensar quiénes somos. O qué seremos.

La sociedad de rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje. Entretanto, el Neuro-Enhancement reemplaza a la expresión negativa «dopaje cerebral». El dopaje en cierto modo hace posible un rendimiento sin rendimiento. Mientras tanto, incluso científicos serios argumentan que es prácticamente una irresponsabilidad no hacer uso de tales sustancias. Un cirujano que, con ayuda de nootrópicos, opere mucho más concentrado, cometerá menos errores y salvará más vidas. Incluso un uso general de drogas inteligentes, según ellos, no supone ningún problema. Sólo hay que establecer cierta equidad, de manera que estén a disposición de todos. Si el dopaje estuviera permitido también en el deporte, este se convertiría en una competición farmacéutica. Sin embargo, la mera prohibición no impide la tendencia de que ahora no sólo el cuerpo, sino el ser humano en su conjunto se convierta en una «máquina de rendimiento», cuyo objetivo consiste en el funcionamiento sin alteraciones y en la maximización del rendimiento. El dopaje sólo es una consecuencia de este desarrollo, en el que la vitalidad misma, un fenómeno altamente complejo, se reduce a la mera función y al rendimiento vitales. El reverso de este proceso estriba en que la sociedad de rendimiento y actividad produce un cansancio y un agotamiento excesivos. Estos estados psíquicos son precisamente característicos de un mundo que es pobre en negatividad y que, en su lugar, está dominado por un exceso de positividad. No se trata de reacciones inmunológicas que requieran una negatividad de lo otro inmunológico. Antes bien, son fruto de una «sobreabundancia » de positividad. El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma. El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas ( Alleinmüdigkeit ), que aísla y divide. Corresponde al cansancio que Handke, en el "Ensayo sobre el cansancio", denomina el «cansancio que separa»: «[...] los dos estábamos cayendo ya, cada uno por su lado; cada uno a su cansancio más propio y particular, no al nuestro, sino al mío de aquí y al tuyo de allá». Este cansancio que separa atormenta «con la incapacidad de mirar y con la mudez». Solamente el Yo llena por completo el campo visual. Byung-Chul Han. Fragmento tomado de "La sociedad del cansancio", editorial Herder.

El libro "La sociedad del cansancio"

Escribe Xavier Zambrano, de factorhuma.org:

En este libro, el escritor y Doctor en Filosofía por la Universidad de Friburgo, Byung-Chul Han (Seúl, 1959), entra en diálogo crítico con los principales teóricos de la postmodernidad. Sostiene que estamos en una sociedad del rendimiento donde el paradigma es la emprendeduría. Dicha (auto)exigencia de rendimiento conduce a un cansancio que es más bien un malestar existencial que un cansancio físico.

Byung-Chul Han crítica las metáforas inmunológicas de Baudrillard al hablar de la sobreabundancia de cosas idénticas en la sociedad global. También considera rebasada la visión de Foucault de una sociedad disciplinaria, marcada por mecanismos de control como las cárceles, cuarteles y fábricas.

La noción de cansancio está vinculada con la saturación que provoca la hiperactividad (el culto al multitasking). En esta línea discrepa de las alabanzas a la vida activa (animal laborans) que encontramos en Hannah Arendt y reclama un retorno a la vida contemplativa, que sitúa sobre todo en la mirada. La clave, según el autor, es no responder inmediatamente a los estímulos o impulsos, sino trabajar una mirada soberana, que se empeñe en no ser dirigida y llevada por los vientos que soplan en cada momento y por las cosas llamativas que reclaman atención. Es patente que dicho pensamiento choca frontalmente con la dinámica de las redes sociales y su tentación de opinar constantemente sobre lo que pasa en cada momento. Una tentación que Nietzsche ya consideraba nociva para la pregnancia que requiere toda obra y pensamiento elaborado.

En el libro encontramos referentes filosóficos, pero también literarios, como los cuentos de Kafka o el relato sobre el oficinista Bartelby de Melville (al que dedica todo un capítulo donde lo interpreta como una historia sobre el agotamiento). En la visión del autor, el cansancio no es necesariamente negativo, porque puede conducir a un agotamiento lleno de potencialidades que abjure de la vida activa. Sin embargo, si el cansancio conduce a la necesidad de todo tipo de dopajes (químicos y espirituales) acabamos en una sociedad del burn-out, en la que el culto supremo es la rapidez y los resultados. Cabe destacar la crítica explícita al culto al fitness, que el autor despacha con una frase irónica: "Somos zombis de la salud y del fitness, zombis del rendimiento y del bótox. De este modo, hoy estamos demasiado muertos como para vivir y somos demasiado vitales como para morir".

Libro breve (118 páginas), pero denso, que maneja conceptos filosóficos avanzados como alteridad, inmanencia... Por lo tanto, es recomendable que el lector tenga una formación humanista, porque estos conceptos son usados sin detenerse a explicarlos. Es una lectura meditativa, para releer, en la que sólo hay que lamentar que no se dedique más espacio a fundamentar algunas de sus críticas a los teóricos anteriores. Según Byung-Chul Han, el neoliberalismo no sólo genera desigualdad, sino que no es "bello", en el sentido que arrincona la posibilidad de reacciones contemplativas.

El autor que nos interpela

Después de estudiar metalurgia en Seúl, Byung-Chul Han (1959) mintió a sus padres para irse hasta Alemania a aprender literatura sin siquiera dominar el idioma. Había otro inconveniente: "Leía demasiado despacio"; entonces, contó en una entrevista, "me pasé a la filosofía". Según el último gran crítico cultural formado en Alemania, "para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día".

