La confianza del consumidor crece más en el interior y amplía la distancia con el AMBA
El impacto desigual del ajuste, la quita de subsidios y el impulso de sectores exportadores profundizaron la brecha entre las provincias y el área metropolitana. Energía, minería y agro sostienen mejores expectativas fuera de Buenos Aires.
La diferencia en la confianza de los consumidores entre el interior del país y el Área Metropolitana de Buenos Aires alcanzó su punto más alto en los últimos 25 años. Mientras varias provincias muestran mejores expectativas económicas impulsadas por inversiones productivas y actividades exportadoras, en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano pesa el aumento del costo de vida y la pérdida de capacidad de compra.
Los datos surgen del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) elaborado por el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella junto a Poliarquía Consultores, sobre la base de relevamientos realizados en 40 centros urbanos del país.
En abril de 2026, el ICC marcó 45,4 puntos en el interior, frente a 38,1 en la Ciudad de Buenos Aires y 36,8 en el Gran Buenos Aires. El promedio nacional se ubicó en 39,6 unidades. En todos los casos hubo retrocesos tanto frente al mes anterior como respecto de abril de 2025, aunque el deterioro fue más fuerte en el AMBA.
Indice de confianza de abril
El estudio remarca que por cuarto mes consecutivo -y en 27 de los 28 meses de gestión de Javier Milei, salvo diciembre de 2025- la confianza del consumidor fue más alta en el interior que en CABA. En el caso del GBA, el interior superó sus niveles en 22 meses del actual gobierno.
La serie histórica del CIF de la UTDT, que reúne 301 mediciones desde abril de 2001, muestra que el interior tuvo mejores indicadores que la Ciudad de Buenos Aires en 136 ocasiones, equivalentes al 45% del total. De esas oportunidades, 27 ocurrieron durante la actual administración nacional.
La ventaja sobre el Gran Buenos Aires fue menos frecuente en términos históricos: el interior superó al GBA en 40 relevamientos, el 13,3% de la muestra, aunque 22 de esos casos se registraron durante la presidencia de Milei.
Según el informe, el fenómeno responde al impacto desigual de la política económica. Mientras en el área metropolitana golpeó con fuerza la quita de subsidios a servicios públicos, varias regiones del interior se beneficiaron por el dinamismo de sectores ligados a la exportación, como el agro, la energía y la minería.
La expansión de la actividad en torno a Vaca Muerta impulsó inversiones petroleras y gasíferas, con efectos sobre el empleo y la recaudación provincial. A eso se suma el crecimiento de proyectos mineros vinculados al litio en el norte argentino y a la explotación de cobre y oro en la zona cordillerana.
También influyeron las rebajas y eliminaciones de retenciones a productos agropecuarios y economías regionales -como la vitivinicultura, la fruticultura y la citricultura-, además de los incentivos derivados del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y su extensión a proyectos medianos a través del RIMI.
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El informe sostiene que esos beneficios tuvieron mayor impacto en ciudades y provincias con economías vinculadas a actividades primarias o exportadoras, donde crecieron las inversiones y la demanda de maquinaria agrícola y servicios asociados.
En cambio, en el AMBA el aumento de tarifas de electricidad, gas, agua y transporte redujo el ingreso disponible de las familias y afectó tanto el consumo básico como las compras de bienes durables y gastos recreativos.
La investigación detectó que desde diciembre de 2025 existe una caída general del ánimo económico en todo el país, aunque el NOA, Cuyo y la Patagonia muestran una recuperación relativa en las expectativas personales y económicas.
En el apartado de situación personal, el interior registró 46,6 puntos, contra 36,3 tanto en CABA como en el GBA. Las expectativas a un año alcanzaron 57 puntos en las provincias, frente a 44,6 en la Ciudad y 45,6 en el conurbano.
En términos interanuales, las caídas fueron menores en el interior: 12,1% en la situación actual, 18,8% en la comparación anual y 7,2% en las expectativas futuras. En CABA las bajas llegaron a 13,6%, 20,2% y 8,9%, respectivamente, mientras que en el GBA alcanzaron 17,4%, 25,3% y 11,9%.
La percepción sobre la situación macroeconómica también mostró mejores niveles en el interior. Allí el índice general llegó a 52,7 puntos, con 46,5 unidades en expectativas a un año y 59 puntos en la mirada de largo plazo. Las caídas interanuales fueron de 10,3%, 16,3% y 5%.
En la Ciudad de Buenos Aires, el índice general se ubicó en 43,6 puntos, con 36,9 en la evaluación de corto plazo y 50,3 en la de largo plazo. Las bajas frente a 2025 fueron de 9,5%, 13,4% y 6,4%.
En el GBA, el indicador general alcanzó 44,4 puntos; las expectativas de corto plazo, 36,2; y las de largo plazo, 52,6. Allí las caídas interanuales llegaron a 11,3%, 15,1% y 8,5%.
Las diferencias también aparecen en la predisposición a comprar bienes durables. En el interior, el índice general fue de 36,7 puntos, con 42,5 para electrodomésticos y 30,9 para automóviles y viviendas. Mientras los dos primeros indicadores mostraron leves bajas de 0,1% y 1,7%, el último creció 2,3% respecto del año pasado.
En CABA, el índice de compra de bienes durables fue de 34,4 puntos, con 37,7 para electrodomésticos y 31,1 para autos y viviendas. Las bajas interanuales fueron de 6,9%, 9,1% y 4%.
En el GBA, el indicador general cayó a 29,8 puntos, con 36,2 en electrodomésticos y apenas 23,5 en automóviles y casas. Las caídas fueron de 2,5%, 1,4% y 4,3%.
Los especialistas señalan que la evolución futura de la confianza dependerá de tres factores centrales: el impacto de las tarifas y los subsidios, la velocidad de recuperación de los salarios y la continuidad de las inversiones en energía, minería y agroexportaciones.
Por ahora, el mapa económico muestra un país dividido: provincias con mejores expectativas impulsadas por actividades productivas y exportadoras, frente a un AMBA más afectado por el costo de los servicios y la pérdida de poder adquisitivo.