Blancos para volver a mirar: diez etiquetas que vale la pena descubrir

Una observación del autor a los vinos blancos que "aparecen como un territorio particularmente fascinante. No sólo por la calidad que han alcanzado, sino también por la enorme variedad de interpretaciones que ofrecen".

Ignacio Borrás

Hay algo que siempre me llamó la atención del mundo del vino. A medida que uno prueba más etiquetas, visita más bodegas y conversa con más productores, descubre que las certezas suelen durar bastante menos de lo que imaginaba.

Lo que parecía una verdad absoluta hace algunos años termina siendo revisado por una nueva cosecha, por un nuevo terroir o simplemente por una botella que aparece en el momento indicado para recordarnos que el vino sigue siendo una de las actividades más dinámicas y apasionantes que existen.

Quizás por eso me resulta tan interesante el presente que están viviendo los vinos blancos argentinos.

No porque hayan aparecido de repente. Tampoco porque necesiten reivindicarse frente a nadie. La realidad es que hace tiempo vienen construyendo una identidad sólida, cosecha tras cosecha, interpretando con cada vez mayor precisión los lugares de donde provienen y ofreciendo una diversidad de estilos capaz de sorprender incluso a quienes llevan años recorriendo este universo.

Lo que sí parece haber cambiado es nuestra forma de mirarlos.

Hoy resulta cada vez más frecuente encontrarse con consumidores que buscan descubrir nuevas variedades, explorar perfiles diferentes o simplemente salir de los caminos habituales para encontrarse con expresiones distintas del vino argentino. Y en esa búsqueda, los blancos aparecen como un territorio particularmente fascinante. No sólo por la calidad que han alcanzado, sino también por la enorme variedad de interpretaciones que ofrecen.

Detrás de una copa pueden convivir la tensión de la altura, la profundidad de un gran Chardonnay, la identidad recuperada de un Semillón o la creatividad de proyectos que se animan a desafiar las categorías tradicionales. Esa riqueza es, probablemente, una de las razones que explican por qué la categoría atraviesa un momento tan atractivo.

Durante el último mes tuve la oportunidad de degustar una serie de etiquetas que reflejan muy bien esa realidad. Vinos elaborados por bodegas con historias, estilos y filosofías diferentes, pero unidos por una misma búsqueda: expresar con autenticidad el potencial que hoy tienen los grandes blancos argentinos.

La selección que sigue reúne algunos de ellos, es simplemente una invitación a descorchar, probar y dejarse sorprender por una categoría que continúa evolucionando y que, afortunadamente, parece tener todavía mucho por decir.

Bodega Monteviejo

Les Fleur Blanc de Noir

OPINION PERSONAL: Uno de los vinos que más me sorprendió en el ultimo mes fue este lanzamiento de Monteviejo. Desde la primera copa deja en claro el ADN de la bodega, mostrando una elegancia muy marcada y una expresión aromática atractiva donde aparecen notas de pera fresca, durazno blanco y sutiles recuerdos de flores de azahar, todo integrado con gran equilibrio. Es de esos vinos que llaman la atención por lo que muestran, pero también por lo que deciden no exagerar. En boca se presenta amplio, con una textura envolvente y una frescura que aporta equilibrio durante todo el recorrido. Su final es largo, persistente y deja esa agradable sensación que invita naturalmente a volver a la copa. Lo elegí para esta selección porque demuestra que siempre hay espacio para seguir explorando nuevos caminos dentro del vino argentino. Celebro que bodegas como Monteviejo continúen apostando por propuestas diferentes y se animen a ampliar los límites de lo que conocemos. me quedó la sensación de estar frente a una etiqueta con personalidad propia y con argumentos suficientes para ganarse un lugar destacado entre los amantes de los vinos blancos.

Blancos para volver a mirar: diez etiquetas que vale la pena descubrir

Bodega López

Chateau Vieux Chardonnay Gran Reserva

OPINION PERSONAL: Hablar de Château Vieux es hablar de una de las etiquetas con más historia dentro de la vitivinicultura argentina. En esta versión tenemos un Chardonnay, sin dudas la bodega logra un vino elegante y complejo, pero al mismo tiempo accesible y fácil de disfrutar. En nariz destacan las notas de pan tostado, almendras, avellanas y un delicado aporte de vainilla proveniente de su crianza, acompañadas por recuerdos de frutas maduras que terminan de completar un conjunto muy atractivo. En boca muestra volumen, buena estructura y una textura cremosa que encuentra equilibrio gracias a una frescura bien integrada. Es un vino que permite apreciar claramente el aporte de la madera sin que ésta se imponga sobre la fruta, algo que no siempre resulta sencillo de lograr. Lo elegí para esta selección porque representa muy bien un estilo de Chardonnay que sigue teniendo mucho para ofrecer. Además, en un contexto donde muchas veces los grandes vinos parecen quedar reservados para unos pocos, Château Vieux demuestra que todavía es posible encontrar complejidad, elegancia y una excelente relación precio-calidad dentro de una misma botella.