En 1994, el hombre que estudió las prácticas del capitalismo chino en Shanzhai: el arte de la falsificación y la deconstrucción en China, se doctoró en la Universidad de Munich con una tesis sobre Martin Heidegger, uno de los autores que permean sus textos donde conecta una amplia tradición de pensamiento (Kant, Freud y Agamben, entre otros) con algunos males actuales.

La expulsión de lo distinto

Su diagnóstico es que el hombre contemporáneo ha perdido cada vez más la capacidad de oír. "Lo que hace difícil escuchar es sobre todo la creciente focalización en el ego, el progresivo narcisismo de la sociedad", escribe en La expulsión de lo distinto.

Luego sigue: "En la comunicación analógica tenemos, por lo general, un destinatario concreto, un interlocutor personal. La comunicación digital, por el contrario, propicia una comunicación expansiva y despersonalizada, que no precisa interlocutor personal, mirada ni voz".

Como ejemplo pone a los mensajes que enviamos por Twitter: "No van dirigidos a una persona concreta. No se refieren a nadie en concreto. Los medios sociales no fomentan forzosamente la cultura de la discusión. A menudo los manejan las pasiones. Las shitstorms o los ‘linchamientos digitales' constituyen una avalancha descontrolada de pasiones que no configura ninguna esfera pública".

Ser o parecer

De Internet, Han sugiere que solo obtenemos información, "y para ello no tengo que dirigirme a ningún interlocutor personalmente (...), no tengo que desplazarme al espacio público. Más bien, hago que la información y los productos vengan a mí".

En La expulsión de lo distinto, el filósofo advierte: "La comunicación digital me interconecta y al mismo tiempo me aísla. Destruye la distancia, pero la falta de distancia no genera ninguna cercanía personal".

Luego concluye: "Hoy, Internet no es otra cosa que una caja de resonancia del yo aislado. Ningún anuncio escucha".

En La agonía de Eros, otro de sus libros, Han explica que en la actual sociedad del espectáculo domina la importancia del parecer. "Ser ya no es importante -escribe- si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate", resume.

El cansancio

Según Byung-Chul Han, si en la era digital ya no sufrimos amenazas externas, como alguna vez lo fueron el lobo, las enfermedades propagadas por ratas o los ataques virales: hoy -asegura-, "la violencia, que es inmanente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer".

Con una sintaxis concreta -sus libros se empinan en promedio por sobre las cien páginas- y una escritura que elogia el aforismo, el filósofo que apenas concede entrevistas denuncia que, en el neoliberalismo, uno se explota a sí mismo hasta el colapso.

Por eso, dijo entrevistado por El País, "la sociedad del cansancio, como sociedad del rendimiento, no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación".

Han piensa que hoy cada cual es un "emprendedor de sí mismo" y busca "optimizarse". Con esa estrategia del poder, "que ya no tortura sino que fomenta el posteo", ganan el Estado y el mercado.

Como mostró algún capítulo improbable de la serie distópica Black Mirror, advierte, hoy cada ciudadano es un paquete de datos controlable. Además, la transparencia de la red acelera la emoción, y la emoción acelera el consumo. Ese ritmo enfermizo, asegura, "disuelve la negatividad y elimina lo otro o lo ajeno".

En su libro La sociedad del cansancio, Han describe cómo hemos mutado hacia una sociedad "positiva" sedienta de los "me gusta", anulando así cualquier indicio de negatividad.

La "tiranía de lo igual"

El año pasado Byung-Chul Han compartió una fórmula propia de resistencia política. Según contó en España, no usa smartphone, escucha solo música analógica -en la charla dijo que tiene dos pianos y un wurlitzer- y no hace turismo, "el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías", dijo.

Allí también confesó que ha dedicado años de su vida "a cultivar un jardín secreto", cuya experiencia destila en el libro Loa a la tierra, donde asegura que el jardín lo aleja de su ego y que, pese a que no ha tenido hijos, a través de él va "aprendiendo lentamente qué significa brindar asistencia, preocuparse por otros".

Según el filósofo, su resistencia consiste en parar -dejar de dar "likes" y de subir variaciones de uno mismo a Instagram- y abrazar la demora -tema al que dedica su libro El aroma del tiempo-, incluso en exigir un tiempo de retiro de esa hiperconectividad que nos hace "esclavos y no amos". Abandonaríamos así, sintetiza, la "tiranía de lo igual" y dejaríamos de ver lo distinto -al migrante, al extranjero- como una amenaza. Ese otro, al que ni vemos ni tocamos ni olemos.

Sus definiciones, en síntesis

"Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose", le dijo al diario español El País el autor de La sociedad del cansancio. El diario, recogió, en su visita a Barcelona, una serie de definiciones del filósofo:

Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque "todos quieren ser distintos de los demás", lo que fuerza a "producirse a uno mismo". Y es imposible serlo hoy auténticamente porque "en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual". Resultado: el sistema solo permite que se den "diferencias comercializables".

Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, "del deber de hacer" una cosa al "poder hacerla". "Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede", y si no se triunfa, es culpa suya. "Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado". Y la consecuencia, peor: "Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión". Es "la alienación de uno mismo", que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

‘Big data'."Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial". ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? "No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías".

Comunicación. "Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!".

Jardín. "Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.

Narcisismo. Sostiene Han que "ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo". El problema reside en que "el narcisista es ciego a la hora de ver al otro" y sin ese otro "uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima". El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: "Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es".

Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. "Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas". Por ello propone "regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original".

Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal "no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia"; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. "La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros".

- Con información de El País, La Tercera, Ñ, Factor Huma y la casa editora Herder.

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