Manual de mañas policiales: con estos prejuicios instruyó Mendoza a sus uniformados

Las mañas que aplicó la Policía de Mendoza durante sus peores años no fueron espontáneas, sino que las aprendieron de un viejo manual al que accedió Memo y que se usó en plena democracia.

Equipo Memo

El manual con el que se entrenó a los policías mendocinos por lo menos entre 1988 y 1991 y al que tuvo acceso Memo, demuestra cómo los uniformados recibieron una preparación cargada de estereotipos y de recetas para salir bien parados frente a situaciones difíciles (para ellos).


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Todo esto no sucedió bajo un gobierno de facto, sino en pleno ejercicio de un gobierno constitucional, el de Rodolfo Gabrielli.

Con frecuencia se dice que "todo tiempo pasado fue mejor". No es el caso de la institución policial mendocina, que carga sobre sus hombros una historia que permite compararla con las fuerzas más "bravas" del país. Y que quede claro, decimos brava que no es lo mismo que eficiente, decente, preparada y tantos otros calificativos que podríamos ponerle a una buena fuerza policial.

Cuando analizamos su accionar muchas veces somos ingratos al igualar para abajo. Los policías que están cursando en el Instituto Universitario creado tras la reforma de 1998 seguramente no merecen caer en la misma bolsa que aquellos que todos los días aparecen en la prensa, aun hoy, acusados por abusos, asesinatos o gatillo fácil.

Esos "factores culturales" de los que siempre hablamos desde la prensa no se transmiten con los genes, sino que se aprenden con manuales como el que encontramos y que aquí mostramos.

Con un formato "de bolsillo", el pequeño libro de 109 páginas fue ideado para portarlo todos los días y consultarlo en caso de emergencia.

Fue impreso el 17 de julio de 1990 en los talleres del diario Los Andes, pero -según lo acredita en el prólogo quien fuera el Jefe de Policía, Carlos Vicente Pacífico- sirvió como herramienta para "fusionar lo teórico con lo práctico" y como parte del "Plan de Acción Institucional" para el ejercicio 1988 - 1991. De él, en esta oportunidad, se imprimieron 5 mil ejemplares, más de 1 por cada uniformado de aquel entonces.

Hay que decir, además, que tan importante y grave como el contenido del volumen resultan las "consideraciones finales" que incluyeron sus autores. No bastó mal aconsejar a los hombres y mujeres de la policía (aunque el texto está dirigido sólo a los de género masculino) sino, después de todo lo recomendado se les dijo algo así como que "de todos modos, más vale aplicar el sentido común que este manual". Textualmente, dice que el texto "no pretende ser táctico en las distintas especificaciones; siempre prevalecerá su buen criterio para aplicar sus contenidos".


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Metiéndonos de lleno en sus "Reflexiones para un mejor proceder" elaborado por la División Doctrina y Editorial de la Dirección de Coordinación de Planeamiento de la Policía en el primer gobierno de la democracia, encontraremos estas perlitas oscuras y, a veces, tragicómicas pero demasiadas otras ocasiones, colaterales, insustanciales e impertinentes, cuando no abusivas, de la formación policial mendocina.

"Cómo actuar frente a los periodistas"


El capítulo Octavo del manual lo elegimos para encabezar la lista, porque nos toca en lo más íntimo. Aconseja a los miembros de la fuerza cómo actuar frente a personas difíciles y enumera acciones para: "menores, adolescentes, mujeres, dementes, ebrios, drogadictos y... periodistas". Y dice: "sin previa autorización de la superioridad se prohíbe que el policía efectúe entrevistas, declaraciones o discursos por los medios de comunicación". Sin embargo, en caso de que las cámaras o grabadores tomasen al policía in fraganti, el manual da 3 consejos, a saber:

a) "El hecho de ser fotografiado o televisado no justifica que no lleve a cabo su trabajo (...) Si piensa que las fotografías o lo televisado pueden dañarlo en cualquier aspecto, informe de inmediato a sus superiores de tal situación, aportando el nombre de la empresa de comunicación que intervino..."

b) Mantengase alejado de los demás policías en el lugar de un delito o accidente vial. Las fotografías de varios policías aparentemente sin nada que hacer, afectan las buenas relaciones públicas.

c) No sonría cuando esté trasladando aprehendidos, especialmente si sangran o están vendados. Ello causa mala impresión.

