¿Genio o loco?

"La diferencia entre un loco y un genio es el Éxito". Eso decía en sus discursos electorales el presidente. Lo repetía en todo el país y a todos los argentinos. Siguiendo la lógica del más extremo de los liberalismos, "Si sirve, es bueno". La conclusión es, "Sirve = Éxito = Genio". Hay mucho para agregar.

Luis Giachino
Dirigente de "La Juan Bautista"

Nada es tan sintético y las relaciones nunca son tan escuetas. Estas frases que parecen lógicas llevan los hechos hasta los límites de su simplificación y hacen desaparecer todo lo que rodea a una actividad, para mostrar como verdad un resumen de lo que tiene ramificaciones y consecuencias.

En este caso, se trata del punto fundamental de la política, que debe ser regida por la ética y la moral pública, para alcanzar el Bien Común. La ética y la moral puestas en el manejo de los bienes públicos. Nada más ni nada menos.

Porque no todo está regido por los resultados.

Según lo que expresó el presidente, "Los funcionarios y legisladores que sacaron préstamos... ¿mataron a alguien?". Si avanzamos con esta lógica, si nadie muere, no hay motivos para cuestionar lo hecho. Si los cuestionamientos morales estuvieran regidos únicamente por esta definición, caeríamos ante la falacia de que los valores morales solo están orientados a evitar daños a la vida. Y solo podríamos hacer juicios morales en caso de un asesinato.

Pero, como todo el mundo sabe y no debería ser necesario explicar lo obvio, robar está mal, abusar del poder está mal, ejercer los cargos públicos para orientar negocios personales está mal. Y todo lo que está mal, que hemos sabido siempre que está mal, que nunca fue necesario explicar por qué está mal, está mal. Pero en estos tiempos, hay que explicar...

El ser humano, sus necesidades y los objetivos que persigue una sociedad, es algo mucho más complejo que poder llegar a fin de mes. Debería saberlo Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Su padre, el ex senador Eduardo Menem, acaba de ganar un juicio al ANSES y cobrará cuarenta y un millones de pesos por mes, más un retroactivo de mil quinientos millones de pesos, un millón de dólares. ANSES, como corresponde, debió apelar el fallo. Pero ocurrió que eso no ocurrió y todo quedó firme. Y ahora, a Don Eduardo, le va a alcanzar para llegar al día treinta del mes, con un resto para un asadito.

Como no tuvo que matar a nadie y no hubo heridos de gravedad, con la lógica expresada por el presidente, podríamos asegurar que esto es ético por donde se lo busque y moralmente aceptable.

Otro Menem, al que se benefició con un préstamo del Banco Nación por 357 millones, otra Menem que recibió el mismo crédito pero por apenas 237 millones y va a tener que arreglarse con lo que le alcance. Qué le vamos a hacer. Son jóvenes. Apenas 24 y 26 añitos.

Y siguen los nombres, y siguen los créditos, y siguen los millones. Lo bueno es que nadie ha salido muy herido y mucho menos, muy muerto.

Cuando alguien pone en evidencia la acumulación de hechos de corrupción en los que se ven involucrados funcionarios de este gobierno a los que les estaría costando demostrar los orígenes de sus fondos, sus gastos y sus inversiones, ahí nomás sacan la vaina y empiezan a corretear con el equilibrio fiscal, con el freno la inflación(" que está vez no subió, sino que los que subieron fueron los precios"), o con los números de la macroeconomía, que del riesgo Kuka hoy pasamos "al riesgo político".

Parece que nada de eso es suficiente. Los bolsillos del común de los mortales dicen que no habrá muertos ni heridos, pero muy ético y moral no estaría siendo. La misma sociedad, propietaria de esos bolsillos, ve que los resultados no aparecen y a las promesas electorales les viene flaqueando la voluntad. "Solamente los locos pueden creer que haciendo lo mismo vas a tener resultados distintos". Hoy ven que las cosas son cada vez más iguales. Y habrá locos, habrá genios, pero el éxito brilla por su ausencia.

Han caído en su propia trampa discursiva. Lejos estamos de poder creer que los mismos que hacen lo mismo que no iban a hacer, orienten el barco a un puerto seguro. La vida de los argentinos se ha puesto difícil y no hay indicios de ver un horizonte alentador, ni se olfatea algún rastro que indique que lo mejor se está acercando.

No hay muertos, sólo heridos, mientras las internas del gobierno son cada vez más sanguinarias y groseras. Peleas berretas entre desquiciados que solamente argumentan delirios a una sociedad que los mira con desprecio. En un momento de tanta gravedad como la que vivimos hoy todos los Argentinos, semejante sarta de pavadas, solo puede ser producida por personajes menores carentes de ética y de moral y lo que es peor, "sentido común ".

No es necesario andar tropezando con los cadáveres, en este sainete de cuarta

Por los caprichos de Karina u otro tipo de compromisos desconocidos, el guión ha sostenido al Jefe de Ministros. Y ahí está don Manuel Adorni, un funcionario que ha pasado del canchereo ganador, a esa cara de preocupación constipada con que se lo ve las escasas veces que aparece. El hombre no mató a nadie. Pero sus antecedentes se están pareciendo bastante a un prontuario policial. Entran en escena seres enternecedores, casi alados. Aparece la escribana que intervino en las compras de sus soluciones habitacionales. Ha justificado sus pocos ingresos para saldar la deuda contraída. Las financiadoras del endeudamiento son dos jubiladas con la mínima, que no lo conocían y le han prestado 200.000 dólares a tasa cero. Y en la parte más caliente de la trama, la escribana se aparta del guión y en un alarde de improvisación ataca con una pregunta existencial ..."¿Qué es conocer a alguien?". El público estalla en aplausos, en risas y en llantos.

El sainete nos lleva por otros rincones del escenario y por lo que se alcanza a ver, hay un presidente atado al poste de un barco para enfrentar los cantos de las sirenas. Sus marineros creen que, sacándose fotos, haciendo dibujitos animados y manteniendo viva una esperanza declamada alcanza y sobra. Y al grito de "Ahora viene lo que no vino", lo que no vino, vendrá. Debe ser que todavía no ha llegado porque la intervención de "fuerzas siniestras" lo distrajo en su marcha. Lo dijo el presidente. El mismo que está atado en el poste.

A diferencia de Odiseo, el que está atado al poste no tuvo la precaución de hacer que sus hombres se taparan los oídos. Ahora todos están escuchando la misma radio, las mismas sirenas. El atado al mástil sigue gritando y obligando a ser obedecido, mientras la tripulación baila reguetón sobre la cubierta.

La evidencia de dos años y medio de gobierno demuestra, que los cantos de sirena han manejado esta gestión desde el comienzo. Y hoy más que antes. En su última etapa de esta carrera se siguen aferrando a un fracaso.

Al igual que lo que ocurre en la película "No miren para arriba", el cometa está viniendo en nuestra dirección. Y para cuando decidamos mirar, va a ser tarde. Sin plan y poniendo a gobernar a personas que distan de ser los mejores, nada bueno es posible. Porque nada bueno se puede alcanzar cuando se pone a gobernar a los peores y se los empapa de poder.

Si el éxito define la genialidad, el fracaso define el delirio.

La ética pública y la moral republicana no son parte del cotillón. Tampoco un adorno del que se pueda prescindir según el gusto del gobernante de turno. Son la estructura del edificio. Y cuando se prescinde de ellas no hay manera de evitar el derrumbe y que quede el tendal de muertos, heridos y daños colaterales.


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