Por qué el riesgo país sigue sin perforar los 500 puntos

Aunque los inversores valoran el superávit fiscal y la continuidad de la "motosierra", persisten dudas sobre la caída de la recaudación, la debilidad de la actividad y la capacidad del Gobierno para sostener el ajuste sin acceso pleno al crédito internacional.

 La mejora en la calificación crediticia de Argentina otorgada por Fitch Ratings fue interpretada por el Gobierno como un respaldo al rumbo económico de la gestión de Javier Milei. Sin embargo, los mercados todavía mantienen una postura cautelosa: el riesgo país continúa por encima de los 500 puntos y refleja que el acceso normal al financiamiento internacional aún aparece distante.

La nueva nota ubica a la Argentina dentro del grupo de economías con acceso limitado al crédito externo o con mercados de deuda poco líquidos. Y aunque el escenario financiero mejoró respecto de los momentos más tensos de 2024, los inversores todavía exigen señales adicionales antes de volver a prestarle al país a tasas razonables.

La consultora SurAmericana, dirigida por el exministro Martín Guzmán, calculó que, tras la mejora de calificación, el riesgo argentino apenas comprimió unos 25 puntos básicos y se mantiene por encima de los 500 puntos, lo que implicaría un costo de financiamiento superior al 9,5% anual en dólares.

Ese nivel todavía es considerado demasiado elevado para pensar en una normalización financiera sostenible. Como referencia, Ecuador y Bolivia lograron recientemente emisiones de deuda internacional con tasas de 8,5% y 9,45%, respectivamente.

La principal fortaleza que hoy le reconoce el mercado al Gobierno sigue siendo el frente fiscal. Esa percepción quedó reflejada incluso en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina, donde ninguno de los 45 analistas consultados proyectó un superávit primario inferior a los $9 billones.

Mientras economistas y consultoras mantienen diferencias sobre inflación, dólar o recuperación económica, el equilibrio fiscal aparece como el principal sostén de credibilidad del programa libertario.

Los inversores pueden discutir el atraso cambiario, la velocidad de desinflación o el ritmo de recuperación de la economía, pero todavía no ponen en duda la decisión política de Milei de sostener el ajuste del gasto público.

Esa confianza ayudó a mejorar parcialmente el comportamiento de los activos argentinos durante los últimos meses. De hecho, cuando el Gobierno anunció un nuevo recorte del gasto a comienzos de mayo, el riesgo país llegó a bajar momentáneamente hasta 496 puntos.

Aun así, el mercado considera que ese descenso todavía resulta insuficiente. Desde SurAmericana señalaron que, si las tasas internacionales permanecen en los niveles actuales, "el riesgo país argentino deberá disminuir al menos en unos 150 pbs adicionales para poder emitir deuda en el mercado internacional a una tasa que no comprometa la sostenibilidad de la misma en el tiempo".

Las dudas empiezan a aparecer, sobre todo, en torno a la capacidad de sostener el superávit fiscal únicamente mediante recortes, en un contexto donde la actividad económica todavía no logra consolidar una recuperación firme.

Un informe reciente de una aseguradora de riesgo advirtió que la recaudación tributaria acumuló una caída real de 6,7% durante el primer cuatrimestre del año. El reporte sostuvo además que "crecen las dudas sobre la sostenibilidad del superávit, dado que el equilibrio descansa casi exclusivamente en el recorte de gasto y no en la recuperación de ingresos".

Distintos análisis bursátiles ya hablan de nueve meses consecutivos de caída interanual en la recaudación real, mientras el consumo continúa débil y algunos sectores de la economía todavía muestran señales mixtas.

La baja en la recaudación de IVA y en los fondos coparticipables también empezó a impactar sobre las provincias. El titular de Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires, Cristian Girard, advirtió que el ajuste puede generar "un círculo vicioso" sobre la economía.

"La caída de la actividad se traduce en una disminución de la recaudación. El objetivo de generar un resultado fiscal positivo a través de la reducción del gasto llega a un punto donde tenés que volver a recortar porque te cayeron los ingresos", sostuvo.

En paralelo, el Gobierno profundizó durante las últimas semanas nuevos ajustes sobre distintas partidas vinculadas a salud, educación, ciencia, subsidios, infraestructura y programas sociales.

Los recortes alcanzaron transferencias sanitarias, financiamiento científico, programas educativos, subsidios energéticos y fondos destinados a empresas públicas, marcando una nueva etapa dentro de la política de ajuste.

La discusión económica comenzó así a desplazarse desde la velocidad del recorte hacia otra pregunta: cuáles son los límites políticos, sociales y económicos para seguir profundizando la reducción del gasto.

A pesar de esas tensiones, el frente financiero muestra hoy mayor estabilidad que un año atrás. El Tesoro consiguió recientemente un rollover superior al 110% en deuda en pesos, logró colocar nueva deuda en dólares y el Banco Central aprobó ganancias récord por $34,3 billones, fondos que serán utilizados parcialmente para recomprar Letras Intransferibles y fortalecer el balance de la entidad monetaria.

Para el oficialismo, esa estrategia contribuye a sanear el Banco Central y reducir parte de la deuda intraestatal acumulada durante las últimas gestiones.

Sin embargo, los inversores siguen observando fragilidades relevantes. Algunos reportes privados alertan que cerca del 60% de la liquidez de las familias permanece colocada en instrumentos de muy corto plazo, un factor que podría acelerar una dolarización rápida si reaparecen tensiones cambiarias o se deteriora la confianza sobre el programa económico.

En ese contexto, la gran incógnita que empieza a instalarse en Wall Street ya no pasa tanto por la voluntad política de sostener el equilibrio fiscal, sino por la capacidad de mantenerlo si la economía no termina de recuperarse, la recaudación continúa debilitándose y las reservas siguen bajo presión.

El programa económico logró estabilizar variables que históricamente funcionaban como disparadores de crisis inmediatas. Pero los mercados todavía esperan ver algo más: una recuperación más sólida de reservas, actividad, crédito y recaudación que permita sostener el ajuste sin depender exclusivamente de nuevos recortes.

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