Palabras semejantes, significados diferentes

Hoy lo vamos a comprobar con dos verbos que todos conocemos y usamos: ‘instigar' y ‘hostigar'.

Profesora Consulta por la Universidad Nacional de Cuyo

Muchas veces, en nuestro español y en otros idiomas modernos, sucede que dos vocablos comparten gran parecido en su significante, esto es, en la parte material del término; pero, luego, al verificar el valor significativo, observamos que cada cual guarda el suyo y que, además, se aplican a situaciones distintas. Hoy lo vamos a comprobar con dos verbos que todos conocemos y usamos: ‘instigar' y ‘hostigar'.

En cuanto a ‘instigar', su procedencia es latina: existía en ese idioma como "instigare", que se traducía como "excitar, estimular". Este valor le venía dado desde su derivación de "stingere", que equivalía a "pinchar". Por eso, hoy ‘instigar' equivale a "inducir a alguien a una acción, generalmente considerada como negativa"; lo advertimos en "Las malas compañías lo instigaron a cometer esa defraudación". También, una segunda acepción nos dice que significa "tramar o preparar con astucia algo": "La actitud de varios consejeros instigó la caída de esa autoridad".

Este verbo posee varios sinónimos: encontramos ‘inducir', que no es otra cosa que "mover a alguien a algo o darle motivo para ello". Así, "Los hijos lo han inducido a que firme los papeles testamentarios". Junto a este sinónimo, hallamos ‘incitar', definido como "inducir con fuerza a alguien a una acción":

"Las circunstancias lo han incitado a delinquir". Otro verbo, con valor positivo, es ‘promover' ya que con esta acción se impulsa el desarrollo o la realización de algo: "Promueven a invertir en este proyecto". También el verbo ‘espolear', que se encuentra vinculado, en primer lugar, a picar con la espuela a la cabalgadura para que ande; como acepción derivada, equivale a "avivar, incitar, estimular a alguien para que haga algo". Similar comportamiento posee ‘aguijonear', que vale no solamente como "picar con el aguijón", sino que, en sentido figurado, toma el valor de "incitar, estimular, inquietar, atormentar": "Hay que aguijonearlo para que estudie".

Verbo semejante es ‘azuzar' que, referido a los perros, equivale a "incitarlos para que embistan", pero que puede aplicarse a personas y toma, entonces, el valor de "irritar, estimular": "Sus duras palabras me azuzaron para seguir adelante". Se asemeja al valor que encierra ‘acicatear', sinónimo de "incitar, estimular", acepción que proviene del concepto que encierra ‘acicate', espuela que, con su punta aguda, sirve para picar al caballo: "Ya no sé cómo acicatear a mis jóvenes estudiantes para promover en ellos un mayor interés".

Del que promueve e inspira a otro para que efectúe una determinada acción, se dice que es ‘instigador' y el acto realizado por él será una ‘instigación'. El Diccionario panhispánico del español jurídico registra el lema ‘instigación al delito', del que nos dice "incitación pública de la comisión de un delito contra una persona o institución"; también trae ‘instigación al suicidio' como inducción a este acto.

Común resulta el uso entre los hablantes del verbo ‘atosigar': en su segunda entrada en el diccionario académico, este vocablo significa "agobiar a alguien, dándole mucha prisa para que haga algo"; lo advertimos en "Me tenía cansada pues me atosigaba permanentemente para que efectuara la mudanza". También equivale a "acuciar con urgencias y preocupaciones": "Lo atosigan esos desagradables recuerdos".

Habíamos encontrado similar a ‘instigar', en su significante, otro verbo: se trata de ‘hostigar'; de origen latino, el vocablo primitivo era "fustigare", que significaba "dar latigazos"; en efecto, en la raíz del término hallamos "fustis", que designaba un bastón, un garrote; a ello, se sumaba el verbo "agere", con el valor de "llevar a cabo". Hoy, ‘hostigar' tiene, en primer lugar, la acepción "dar golpes con una fusta, látigo u otro instrumento para hacer mover, juntar o dispersar": "El domador hostiga a los animales indómitos con suaves latigazos". De ese primer valor, se da la otra acepción que nos interesa: "incitar con insistencia a alguien para que haga algo": "Lo hostigaba para ver si lograba convencerlo". Como sabemos, muchas veces, junto a la voz que evolucionó desde el latín, se conserva la que se mantuvo fiel al origen; en este caso, la lengua registra ‘fustigar', que une al valor de "golpear con una fusta" el de "censurar con dureza algo o a alguien": "Fustigó duramente las ideas del nuevo candidato".

Lo curioso con respecto a ‘hostigar' es el valor significativo que adquiere el término en varios países latinoamericanos, como Bolivia, Chile, Colombia,  Perú, Ecuador y México, en que se usa el vocablo para indicar, respecto de una comida, de una bebida e, incluso, de una persona "ser empalagoso": "Esos alimentos regionales te hostigan y resultan pesados".

Quien hostiga y atosiga a alguien, suele llegar a ‘agobiarlo', ya que le impone una actividad o esfuerzo excesivos, lo hace preocupar gravemente y le causa gran sufrimiento: "Lo agobian sus años y el exceso de responsabilidades". Se acerca en su valor significativo a ‘oprimir', cuando este verbo toma la acepción de "producir desasosiego grave a alguien": "Las deudas y obligaciones contraídas lo oprimen".

En la comunicación habitual, los hablantes suelen utilizar el verbo ‘apretar', al que le otorgan, entre otros, el significado de "constreñir, tratar de reducir a alguien con amenazas, ruegos o razones: "El juez lo apretó, en tono amenazante, para lograr la confesión". En ese sentido, se puede usar también ‘coaccionar' ya que, con este vocablo se indica que se ejerce fuerza o violencia para conseguir que otra persona diga o ejecute algo: "Te coaccionaron a fin de obtener tu arrepentimiento".

En muchos casos, se utiliza ‘conminar', verbo que, en el habla común, es "apremiar con potestad a alguien para que obedezca" y, en el ámbito del derecho y dicho de una autoridad, significa que se requiere a alguien el cumplimiento de un mandato, bajo pena o sanción determinadas: "En el comunicado que llegó, lo conminan a arreglar la situación en un plazo  perentorio".

Hemos desplegado un repertorio de términos en que el común denominador. ha sido el apremio, la urgencia, la opresión, la coacción; vayamos, ahora, a otra palabra, la del poeta Mario Benedetti, cuando en su poema "No te rindas" nos insta a tener otra mirada y a adoptar otra actitud:

"No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo nuevo".

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