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Sangre de Júpiter Semillón - Sangiovese

OPINION PERSONAL: Hay vinos que llaman la atención por su calidad y otros que lo hacen porque se animan a recorrer caminos poco transitados. Sangre de Júpiter pertenece claramente a este segundo grupo. Desde la primera copa invita a descubrir una combinación poco habitual donde el Semillón aporta identidad y carácter, mientras que el Sangiovese suma una delicadeza que termina definiendo el perfil del vino. En nariz aparecen notas de frutas de carozo, cáscara de limón y suaves recuerdos herbales que le aportan frescura y complejidad. En boca se muestra equilibrado, con una textura amable y una tensión que acompaña el recorrido sin perder elegancia. Lo elegí para esta selección porque fue uno de los vinos que más despertó mi curiosidad durante el último tiempo. Como admirador del Semillón, me resultó especialmente interesante ver cómo el aporte del Sangiovese suma finura y construye una expresión diferente a lo que estamos acostumbrados. Es una etiqueta que demuestra que todavía existen muchas posibilidades por explorar dentro de los vinos blancos argentinos.

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Bodega Viña Cobos

Felino Chardonnay

OPINION PERSONAL: Felino Chardonnay es uno de esos vinos que logran combinar muy bien frescura y complejidad sin perder identidad. En nariz ofrece una expresión franca y atractiva, donde aparecen notas de manzana verde, ananá fresco, acompañadas por delicados recuerdos de vainilla y pan tostado aportados por su paso por madera. El conjunto resulta armonioso y equilibrado, permitiendo que ninguno de los componentes busque sobresalir por encima del otro. En boca confirma lo que anticipa en nariz. La fruta ocupa un lugar central durante todo el recorrido, mientras que la madera aparece integrada, aportando volumen y estructura sin opacar la frescura del vino. Lo elegí para esta selección porque representa muy bien un estilo de Chardonnay que suele conquistar tanto a quienes recién comienzan a explorar los blancos como a los consumidores más experimentados. Es un vino completo, fácil de disfrutar y que demuestra por qué Viña Cobos sigue siendo una referencia cuando se habla de consistencia y calidad.

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Vinculum Chardonnay

OPINION PERSONAL: Vinculum Chardonnay es un vino que habla claramente del trabajo detrás de cada viñedo. En nariz se muestra profundo y elegante, con notas de pera madura, flores de tilo, miel suave y delicados recuerdos de nueces que aportan complejidad sin perder frescura. Es de esos vinos que invitan a tomarse unos minutos antes de la primera copa, porque siempre aparece algún matiz nuevo a medida que gana temperatura y oxigenación. En boca tiene estructura, intensidad y una textura envolvente que llena el paladar sin resultar pesada. La frescura sostiene el recorrido y permite que el vino conserve precisión incluso con el paso de los minutos. Lo elegí para esta selección porque representa de gran manera cómo el trabajo en el viñedo puede transformarse en identidad dentro de la copa. Es un Chardonnay que se disfruta plenamente hoy, pero que también tiene las condiciones necesarias para evolucionar muy bien durante algunos años, ofreciendo distintas experiencias según el momento en que se decida abrir la botella.

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Bodega Zuccardi

Polígonos San Pablo Verdejo

OPINION PERSONAL: Polígonos San Pablo Verdejo es uno de esos vinos que permiten entender con claridad la importancia del terroir en la construcción de una identidad. En nariz se muestra expresivo y muy definido, con notas de hinojo, hierbas silvestres, cáscara de pomelo y un delicado perfil mineral que le aporta carácter y complejidad. Todo aparece en equilibrio, respetando la esencia varietal y dejando en evidencia el trabajo realizado para interpretar de la mejor manera el lugar de donde proviene. En boca tiene una tensión marcada, frescura y una energía que lo vuelve sumamente atractivo. Es un vino con personalidad, de esos que difícilmente pasen desapercibidos para quien los prueba por primera vez. Lo elegí para esta selección porque siempre recomiendo descubrirlo. Más allá de la calidad del vino, me parece un gran ejemplo de cómo una variedad menos habitual puede encontrar una expresión propia cuando se combina un gran terroir con una visión clara de elaboración. Un blanco diferente, con estilo definido y mucho para ofrecer a quienes buscan salir de los caminos más tradicionales.

