Perú define una elección voto a voto: Fujimori aventaja por un margen mínimo
Con más del 90% de las mesas escrutadas, la candidata de Fuerza Popular mantiene una leve ventaja sobre Roberto Sánchez. La escasa diferencia mantiene abierto un balotaje atravesado por la polarización, la inseguridad y la crisis política.
Perú atraviesa una de las definiciones electorales más ajustadas de su historia reciente. Con más del 90% de las mesas escrutadas, la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, aparece al frente del conteo oficial, aunque la distancia con su rival, Roberto Sánchez, sigue siendo mínima y mantiene la incertidumbre sobre el resultado final.
Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori obtenía el 50,55% de los votos, frente al 49,45% de Sánchez, con el 90,02% de las mesas procesadas. La diferencia, inferior a un punto porcentual, se encuentra dentro del margen de error de los conteos rápidos, por lo que la disputa permanece abierta.
Más tarde, con el 86,223% de las actas contabilizadas, el escrutinio oficial mostraba una ventaja algo mayor para la dirigente conservadora, que alcanzaba el 51,007%, mientras que Sánchez reunía el 48,993% de los sufragios.
Dos candidatos que se adjudicaron posibilidades de triunfo
La incertidumbre llevó a que ambos espacios mantuvieran cautela durante la jornada. Sin embargo, Roberto Sánchez fue el primero en salir a hablar ante sus seguidores reunidos en la Plaza San Martín de Lima.
Desde un balcón frente a la multitud, el candidato de Juntos por el Perú presentó la elección como un punto de inflexión para el país y aseguró que comenzaba una nueva etapa política. Además, insistió en que los primeros datos reflejaban un empate estadístico y llamó a esperar el escrutinio definitivo.
Keiko Fujimori, en cambio, evitó proclamarse vencedora. La candidata suspendió una conferencia de prensa prevista para la tarde y recién más tarde pidió prudencia respecto de los resultados. También reclamó reforzar la fiscalización del conteo y aseguró que reconocerá el resultado oficial una vez concluido el proceso.
Un escenario que recuerda la elección de 2021
La estrechez de la diferencia remite inevitablemente a la elección presidencial de 2021. En aquella oportunidad, Fujimori había aparecido al frente en los primeros relevamientos, pero terminó siendo derrotada por Pedro Castillo por cerca de 40.200 votos tras el escrutinio definitivo.
Por esa razón, analistas y dirigentes coinciden en que el resultado podría demorarse varios días y que cada acta será determinante para definir al próximo presidente peruano.
Las encuestas previas ya anticipaban una disputa extremadamente equilibrada. El último relevamiento de Ipsos otorgaba a Fujimori el 51,4% de las preferencias, contra el 48,6% de Sánchez. El flash electoral difundido al cierre de los comicios mostró una diferencia similar: 50,7% para la candidata de Fuerza Popular y 49,3% para su rival.
La consultora Datum presentó números prácticamente idénticos, con 50,53% para Fujimori y 49,47% para Sánchez.
Un país dividido
La elección volvió a evidenciar una profunda fractura territorial y social. Mientras Lima y los principales centros urbanos mostraron una tendencia favorable a las opciones de centroderecha, las regiones rurales y sectores populares respaldaron mayoritariamente al candidato de izquierda.
Fujimori busca llegar a la presidencia por cuarta vez y representa la continuidad del movimiento político fundado por su padre, el expresidente Alberto Fujimori. Su campaña se apoyó en un discurso centrado en la seguridad, el orden y la estabilidad económica.
Sánchez, exministro y referente de Juntos por el Perú, construyó su candidatura sobre propuestas de reforma institucional, lucha contra la corrupción y fortalecimiento del rol del Estado.
Seguridad y economía, los temas centrales
La creciente preocupación por la delincuencia dominó gran parte de la campaña electoral. El aumento de las extorsiones, robos y delitos vinculados al crimen organizado impulsó una demanda social de respuestas más contundentes.
Fujimori capitalizó ese escenario con propuestas de endurecimiento de las políticas de seguridad, incluyendo un mayor despliegue policial y militar, controles fronterizos más estrictos y el uso de tecnología para combatir las redes criminales.
Sánchez, por su parte, planteó una estrategia diferente basada en la modernización de los organismos de investigación, el fortalecimiento de la inteligencia criminal y una profunda reforma de la Policía Nacional para combatir la corrupción interna.
En el plano económico también hubo diferencias marcadas. La candidata de Fuerza Popular buscó transmitir tranquilidad a los mercados y ratificó su compromiso con la inversión privada, la apertura económica y la estabilidad macroeconómica.
La candidatura de Sánchez, que generó cierta preocupación entre inversores durante la campaña, intentó moderar esos temores descartando nacionalizaciones y asegurando que respetará la actividad privada, aunque con una agenda enfocada en reformas institucionales y una mayor intervención estatal.
El desafío de gobernar
Más allá del resultado final, el próximo presidente deberá enfrentar un escenario particularmente complejo. Perú acumula ocho presidentes en diez años, una muestra de la inestabilidad política que atraviesa el país.
La fragmentación partidaria, la debilidad de las instituciones y la conflictiva relación entre el Poder Ejecutivo y el Congreso han dificultado la gobernabilidad durante la última década.
En ese contexto, la elección no solo definirá quién ocupará la presidencia, sino también quién tendrá la responsabilidad de reconstruir consensos políticos en un sistema marcado por la confrontación permanente y la falta de mayorías estables. Con una diferencia tan estrecha, el resultado final sigue abierto y la tensión política continuará hasta que concluya el escrutinio definitivo.