Tiros, pánico y un salón sin salida: así se vivió el intento de ataque en la cena con Trump
El corresponsal del diario Stampa en Casa Blanca, Iacopo Luzi relató en Radio Post desde adentro cómo fueron los segundos de terror durante el intento de atentado en Washington. Disparos, fallas de seguridad y una reacción desesperada en un evento con más de 2.000 personas.
El intento de ataque durante la cena de la Asociación de Corresponsales en Washington dejó al descubierto no solo fallas en la seguridad, sino también escenas de pánico en un salón colmado de periodistas y funcionarios. Iacopo Luzi, corresponsal en la Casa Blanca, fue uno de los testigos directos y reconstruyó cómo se vivieron los minutos más críticos desde adentro.
"Estaba muy cerca de donde dispararon", contó, todavía impactado. Según detalló, se encontraba a unos diez metros del lugar donde finalmente fue reducido el agresor. "Si lograba bajar las escaleras, me lo iba a encontrar", explicó durante una entrevista en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post.
El episodio ocurrió poco después de las 20:30, cuando la cena recién comenzaba. "Habíamos llegado hacía menos de 20 minutos, ni siquiera habíamos empezado a comer", relató. En medio de la aparente normalidad, un estruendo alteró el ambiente. "Escuché un golpe muy fuerte y pensé que se había caído algo. Pero enseguida vinieron cuatro disparos, ‘pum, pum, pum', muy fuertes. Ahí entendí inmediatamente que era un tiroteo".
La reacción fue instantánea. "Lo grité y la gente empezó a alejarse de la puerta", recordó. Desde el exterior, personas y empleados del hotel comenzaron a ingresar al salón buscando refugio. "Ahí entendimos lo que estaba pasando y cerramos las puertas esperando lo peor".
Sin posibilidad de escape en un espacio cerrado con más de 2.000 personas, el miedo se transformó en instinto de supervivencia. "La gente se tiró al piso, se escondía detrás de mesas y sillas, pero no había forma de salir", describió. Él mismo se preparó para una eventual confrontación: "Agarré un cuchillo y pensé: ‘si entra, me tengo que defender, porque estoy acá al lado, soy el primero'".
El atacante, identificado como Cole Thomas Allen, un ingeniero de 31 años, había dejado un manifiesto en el que expresaba su intención de atentar contra miembros del gobierno, incluido Donald Trump. En ese texto lo acusaba con términos extremos y exponía su rechazo a las políticas de la administración.
Según el testimonio de Luci, el agresor no atravesó múltiples controles, sino que aprovechó debilidades en el operativo. "Había alquilado una habitación en el hotel días antes, así que ya estaba adentro con sus armas", explicó. El único control efectivo era un detector de metales en el acceso al salón. "El hotel seguía funcionando normalmente, cualquiera podía entrar caminando".
Cuando intentó avanzar armado hacia el área protegida, fue interceptado a segundos de lograrlo. "Lo detuvieron justo antes de que pudiera bajar la escalera que daba al salón. Si llegaba, podía empezar a disparar a lo loco", afirmó.
El recorrido previo del atacante también mostró planificación. "Viajó en tren desde California, pasando por Chicago, sin controles de equipaje", detalló. Esa modalidad le permitió trasladar armas sin ser detectado.
El perfil del agresor sorprendió incluso a su entorno. "Era un hombre educado, inteligente, el típico insospechable", señaló Luzi, en línea con la figura del "lobo solitario".
Para el periodista, el desenlace pudo haber sido mucho más grave. "Si llevaba una bomba o actuaba como un kamikaze, podría haber matado a decenas de personas. Fue un milagro que no haya víctimas", sostuvo. Incluso advirtió sobre escenarios más complejos: "Un grupo organizado podría haber causado una masacre".
Tras el hecho, la reacción del presidente también formó parte del clima posterior. Según relató, Trump adoptó un discurso en el que se posicionó como blanco de ataques y reforzó su narrativa política. "Dice que todos lo quieren matar, que su trabajo es peligroso", indicó.
El episodio se suma a otros intentos o amenazas recientes, en un contexto que, según Luci, refleja una creciente tensión política en Estados Unidos. "Esto muestra el clima que se vive hoy: una parte importante de la sociedad está en contra del presidente y sus políticas", afirmó.
Durante el operativo, el accionar del Servicio Secreto fue clave. "Cuando escuchamos los disparos, nadie sabía si iba a entrar más gente armada", recordó. La protección fue inmediata: "Se pusieron delante de Trump como escudo humano".
Aun así, la escena dejó imágenes que evidencian la singularidad del momento. "Trump no quería irse, decía que quería ver qué estaba pasando", contó.
Para quienes estuvieron dentro del salón, el impacto fue inmediato y persistente. "Fue asustante", resumió Luzi. Una noche que debía ser protocolar terminó convertida en una escena de tensión extrema que expuso vulnerabilidades y reflejó el nivel de conflictividad política que atraviesa hoy Estados Unidos.