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Bodega Manuel Mas

Manuel Mas Chardonnay

OPINION PERSONAL: Manuel Mas Chardonnay es uno de esos vinos que confirman que el tamaño de una bodega no siempre guarda relación con la calidad de sus vinos. En nariz ofrece una expresión precisa y elegante, donde aparecen notas de manzana amarilla, pomelo rosado y flores blancas, acompañadas por sutiles recuerdos minerales que aportan complejidad y profundidad. Es un vino que encuentra atractivo en la sutileza y que se expresa con claridad desde el primer momento. En boca muestra una tensión muy marcada, sostenida por una frescura vibrante que le aporta dinamismo y prolonga su recorrido. Tiene equilibrio, energía y una identidad bien definida que lo hace destacar dentro de la categoría. Lo elegí para esta selección porque, una vez más, Manuel Mas demuestra que los proyectos más pequeños también pueden elaborar vinos de altísimo nivel. Para quienes todavía no conocen la bodega, este Chardonnay es una excelente puerta de entrada a un proyecto que no tiene nada que envidiarles a nombres mucho más consolidados de la vitivinicultura argentina.

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Bodega El Enemigo

El Enemigo Semillón

OPINION PERSONAL: El Enemigo Semillón es, para mí, una de las grandes referencias de la variedad en Argentina. En nariz combina complejidad y elegancia a través de notas de cera de abeja, manzanilla, piel de limón y delicados recuerdos de hierbas secas que aportan profundidad y personalidad. Es un vino que se expresa con claridad y que, al mismo tiempo, invita a descubrir nuevos matices a medida que evoluciona en la copa. En boca muestra una textura envolvente, una frescura precisa y una estructura que le permite proyectarse en el tiempo y llenan la boca. Lo elegí para esta selección porque representa muy bien el enorme potencial que tiene el Semillón cuando encuentra una interpretación respetuosa y ambiciosa. El estilo de elaboración potencia las características propias de la variedad y le aporta una capacidad de guarda que no siempre se encuentra en los vinos blancos. Es una de esas etiquetas que, recomiendo una y otra vez, tanto para quienes ya conocen el varietal como para quienes quieren descubrir por qué el Semillón ocupa un lugar tan especial dentro de la historia del vino argentino.

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Bodega Terrazas de los Andes

Terrazas de los Andes Origen Chardonnay

OPINION PERSONAL: Entre los lanzamientos recientes que tuve la oportunidad de probar, Terrazas de los Andes Origen Chardonnay me dejó una muy buena impresión. En nariz se muestra expresivo y atractivo, con notas de ananá fresco, maracuyá y mango, acompañadas por un delicado aporte de la crianza que suma complejidad sin quitar protagonismo a la fruta. Es un vino moderno, equilibrado y muy agradable de descubrir desde la primera copa. En boca presenta buena tensión, una frescura bien integrada y un recorrido fluido que invita a seguir tomándolo. Lo elegí para esta selección porque, si bien tiene identidad propia, permite reconocer parte del ADN que hizo tan reconocido a su hermano mayor el Grand Chardonnay. No busca imitarlo ni competir con él, sino ofrecer una interpretación diferente, más accesible y directa, manteniendo el nivel de calidad que caracteriza al proyecto. Una muy buena puerta de entrada para entender el trabajo que Terrazas de los Andes viene realizando con esta variedad.

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Terrazas de los Andes Grand Chardonnay

OPINION PERSONAL: Hay vinos que uno disfruta al probarlos por primera vez y otros con los que construye una relación a lo largo del tiempo. Grand Chardonnay pertenece claramente a este segundo grupo. Es una etiqueta que descubrí hace algunos años y a la que siempre vuelvo con gusto, encontrando en cada cosecha nuevos motivos para seguir recomendándola. En nariz muestra una gran complejidad, con notas de avellanas tostadas, miel, manteca fresca y delicados recuerdos minerales que aportan profundidad y elegancia. En boca combina volumen, tensión y precisión de una manera admirable. Tiene textura, persistencia y una energía que le permite mantener frescura incluso con toda la complejidad que ofrece. Lo elegí para cerrar esta selección porque representa muy bien todo lo que un gran blanco argentino puede llegar a expresar. Es un vino que brinda enorme satisfacción al disfrutarlo hoy, pero que también recompensa a quienes deciden darle tiempo. No por casualidad todavía conservo algunas botellas en mi cava esperando el momento indicado para volver a encontrarnos.

Blancos para volver a mirar: diez etiquetas que vale la pena descubrir

Después de recorrer esta selección, hay una conclusión que vuelve a aparecer una y otra vez: los grandes vinos nunca terminan de conocerse por completo. Siempre encuentran una forma de mostrar algo diferente, de despertar una nueva sensación o de invitarnos a mirar desde otra perspectiva.

Tal vez por eso sigo disfrutando tanto descubrir etiquetas nuevas y volver a otras que conozco desde hace años. Porque más allá de los puntajes, las tendencias o las modas, el verdadero valor del vino sigue estando en esa capacidad de sorprendernos cuando creemos que ya lo hemos visto todo.

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