Cuidado con el sexo débil: Artículo 61 del Manual

"1- Las mujeres son más débiles que los hombres;

2- Los hombres pueden aprovecharse sexualmente de ellas. Y cuando se trata de hombres policías, estos supuestos se sostienen con mayor firmeza". Dicho esto, el pequeño libro instruyó a los miembros viriles de la fuerza (siempre el texto se dirige a los hombres y se menciona colateralmente a las mujeres policías): "Dado estos supuestos, reconocerá los peligros de tratar con las mujeres y, al mismo tiempo que cumple con su deber, tomará medidas para protegerse de posibles acusaciones". Está claro que el instructivo no habla de los derechos de las mujeres, ni de cómo recibir denuncias por maltrato.

Perfil de las mujeres

Advirtió el "Manual del Policía" elaborado en democracia que "las mujeres pueden mentir, engañar, robar y matar de la misma manera que los hombres y con la severidad que usted no espera y ahí es donde radica el peligro". Lo dice en la página 45. ¡Lo dice!

Cómo reconocer a un adolescente delincuente o infractor

"a) El aspecto sucio, combinado con ropas raídas;

b) La exhibición repetida de cicatrices y contusiones que pueden sugerir un temperamento irritable, demasiado agresivo; y,

c) Cualquier indicio de que el adolescente fume cigarrillos de marihuana, use narcóticos o repetidamente ingiera bebidas alcohólicas". La pequeña "Biblia del policía mañoso" olvidó aconsejar en torno a cómo orientar a jóvenes que necesitan ayuda de otra agencia no represiva del Estado, ni señala cuáles son los derechos con que cuentan, pero no olvidó recomendar a la tropa: "Ante el cometimiento de delitos por parte de los adolescentes, aprehéndalos sin lesionarlos. Cuando tenga que someterlos, tenga cuidado en la forma en que lo golpea. La sociedad en general repudia el empleo de la fuerza contra un adolescente".


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" ¿Está mal golpearlo mi Comisario? ¡Yo no dije eso, dije que está mal visto!", pudo ser un diálogo surgido de las enseñanzas oficiales a los civiles armados del Estado para defender y hacer cumplir la ley (a los demás, pero no a los camaradas, según este libro).

Cuándo "eliminar" a una persona

"Utilización de la fuerza pública: Capture a su oponente sólo cuando sea necesario y elimínelo únicamente como último recurso".

El uso del arma de fuego

Una serie de normas locales y nacionales, como asimismo recomendaciones internacionales a las que nuestro país adhiere, indican que a cada policía debe instruírsele en torno al uso del arma de fuego. Es eso lo que diferencia a un uniformado de cualquier otro civil: el Estado le dio un arma para trabajar y, por lo tanto, como responsable que es el Estado por lo que haga con ella, se intuye que los consejos que debería darles a sus policías tendrían que basarse en el respeto por las normas. El "Manual del Policía" dio vuelta el asunto y lo presentó de esta manera a los uniformados, en la página 14: "Como funcionario policial, usted no tiene la obligación de sufrir una lesión grave o fatal antes de protegerse o proteger la vida de terceros". Lo que sigue a este punto es una serie de recomendaciones para disparar y atinar con el tiro.

Sobre el peligro de los adictos

"La toxicomanía -advierte a sus hombres el Manual- es un problema especial para la policía". Detalla luego que "los drogadictos pueden ser de cualquier sexo" y, luego de dar algunas señas físicas de los efectos del continuo consumo de drogas en las personas, indica que hay que tener cuidado porque "estos síntomas no son suficientes, dado que una persona diabética puede mostrar los mismos síntomas". Pero da una receta para diferenciar diabéticos de adictos y, así, poder atraparlos: "los diabéticos se valen por si solos y los drogadictos dependen de otros", por lo que "se congregan en billares, confiterías, centros bailables..."

La higiene personal de los policías en "esa región"

Menos grave y más curioso que lo anterior es la dedicación a la imagen e higiene personal que se inculcó a los hombres de la fuerza. Numerosas páginas del pequeño libro están dedicadas a cómo debe vestir un policía y cómo cuidar su higiene. Por ejemplo, un consejo para el verano: "Aplicar talco antisudoral en los pies y la región comprendida entre las piernas ayuda a evitar hongos y erupciones".

Cuidado con que se note

Casi todo el trabajo está pensado con preocupación en torno a cómo verán los medios o "los civiles" la actitud policial y no en machacar con la necesidad de cumplir bien el servicio y hacer respetar (y respetar) las leyes. Con respecto a la ingesta de alcohol, el Gobierno de Mendoza aconsejó a sus hombres en la página 64 del Manual del Policía: "evítelo, aunque se trate de una pequeña copa, ya que su aliento denotará la ingestión de alcohol, lo que será criticado por civiles y sancionado por sus superiores".



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