La morosidad de las familias llegó al 11,2% y acumula 16 meses de suba

El deterioro de los ingresos y el freno del crédito impulsaron un fuerte aumento en los niveles de mora, con picos en préstamos personales y tarjetas, mientras el consumo sigue debilitado.

La calidad del crédito en Argentina continúa deteriorándose y muestra señales de tensión crecientes en los hogares. En febrero de 2026, la morosidad de las familias alcanzó el 11,2%, consolidando una tendencia ascendente que ya suma 16 meses consecutivos. El dato refleja el impacto de la pérdida de poder adquisitivo y el menor dinamismo del financiamiento al consumo.

De acuerdo con el último Informe sobre Bancos del Banco Central (BCRA), el nivel de irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 6,7%, con una suba mensual de 0,3 puntos porcentuales y un salto de casi cinco puntos en comparación interanual. Sin embargo, al desagregar por tipo de deudor, la situación más crítica se observa en los hogares, donde el deterioro es más marcado que en el segmento empresarial.

En el último año, la mora de las familias pasó de niveles cercanos al 3% a superar el 11%, evidenciando una creciente dificultad para afrontar compromisos financieros. Las mayores tensiones se registran en los préstamos personales, cuya irregularidad trepó al 13,8%, y en el uso de tarjetas de crédito, que alcanzó el 11,6%. También se verificaron incrementos en créditos prendarios, mientras que los hipotecarios muestran un alza más moderada.

La morosidad de las familias llegó al 11,2% y acumula 16 meses de suba

En contraste, el financiamiento a empresas mantiene niveles de mora más bajos, aunque también en ascenso. El ratio se ubicó en 2,9%, por encima del registrado un año atrás, con aumentos en líneas como adelantos y documentos. Algunas modalidades vinculadas al comercio exterior se mantuvieron estables, mientras que los créditos hipotecarios corporativos continúan en niveles relativamente altos.

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En paralelo, el sistema financiero incrementó levemente su exposición al sector privado, que ya representa el 44,4% del activo total. No obstante, este crecimiento responde en parte a factores nominales, como la devaluación, más que a una expansión real del crédito.

Las condiciones para acceder a financiamiento también se endurecieron. Según el propio BCRA, durante el primer trimestre del año se registró una caída en la demanda de crédito tanto en empresas como en hogares, especialmente en tarjetas y préstamos hipotecarios.

Este escenario se traslada al consumo, que continúa mostrando debilidad en la comparación interanual, pese a algunos repuntes puntuales. Parte del gasto reciente, especialmente en bienes durables y turismo, estuvo sostenido por financiamiento, lo que incrementa la presión sobre la capacidad de pago de los hogares.

En este contexto, el aumento de la morosidad, la menor demanda de crédito y la fragilidad del consumo configuran un panorama desafiante para el sistema financiero, que si bien mantiene niveles de cobertura adecuados, enfrenta un deterioro en la calidad de su cartera que podría extenderse en los próximos meses.