La vida te despeina, antes o después

Pasamos la vida tratando de que cada "pelo" de nuestra existencia esté en su lugar: la carrera perfecta, el vínculo impecable, la respuesta exacta... pero la vida no es un salón de belleza con aire acondicionado y revistitas de chismes. La vida es.

Marcela Muñoz Pan

Dicen que la vida te despeina, antes o después. Lo que no te dicen es "antes o después de qué", pero el soplido te llega seguro. Cuando miré esta pintura de la artista plástica Mily Repetto, primero me puse profunda y pensé en la vida y la muerte. Pero después, bajé a la realidad y pensé en los peluqueros. Porque seamos honestas: una cosa es llegar despeinada a la peluquería, pero otra muy distinta es salir así. Obviamente, a ese peluquero no le dejás ni la propina y no volvés ni que te jure que usa agua bendita. Pasamos la vida tratando de que cada "pelo" de nuestra existencia esté en su lugar: la carrera perfecta, el vínculo impecable, la respuesta exacta... pero la vida no es un salón de belleza con aire acondicionado y revistitas de chismes. La vida es.

¿Qué hacemos con este desastre capilar? 

Aceptá el frizz emocional: Esas líneas que ves en "Raíz y latido" no son un nudo que no pudiste desenredar ni un "brushing" que falló. ¡Son los hilos de la memoria! Son pensamientos que, de tanto dar vueltas, se te escaparon por la frente y armaron su propia red. Si tenés frizz, es porque estás pensando; las que están siempre prolijas es porque no se les cae una idea ni cuando hay Zonda. El corazón no usa fijador, en esta obra, el corazón no es un dibujo prolijo para quedar bien en la foto de Instagram. Es el centro del lío. Ahí se mezcla la herencia de la abuela con ese Malbec que te hizo brindar anoche. Eso no hay gel extra fuerte que lo deje quieto. El corazón pulsa y, de paso, te sacude hasta las pestañas.

La raíz es el mejor spray de laca, olvidate de ese fijador que te deja el pelo como un casco de moto. Toda fuerza nace de saber dónde estamos paradas.

Si tus raíces son fuertes (como las que atraviesan este torso), que sople el viento que quiera. Podés terminar el día pareciendo un caniche recién levantado, pero el eje no se te mueve o cuando hay un viento zonda que parte la tierra, y te deja el jopo mirando al norte. Estar despeinada es la prueba de que estuviste ahí: que corriste, que bailaste, que lloraste de risa o que te mandaste una macana digna de un titular. La prolijidad es para los maniquíes; nosotras estamos ocupadas viviendo. Así que la próxima vez que el espejo te devuelva un nido de caranchos, sonreí. Significa que estás viva y que, por fin, estás escuchando tu propio latido, aunque venga a contrapelo.

A todo esto, yo iba a escribir sobre el día de los artistas plásticos que fue ayer, primero Feliz Día a quienes le ponen color, mechitas iluminadas, reflejos y planchitas a nuestros días, segundo, porque ellos son los únicos capaces de fijar un latido para siempre. La vida te despeina y el viento se lleva todo, pero un artista toma ese momento, ese nudo en la garganta o esa raíz que te sostiene, y lo vuelve eterno sobre un lienzo. Ellos hacen el único brushing que no se arruina ni con las lluvias.