La lógica de la guillotina.
El autor describe la "decapitación" política de quienes acompañaron al presidente desde el inicio de su campaña como candidato hasta que advirtieron y se animaron a disentir con él. El caso Adorni es la contracara de la guillotina de Milei.
Danton la vió.
Cuando los principios de la Revolución Francesa empezaron a patinar, Danton fue uno de los primeros en darse cuenta. No solo lo notó. Hizo lo que correspondía. Lo denunció. Lo expuso. Lo enfrentó.
La Revolución había dejado los principios en manos de la herramienta. "La guillotina", pasó a ocupar el lugar de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. El terror reemplazó a la República. Y con ese inicio empezó, el fin de ese acontecimiento. Danton advirtió que se había perdido el rumbo. Se enfrentó a estos desmanes y locuras. Es decir, se enfrentó a los que estaban haciendo abuso del poder y denunció a los nuevos tiranos.
Hicieron lo mismo que hoy se hace con los que alguna vez conformamos el espacio de La Libertad Avanza y hoy vemos traicionados los principios. La cabeza de Danton rodó en la guillotina. Los críticos de hoy son expulsados y silenciados. El destierro político, la censura de las voces disidentes, es tan efectiva como la guillotina de entonces. Y las víctimas no dejan sus cadáveres desparramados. Simplemente dejan de aparecer.
Cuando el pensamiento uniforme es lo que se impone, las críticas molestan. Y el crítico es considerado como un enemigo al que hay que destruir. El objetivo dejó de ser la transformación. Ahora es la consolidación de un régimen.
Eso nos pasó a muchos de los que apoyamos este movimiento, que encabezó Javier Milei. Venía a transformar nuestro País y entendimos que algunas herramientas tenían que ser utilizadas momentáneamente. Que no pasaran a ser un fin y fueran solamente un medio.
Porque la motosierra, en definitiva, fue pensada como mecanismos para desterrar privilegios y privilegiados. Es ese el sector al que el candidato Milei denominó como "La Casta". Una herramienta para establecer equidad y desarmar prebendas. Y hoy, de a poco, la motosierra nos fue ajustando por el lado de los consumos de los más vulnerables. A la hora de definir los recortes, el hilo de los votos legislativos se ha cortado por el lugar más sencillo. Recordemos el "Asado en Olivos" para homenajear a los Héroes, diputados, que privaron a los jubilados de un aumento mísero.
La casta cambió de careta. Debajo de la máscara están los mismos de siempre. La familia Menem, Sciolli, Bullrich, Parejas, Ritondo, Caputto... El núcleo duro del gobierno mismo.
Nada de todo esto es, ni de cerca, lo que apoyamos desde el principio.
Quienes oportunamente lo vimos, decidimos enfrentarlo. Al principio para prevenir y encauzar, y luego por darnos cuenta que este gobierno había perdido el rumbo. Ya no son necesarias las guillotinas. Quien maneja el poder sin controles, cuando los estamentos de la república están atravesados por centenares de vasos comunicantes que pasan por debajo de la mesa, puede hacerle la vida difícil a las voces disidentes. Mucho más cuando tuvieron origen en el mismo palo. Pero a las astillas retobadas se las cataloga como traidores y la descalificación es la herramienta.
Imagen creada alegórica y conceptual del texto.
Los que pusimos nuestro esfuerzo para generar una idea superadora, ahora nos encontramos con que le abrimos la puerta a una nueva versión de lo más bajo de la política tradicional, siendo el dinero y los privilegios, el fin absoluto de un gobierno que está más cerca de la corrupción que de la búsqueda del Bien Común y la grandeza de nuestra Nación. Afortunadamente y en momentos tempranos de la nueva gestión nos dió vergüenza. Esa es la línea que divide los principios de la complicidad.
Sin prisa pero sin pausa y tal cual lo relato, llegamos al momento donde hoy estamos parados. Con pases de comedia que ni en los famosos y delirantes programas de "Cha Cha Cha", "Todo por dos pesos" o "Peter Capusotto y sus videos" hubieran imaginado. Para muestra, los dislates de Santillan, Lemoine, Gallardo o Reinhad, hacen quedar chico a cualquier guionista. Primero nos indignan, después nos reímos de lo ridículo, y por último lo naturalizamos, lo miramos pero lo dejamos de ver. Es una parte más del paisaje.
Mientras la Nación navega sin rumbo, estamos paralizados ante el despropósito de sostener al peor jefe de ministros de la historia.
Y al mismo tiempo que el gobierno asegura que está todo ordenado y perfecto, siguen pasando cosas. Los peores índices de salud, educativos, parámetros sociales, económicos, desarrollo intelectual, calidad institucional. En definitiva, intentan dejar a nuestra Patria sin rumbo ni destino.
Los que creemos que estas ideas son las correctas, caímos en el error de no haber previsto que las ideas son ejecutadas por personas. Y las personas pueden fallar.
Así es como un presidente que fue elegido para terminar con la corrupción, defiende a un corrupto, chanta, arrogante y mentiroso, como Adorni, solo porque es un miembro importante de su manada o rebaño. Y la corrupción se mide distinto si viene de la mano de los propios o de los extraños. Y mientras nos sigue mintiendo en la cara y sin tapujos, como un psicópata, la política y el Congreso toma la forma de las rivalidades futboleras.
Son épocas propicias para los fanatismos y sus lealtades automáticas. Quien tengan la pretensión de desarrollar su juicio crítico, no están en el mejor de los escenarios. Ya sea porque priorizan los intereses personales, porque no se animan a pensar, porque es más fácil no pensar y dejar que la corriente los arrastre o, simplemente, porque desean vivir tranquilos en la ilusión, la ingenuidad, la esperanza o la idiotez.
Siguen esperando que un gobierno que en apenas dos años ha mostrado un desprecio por los argentinos, por los más vulnerables, por nuestra soberanía, por la educación, por las industrias, por el trabajo, sea el garante de llevarnos hacia un destino de grandeza.
No faltarán quienes acusen de prejuiciosos a estos comentarios. Me lo han dicho. También me han dicho que mis notas resultan antipáticas, incomodan.
Pero por lo que se ve, entre quienes tienen la función de llevarnos para algún lugar razonable, existe una obsesión enfermiza con enriquecerse. Porque, aunque aparenten estar fundidos, los países no se funden. Aún quedan muchos negocios por inventar y mucho dinero por esquilmar. