La entrevista de Guayaquil y las dos Américas: Bolívar y San Martín

Juan Marcelo Calabria trae al presente la memoria del encuentro entre los dos grandes libertadores de América, José de San Martín y Simón Bolívar, hecho que sucedió un día como hoy, pero en 1822.

Juan Marcelo Calabria

La célebre ciudad puerto de Guayaquil ha pasado a la historia como sede de la gran reunión entre los dos libertadores de América: Simón Bolívar y José Francisco de San Martín, fundada en 1547, se erigió en un lugar estratégico que alternativamente perteneció al Virreinato del Perú y en ocasiones al Reino de Quito, perteneciente al Virreinato de Nueva Granada. Hoy vuelve al centro de atención por cumplirse el bicentenario de la famosa entrevista los días 26 y 27 de Julio de 1822, en la que los Libertadores, en pocas horas de reunión, decidieron el destino de la independencia americana.


La entrevista de los Libertadores en Guayaquil

Ambos Libertadores llevaban ya una década al frente de las revoluciones en uno y otro extremo del continente: San Martín desde el Plata había logrado dar forma a la estructura política jurídica que impulsó la Declaración de independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica, paso fundamental en el plan de liberación continental que abrió camino a través de la Epopeya del Cruce de Los Andes a las campañas de Chile y luego Perú. Una vez en la tierra de los incas asumió la primera magistratura e inició su labor fundacional del nuevo estado peruano, con la difícil tarea al tiempo que fijaba las bases institucionales de comandar y llevar adelante el último tramo de la guerra de la independencia largamente meditado en los lejanos días del verano de 1814. Durante toda su campaña militar y su acción política para dotar de la libertad civil a los nuevos estados, una máxima lo había acompañado y que dejó en claro al final de su vida pública: "... Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos".

En tanto Bolívar muy joven abraza la causa de la revolución americana y luego de su iniciático viaje a Europa entre 1799 y 1806, volverá convencido de que el dominio de España sobre sus colonias debe llegar a su fin. En esos primeros años comenzará a desarrollar su rol entre los patriotas y en las primeras conspiraciones de los mantuanos contra las autoridades españolas, dando forma a los planes que desde hacía años impulsaba el precursor Francisco de Miranda. Su carácter y tesón a toda prueba lo convertirán finalmente, luego de idas y vueltas, en el líder indiscutido y personalista de la revolución caraqueña y de toda la región. Si bien su formación fue en literatura, artes, política y demás ciencias humanas, le tocó foguearse en las lides militares mientras se hacía en la acción, un caso similar si se quiere, aunque con personalidades muy diferentes a otro intelectual formado en Europa y tempranamente general en el Río de la Plata: Manuel Belgrano.

Para 1822 Bolívar y San Martín se encontraban ante el gran dilema de dar fin a la larga, cruenta y penosa guerra por la independencia de América, José intentaba infructuosamente a través del apoyo de los exhaustos Estados de Chile y Provincias Unidas del Río de la Plata armar una estrategia final que acabara con los realistas en Perú; en tanto Bolívar "empantanado" en la campaña de Pasto y jaqueado también por las revueltas internas, traiciones y disensiones entre los caudillos, intentaba mantener la unidad de la Gran Colombia a la que había dado forma en el Congreso de Angostura y que comandaba bajo mano férrea con el título de presidente vitalicio.

Meses antes las comunicaciones entre ambos líderes habían comenzado a instancias de San Martín que desde principios de 1822 propiciaba una reunión, la que debió ser suspendida por no poder llegar Bolívar, así el Protector del Perú, que había partido el 8 de Febrero para concretar el esperado encuentro retornó al Perú, ingresando a Lima el 13 de Marzo. En los meses siguientes San Martín siguió con atención las campañas de los ejércitos Bolivarianos y ante el pedido de ayuda por parte de Sucre, el Protector envió tropas auxiliares en auxilio de aquel. Es así que la unión entre ambos ejércitos quedó sellada de hecho en las acciones de Riobamba (21/04/1822) y Pichincha (24/05/1822), victorias patriotas, que permitieron a las fuerzas bolivarianas al mando de Sucre liberar por completo el actual territorio del Ecuador, especialmente gracias a la acción de las tropas peruanas enviadas por San Martín al mando del Coronel Andrés de Santa Cruz entre las que lograron destacada actuación los Granaderos a Caballo al mando del Teniente Juan Lavalle, y que decidieron los destinos de esas batallas.


