Mercosur-UE: una oportunidad para Mendoza que no admite improvisaciones
El acuerdo entró en vigor después de 20 años de negociaciones, aunque falta que se terminen de negociar algunos detalles
La entrada en vigor, desde el 1 de mayo, del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea marca un punto de inflexión para la inserción internacional de la Argentina. Después de más de dos décadas de negociaciones, se abre un mercado de enorme escala -más de 700 millones de consumidores- con reglas más previsibles y una reducción progresiva de barreras arancelarias.
En los papeles, el acuerdo es ambicioso: cerca del 90% del comercio bilateral tendrá arancel cero en los próximos años, con una porción significativa que ya accede en condiciones preferenciales. Pero, como suele ocurrir, la letra fina es la que define quién gana y quién queda en el camino.
En ese escenario, Mendoza aparece como una de las regiones mejor posicionadas del país para capitalizar esta nueva etapa. Su perfil exportador, fuertemente orientado a la agroindustria, coincide con los sectores donde el acuerdo ofrece mayores ventajas. Sin embargo, la oportunidad no es automática ni uniforme: dependerá de decisiones estratégicas, tanto del sector público como del privado. Los principales de Mendoza tendrán posibilidades:
- Aceite de oliva - Desgravación inmediata. Unas 2.000 toneladas pueden exportarse sin aranceles (antes pagaba ~124,5 euros/100 kg). Gran impulso para el sector olivícola.
- Ajo - Arancel cero con cupo inicial de 1.700 toneladas (crece progresivamente hasta 15.000 toneladas en 8 años).
- Nuez (con y sin cáscara) - Beneficios fuertes (arancel cero inmediato o desgravación rápida). Hubo exportaciones tempranas aprovechando el acuerdo (ej. nuez del Valle de Uco a España).
- Vino - Reducción gradual (alrededor del 20% anual o similar, llegando a cero en varios años, según fuentes ~5-10 años). Representa una gran parte de las exportaciones mendocinas a Europa. Mejora competitividad, aunque con plazos más largos.
- Otros - Miel, ciruela desecada y frutas secas también tienen reducciones graduales (4-8 años). Mejora general para frutas frescas/procesadas.
El caso del vino es paradigmático. La vitivinicultura mendocina ya tiene presencia en Europa, pero el acuerdo puede mejorar su competitividad al reducir costos de acceso y facilitar el ingreso a nichos de mayor valor. No obstante, también supone competir en condiciones más directas con potencias como Francia, Italia y España. En ese terreno, el diferencial no será el precio sino la identidad: marca, calidad y posicionamiento.
Algo similar ocurre con el mosto, donde Mendoza es líder global. La posibilidad de ingresar con menores aranceles abre una ventana para consolidarse como proveedor estratégico de la industria alimenticia europea. Pero nuevamente, el desafío será sostener estándares y garantizar volumen con calidad constante.
Otros productos como el ajo, las frutas procesadas o el aceite de oliva también encuentran oportunidades concretas. En todos los casos, el patrón se repite: Europa no demanda commodities indiferenciados, sino alimentos con valor agregado, trazabilidad y atributos específicos. Es un mercado exigente, pero dispuesto a pagar por calidad. El problema es conseguir volúmenes críticos para asegurar los negocios.
Ahora bien, el acuerdo también impone límites claros. Las normas sanitarias y ambientales europeas son cada vez más estrictas, y los mecanismos de cuotas para productos sensibles muestran que el proteccionismo no desaparece, sino que se redefine. A esto se suma un riesgo estructural: que la Argentina -y Mendoza en particular- consoliden un perfil exportador basado en materias primas o productos de bajo procesamiento. Por eso, el verdadero desafío no es exportar más, sino exportar mejor.
La competitividad que exige este acuerdo no se construye solo con tipo de cambio o reducción de aranceles. Requiere inversión, innovación, escala y, sobre todo, una estrategia clara de inserción internacional. Implica también coordinación público-privada, inteligencia comercial y una visión de largo plazo que trascienda coyunturas.
El acuerdo Mercosur-Unión Europea no es, en sí mismo, una garantía de desarrollo. Es una herramienta. Y como toda herramienta, su resultado dependerá del uso que se haga de ella.
Para Mendoza, la oportunidad es real. Pero también lo es el riesgo de desaprovecharla. Porque en el comercio internacional, como en la vitivinicultura, no alcanza con tener buen producto: hay que saber posicionarlo en el momento justo y en el mercado adecuado.