Señales de alarma en el eslabón más débil, los municipios

La política está desordenada y, además, desconcertada: no hay recursos y hasta hace poco demostraban confianza en su propia gestión de los recursos. Todo cambió en poco tiempo y el temor acecha y posiblemente, también reordene las referencias entre sectores.

De la confianza al temor, los municipios mendocinos están deshojando la margarita para poder sostenerse en pie en medio de un panorama complejo pero, sobre todo, impredecible en materia de recursos para sostenerse. No ingresa dinero suficiente a Mendoza y nada indica que pueda suceder un milagro para que pase lo contrario.

El petróleo -la principal actividad- está en baja en el mundo y aquí sostiene conflictos que paralizan algunos pozos. Con solo dos que no produzcan, como sucedió el fin de semana pasado, "se nos cae la estantería", tal como ilustró un funcionario para graficar la endeblez de la economía provinciana que se negó a la industrialización minera como alternativa.

No habrá turistas del exterior que fortalezcan el ingreso de dólares genuinos, como se pensaba que iba a suceder y hasta con buen pronóstico. El coronavirus lo frenó todo. Pero además, habrá sectores que comenzarán a quebrar y no habrá con qué sostenerlos, salvo que la Nación ayude.

Pero el país no está mejor. El mundo cambió de prioridades y la Argentina es una anécdota absurda en medio del cataclismo del intercambio comercial y la montaña rusa de los mercados. La soja, a la que le echaban mano, cae de valor a escala global, por citar un solo ejemplo. Pocos compran y los que lo hacen, a muy bajo precio, en una consigna que vale para todos los productos de exportación.

Todos los jugadores políticos parecen alcanzados en Mendoza, en cualquier nivel que se analice, por el desorden y el desconcierto. Cuando se trató el Presupuesto en la Legislatura aparecieron por lo menos seis versiones argumentadas notablemente, pero diferentes. Y ninguna se cumplió. El gobernador Rodolfo Suarez finalmente tendrá que gobernar sin la posibilidad de contar con la herramienta del roll over y mucho menos con plata prestada, lo que también termina perjudicando a las comunas.

Es que nadie sabe si en realidad hubo una discusión en torno a los temas locales o si, en realidad, lo que buscaba el presidente Alberto Fernández era "prepear" al gobierno mendocino para alinear sus dos votos en el Senado de la Nación en favor de la designación de Daniel Rafecas como Procurador General. Ya cuenta con el de Anabel Fernández Sagasti y busca que Suarez instruya a Julio Cobos y Pamela Verasay de hacerlo. Pero claro, ¿quién convence de algo a Cobos? En este punto, le toca un rol diferenciado a Alfredo Cornejo, a quien responde la tercera senadora: es el presidente de un partido nacional, la UCR, y debe lidiar primero y equilibrar después las posiciones de los socios en Juntos por el Cambio que, en este punto, son divergentes también hacia adentro de cada partido. En el Pro algunos defienden a Rafecas y otros lo hunden. Así en todos los espacios del sector.

La dispersión se da casi naturalmente en donde cada pescador está esperando que el río se revuelva un poco más para ver si pesca algo, pero no haber un hilo de criterio asentado en el accionar político de la gestión, en todos sus niveles.

Podría decirse que el nivel más vulnerable, en este contexto adverso, sin lugar a dudas pasará más temprano que tarde por las gestiones municipales. De allí que los intendentes estén a la caza de relaciones que les permitan, al menos, subsistir y no caer en la cesación de pagos, tal el caso en el que podría desembocar algún caso próximamente.

Las peleítas que se dieron por hacer obras (alguna casi cuerpo a cuerpo entre algún ministro local y algún intendente afín, según se afirma en Casa de Gobierno) resultan hoy un chiste o peor, un galimatías, al lado de la situación financiera que calculan afectadas por la merma notoria en las recaudaciones nacionales, muy por debajo de la inflación y todas las variables que están haciendo caer la coparticipación, que era el recurso más esperado.

De allí que lo más saludable será ponerse "barbijos" en los oídos ante las chicanas que se crucen los voceros en redes de cada sector. En el fondo, todos quieren bajar los decibeles y tranquilizarse, pero no pueden. Todos quieren alinear al más débil tras de sí, como ya ocurriera durante el kirchnerismo. Lo que sucede es que nadie tiene hoy, en ningún nivel -tampoco en la Casa Rosada- la fuerza para doblegar a nadie. Una lucha de sumo entre raquíticos: absurdo y de resultados incalculables. 

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