Llevan a Guayaquil una réplica de la bandera del Ejército de los Andes

Poco tiempo después, el 17 de Junio de 1822 Bolívar enviaba una carta al Protector en la que exponía: "... después de los triunfos obtenidos por las armas del Perú y de Colombia, en los campos de Bomboná y Pichincha, es mi más grande satisfacción dirigir a V.E. los testimonios más sinceros de la gratitud con que el Pueblo y el Gobierno de Colombia, han recibido a los beneméritos libertadores del Perú,... Pero no es nuestro tributo de gratitud un simple homenaje hecho al Gobierno y Ejército del Perú, sino el deseo más vivo de prestar los mismos y aún más fuertes auxilios al Gobierno del Perú... Tengo la mayor satisfacción en anunciar a V.E. que la guerra de Colombia está terminada, y que su Ejército está pronto a marchar donde quiera que sus hermanos lo llamen, y muy particularmente a la patria de nuestros vecinos del Sur, a quienes por tanto títulos debemos preferir como los primeros amigos y hermanos de armas".

Palabras que sintetizaban la unidad efectiva sellada en los campos de batalla; donde colombianos, venezolanos, chilenos, bolivianos, uruguayos, argentinos y peruanos dejaron su sangre por la independencia americana. Dichas expresiones fueron correspondidas en el mismo tenor por su émulo del Sur el Protector del Perú, quien en carta del 14 de Julio de 1822 desde Lima, en estos términos, decía: "Los triunfos de Bomboná y de Pichincha, han puesto el sello a la unión de Colombia y del Perú, asegurando al mismo tiempo la libertad de ambos Estados... El Perú es el único campo de batalla que queda en la América, y en él deben reunirse los que quieran obtener los honores del último triunfo, contra los que ya han sido vencidos en todo el Continente... Ansioso de cumplir mis deseos frustrados en el mes de Febrero por las circunstancias que ocurrieron entonces, pienso no diferirlos por más tiempo: es preciso combinar en grande los intereses que nos han confiado los pueblos, para que una sólida y estable prosperidad, les haga conocer mejor el beneficio de su Independencia".

En el mismo sentido el 06 de Julio de 1822 se firmaba en la Ciudad de los Libres de Lima el "Tratado de Unión, Liga y Confederación de Paz y Guerra entre la República de Colombia y el Estado del Perú" constituyendo uno de los primeros y más importantes antecedentes históricos, políticos y jurídicos de Unidad Latinoamericana. Así la alianza entre La Gran Colombia de Bolívar y el Protectorado de los Pueblos Libres del Perú de San Martín, se consolidaba y se prometían, la mutua asistencia militar y la unidad de miras y objetivos en la causa de la independencia por la que ambos luchaban.

Los primero días de Julio Bolívar llegaba a Guayaquil y propiciaba, por aclamación popular, la anexión de dichos territorios a la República de Colombia, lo que ya había anticipado por carta a San Martín diciendo: "Tan sensible me sería que Ud. no venga hasta esta ciudad como si fuéramos vencidos en muchas batallas, pero no, Ud. no dejará burlada el ansia que tengo de estrechar en el suelo de Colombia al primer amigo de mi corazón y de mi patria,... firmando su más apasionado, afectísimo servidor y amigo: Simón Bolívar". Esta anexión intempestiva de Guayaquil y el antiguo Reino de Quito a la Gran Colombia, agregaba tensión al encuentro y ponía al Protector del Perú en una situación incómoda ante los conflictos territoriales que se presentaban entre ambos Estados. Sin embargo, en tanto Bolívar había armado el tablero para obtener ventajas de la negociación con su colega del Perú, no sólo a través de la anexión de estos territorios bajo su mando, sino además con la idea de ser él quien concluyera la guerra de la independencia en todo el continente: "llevando la libertad hasta el cabo de hornos de ser necesario".

San Martín por el contrario había esperado con ansias aquel encuentro, el que había anticipado en la proclama al pueblo peruano en estos términos: "...Cuando resolví ponerme al frente de la administración del Perú, y tomar sobre mí el peso de tan vasta responsabilidad, anuncié que en el fondo de mi conciencia estaban escritos los motivos que me obligaban a este sacrificio. Los testimonios que he recibido desde entonces de la confianza pública, animan la mía, y me empeñan de nuevo a consagrarme todo entero al sostén de los derechos que he restablecido. Yo no tengo libertad sino para elegir los medios de contribuir a la perfección de esta grande obra, porque tiempo ha que no pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano. Ella exigió que me encargase del ejercicio de la autoridad suprema y me sometí con celo a este convencimiento: hoy me llama a realizar un designio, cuya contemplación alaga mis más caras esperanzas: voy a encontrar en Guayaquil al Libertador de Colombia; los intereses generales de ambos estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino a que con rapidez se acerca la América, hacen nuestra entrevista necesaria, ya que el orden de los acontecimientos nos han constituido en alto grado responsables del éxito de esa sublime empresa".

Hasta aquí el Protector dejaba en claro su objetivo: lograr el acuerdo con el libertador de norte para la terminación de la guerra y asegurar los destinos de América. Sin embargo su aguda visión de algún modo anticipaba su retiro del Perú y en los párrafos siguientes dejaba entrever su decisión de retirarse de la vida pública al expresar: "Yo volveré a ponerme al frente de los negocios públicos en el tiempo señalado para la reunión del congreso, y buscaré el lado de mis antiguos compañeros de armas, si es preciso que participe de los peligros y la gloria que ofrecen los combates: y en toda circunstancia seré el primero en obedecer la voluntad general y sostenerla...".


Una investigación plantea un cambio de paradigma sobre la campaña libertadora de San Martín

En tales circunstancias se producía el encuentro de los dos "hombres más importantes de América", el 26 de Julio apena arribado San Martín a Guayaquil se produjeron dos breves encuentros ese mismo día, una en el alojamiento que ocupaba el Protector y otro en la residencia del Presidente de la Gran Colombia. Al día siguiente volvieron a reunirse a solas por más de cuatro horas, donde, a partir de la reconstrucción que a los largo de los años la historia pudo hacer del encuentro, los temas tratados fueron la colaboración conjunta de los ejércitos, la terminación de la guerra en el Perú y su forma de gobierno, la anexión de los territorios del actual Ecuador a Colombia y la reunión de un Congreso Americano de la unión en Panamá. Luego de esta última entrevista, ambos libertadores asistieron a un gran banquete en que se pronunciaron los famosos brindis que de algún modo sintetizaron esos días de conversaciones y las posturas en las negociaciones que no lograron los resultados esperados por San Martín, así en el momento culmine de la velada Bolívar se levantó y con su copa en alto exclamó: "Brindo, señores, por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y Yo", a lo que el Protector correspondió a su turno diciendo: "Por la pronta terminación de la guerra, por la organización de las nuevas Repúblicas del Continente y por la Salud del Libertador".

Conocido es que luego del banquete y un breve descanso, se organizó un gran baile en el que las crónicas relatan que Bolívar distendido y triunfante mostró galantemente sus dotes para la danza como centro de atención de la concurrencia, entre tanto San Martín como mero espectador con aire preocupado mucho antes de que finalizara la velada conminó a su edecán Guido: "llame usted al coronel Soyer, ya no puedo soportar este bullicio" despidiéndose reservadamente de Simón, se embarcó esa misma madrugada a bordo del Macedonia para regresar a Lima.

No sólo ambos Libertadores no pudieron acordar la terminación conjunta de la guerra, sino que sus personalidades diametralmente opuestas, no pudieron superar los obstáculos y presiones a las que ambos se veían sometidos en virtud de los intereses de los dos poderos Estados que representaban, por otro lado la entrevista de Guayaquil dejaba en claro los dos modelos de América en juego, más allá de la unión e independencia, cuestión central en la que San Martín y Bolívar acordaban, uno pretendía la unión a partir de los acuerdos y tratados entre las jóvenes repúblicas, con un respeto absoluto hacia la soberanía de los pueblos, como ya lo había demostrado con la independencia de las Provincias Unidas, Chile y finalmente con la convocatoria del Primer Congreso Soberano del Perú; en tanto el otro pretendía la unión de una Confederación de Estados bajo el mando fuerte que eliminara de cuajo las disidencias y que así como la Gran Colombia perpetuaran la gloria del Libertador del Norte con Estados que llevaran incluso su propio nombre como ocurriría con Bolivia.

Uno representaba la humildad y el ejercicio del poder al servicio de una misión, el otro la grandeza, gloria y soberbia del poder absoluto, cumpliendo los roles de dictador y bregando por una autoridad ilimitada. Dos hombres y un destino común, pero con historias de vida, formación e ideas muy distintas que se encontraron en Guayaquil, a uno de ellos correspondió dar un paso al costado para evitar el conflicto tal como el mismo San Martín explicaba a Bolívar en su extensa carta del 29 de Agosto de 1822 a Bolívar diciendo: "...Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente yo estoy firmemente convencido, o de que Ud. no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con la fuerza de mi mando, o que mi persona le es embarazosa...". Incluso En una carta a su amigo Tomás Guido sobre la entrevista, San Martín le decía sobre su hermano de causa: "...la opinión que había formado del general Bolívar, es decir, de una ligereza extrema, inconsecuencia en sus principios y una vanidad pueril".

El desacuerdo entre ambos libertadores surge a las claras, e incluso muchos años después, ya en los finales de su vida José de San Martín recordaba el encuentro de Guayaquil en una carta al Presidente del Perú Ramón Castilla diciendo: "... He aquí, mi querido General, un corto análisis de mi vida pública seguida en América. Yo hubiera tenido la más completa satisfacción habiéndole puesto fin con la terminación de la guerra de la Independencia en el Perú, pero mi entrevista en Guayaquil con el General Bolívar me convenció (no obstante su protesta) de que el sólo obstáculo para su venida al Perú con el ejercito de su mando era la presencia del General San Martín a pesar de la sinceridad con que le ofrecí ponerme bajo sus órdenes con todas la fuerzas de que yo disponía. Si algún servicio tiene que agradecerme la América es el de mi retirada de Lima paso que no sólo comprometía mi honor y reputación que me era tanto más sensible, cuanto que conocía que con las fuerzas reunidas de Colombia, la guerra de la independencia hubiera sido terminada en todo el año 23. Pero este costoso sacrificio y el no pequeño de tener que guardar un absoluto silencio (tan necesario en aquellas circunstancias) de los motivos que me obligaban a dar este paso, son esfuerzos que Ud. podrá calcular y que no está al alcance de todos el poderlos apreciar...".

Como suele suceder en algunas negociaciones donde hay tanto en juego, a veces es necesario que alguna de las partes ceda en su posición para evitar el conflicto, y así sucedió en Guayaquil: San Martín se dio cuenta que para salvar a los ejércitos patriotas de una confrontación la única solución era dar un paso al costado y dejar al Libertador del Norte la culminación de la guerra y en sus manos los destinos de América. A su regreso a Lima luego de la entrevista de Guayaquil San Martín había asegurado a Guido al momento de despedirse del Perú: "...Lo diré a usted sin doblez: Bolívar y yo no cabemos en el Perú. He penetrado sus miras arrojadas, he comprendido su desabrimiento por la gloria que pudiera caberme en la prosecución de la campaña. El no excusará medios por audaces que fuesen para penetrar a esta república seguido de sus tropas; y quizá entonces no me sería dado evitar un conflicto a que la fatalidad pudiera llevarnos, dando así al mundo un humillante escándalo. Los despojos del triunfo de cualquier lado a que se inclinase la fortuna, los recogerían los maturrangos nuestros implacables enemigos, y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi patria, y preferiría perecer, antes que hacer alarde de laureles recogidos a semejante precio, ¡eso no! Entre, si puede, el general Bolívar, aprovechándose de mi ausencia; si lograse afianzar en el Perú lo que hemos ganado, y algo más, me daré por satisfecho; su victoria seria de cualquier modo, victoria americana".

En el Bicentenario de aquel transcendental encuentro, recordamos el sacrificio y abnegación de uno de sus protagonistas, un gran líder, que en los últimos actos de su vida pública, con la humildad, franqueza y honestidad que lo caracterizó durante toda su vida, dio una lección postrera del líder que una vez concluida su misión deja el poder en beneficio de intereses superiores, tal la actitud de San Martín en Guayaquil en favor de la Libertad de América.

EL AUTOR. Juan Marcelo Calabria. Docente de la Universidad Nacional de Cuyo. Miembro correspondiente por Mendoza de la Academia Nacional Sanmartiniana y Miembro Adherente del Instituto Nacional Belgraniano. Autor de los Libros: "San Martín Modelo de Líder Americano" y "San Martín más allá del Bronce", entre otros.

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