Infancia en crisis: más de la mitad de los chicos sigue siendo pobre y crece la dependencia de la asistencia
Un informe de la UCA reveló que en 2025 la pobreza infantil alcanzó al 53,6% y la indigencia al 10,7%. Aunque hubo mejoras recientes, el 28,8% sufre inseguridad alimentaria y casi el 65% recibe ayuda alimentaria.
La pobreza entre niños y adolescentes en la Argentina se ubicó en el 53,6% durante 2025, mientras que la indigencia descendió al 10,7%. Los datos, correspondientes a la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de la UCA, muestran una mejora en relación a los años previos, aunque advierten que las condiciones estructurales de vulnerabilidad siguen vigentes.
Desde la casa de estudios señalaron que la baja reciente "trae alivio", pero no implica una solución de fondo. En perspectiva histórica, la pobreza infantil exhibe una tendencia creciente, con subas en períodos de crisis y retrocesos parciales en etapas de recuperación, lo que deja como resultado un deterioro sostenido en el largo plazo.
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En 2010, el 45,2% de los niños y adolescentes se encontraba en situación de pobreza. Tras una leve mejora en 2011 (35,7%) y 2012 (38,4%), comenzó un proceso de deterioro casi continuo, con picos durante 2020 y 2021 -cuando rondó el 64% y 65%- y un máximo reciente en 2023, con 62,9%. Si bien los valores de 2024 y 2025 marcan un descenso significativo, todavía se ubican por encima de los niveles de comienzos de la serie y de los mejores registros de la década pasada.
La indigencia siguió una dinámica similar, aunque con mayores fluctuaciones. Partió de 11,4% en 2010, bajó a 8% en 2011-2012 y luego creció de forma sostenida hasta alcanzar un máximo de 17,7% en 2024. En 2025 retrocedió al 10,7%, un nivel cercano al registrado entre 2017 y 2018.
El informe también pone el foco en la inseguridad alimentaria. En 2025, el 28,8% de los niños y adolescentes atravesó dificultades para acceder a una alimentación adecuada, mientras que el 13,2% lo hizo en su forma más severa. Aunque estos indicadores mejoraron respecto de 2024, aún no logran volver a los niveles previos a 2017 y afectan principalmente a los hogares de menores ingresos, con especial impacto en el Conurbano bonaerense.
En este contexto, la asistencia alimentaria alcanzó al 64,8% de los chicos, el valor más alto de la serie. El crecimiento se consolidó a partir de 2020, impulsado por la expansión de comedores escolares y comunitarios y la implementación de la Tarjeta Alimentar.
Ver: La pobreza bajó al 36,6% según la UCA, pero advierten que persiste un piso estructural
En paralelo, la cobertura de transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) llegó al 42,5% de la población infantil, lo que representa una caída de 3,3 puntos porcentuales respecto de 2024. Según la UCA, estas políticas alcanzan principalmente a los sectores más vulnerables, pero no logran cubrir a la totalidad de los hogares en situación de pobreza.
La investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina, Inés Tuñón, explicó que estas transferencias "no fueron diseñadas para cubrir por completo los ingresos familiares, sino para equiparar el salario de trabajadores formales e informales", y remarcó la necesidad de mejorar las condiciones laborales de los adultos.
El deterioro también se refleja en otros indicadores sociales. Durante 2025, el 19,8% de los niños y adolescentes dejó de asistir al médico o al odontólogo por razones económicas, siendo la atención odontológica la más postergada. Este fenómeno, advierte el informe, expone una deuda estructural del sistema de salud.
En términos habitacionales, si bien se registran mejoras de largo plazo, persisten déficits importantes: el 18,1% vive en viviendas precarias, el 20,9% en condiciones de hacinamiento y el 42% en hogares sin acceso adecuado a saneamiento.
A esto se suman privaciones materiales como la falta de vestimenta, que afecta al 37,5% de los menores, con consecuencias no solo económicas sino también emocionales.
Finalmente, el estudio advierte sobre cambios demográficos vinculados a la crisis social. La proporción de hogares con niños pasó del 56% en 1991 al 44% según el censo de 2022, en un contexto de caída sostenida de la fecundidad, que se ubicó en 1,4 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1).