Abrir las escuelas, y abrir las mentes dentro de ellas también

Educar exorciza al pobrismo. No es digno endiosar la condición de pobre: este concepto injertado en el pensamiento político es retrógrado y tiene pretensiones autoritarias. El pobrismo pone un pie sobre cada cabeza y lo saca si quien está abajo le responde ciegamente al gestor de ese pobrismo.

"La vuelta a las escuelas este año debe ser prioridad. No solo para brindar los contenidos curriculares y asegurar el derecho a aprender, sino también por la sociabilidad y el bienestar mental de los chicos", señaló Facundo Manes. Pero dejó algo más que el simple hecho de decidir volver a como estábamos antes de la pandemia: "Es indiscutible que debemos repensar nuestro sistema educativo. Por eso, luego de asegurar la vuelta a las escuelas, tenemos que dar un debate aún más profundo y desafiante: pensar qué tipo de educación queremos para nuestros chicos y hacerla posible".

Abrir las escuelas, empezar las clases presenciales, poner dentro de sus límites a los grupos de poder sindical que creen que no dar clases "es un derecho" y esconden todos los deberes que también les toca cumplir, es fundamental junto con lo otro: abrir las cabezas de todos, padres, alumnos, docentes, directivos, dentro de las escuelas.

Es una apertura general lo que está haciendo falta para no seguir en la tarea de perseguir la cola para morderla, tal como parecemos emperrados.

En este año de pandemia, se ha ido y vuelto muchas veces a la hora de discutir sobre educación. El fin parece ser el debate y no el medio para hallar un camino de reimpulso a la Argentina. Así y todo, cuando se han abierto las posibilidades de discusión con participación amplia, los que quieren decretar el triunfo de un sector ideológico de antemano, bicotearon cualquier posibilidad de un proceso libre, sin conclusiones pergeñadas a priori.

Es verdad que hay que abrir las escuelas, pero las escuelas deben estar en condiciones para recibir a los alumnos. En este punto, hay diferentes estamentos de responsabilidades: el Estado que tiene que cuidar los edificios y repararlos, como lo ha venido haciendo, pero también quienes los usan que no son solo niños y docentes, sino que debe considerarse a toda la comunidad como usuaria, como beneficiaria que es del hecho de tener una escuela cerca captando y empujando alumnos hacia el futuro.

Abrir los establecimientos educativos es prioritario para un país que se constituyó en Estado Nación a partir de la igualación de la oportunidad de aprender que soñó Domingo Sarmiento y que fue creciendo con el aporte de quienes o honraban y también de quienes le discutían sus ideas.

Y abrir las cabezas dentro de las escuelas para no sucumbir ante la cerrazón de los que tienen intereses creados en que pocos aprendan más. Es crucial levantar la vara. En esto los padres también tenemos que hacer un mea culpa y aceptar como triunfo que nuestros hijos sean mejores y no clones anclados a un tiempo pasado, el de nuestras propias experiencias y anécdotas, porque han pasado muchos años y las cosas no pueden ser vistas y analizadas con ojos paralizados en el tiempo.

Por ello es bueno que esté en discusión si se abren o no las escuelas. Sin embargo, prorrogar eternamente los debates es una condición de la argentinidad que nos está impidiendo permanentemente darnos la oportunidad de un nuevo impulso. Enamorados de la inercia, el resto del mundo se aleja cada vez más de nuestro alcance en muchos sentidos.

Volviendo a Manes, por citar a uno solo de los tantos que podrían ser citados: "Si seguimos poniendo en riesgo un derecho tan esencial como la educación, el 64% de chicos viviendo en la pobreza que tenemos hoy nos va a parecer poco en unos años".

La educación, el conocimiento, saca de la pobreza.

No es digno endiosar la condición de pobre: este concepto injertado en el pensamiento político es retrógrado y tiene pretensiones autoritarias. El pobrismo pone un pie sobre cada cabeza y lo saca si quien está abajo le responde ciegamente al gestor de ese pobrismo.

Por eso, hay que abrir las escuelas y las cabezas dentro de ellas. Las consecuencias negativas de mantener los establecimientos bajo llave son más graves que los de la pandemia de coronavirus covid-19 que asusta, pero que también sirve de excusa para quienes quieren que todo siempre siga igual de mal.

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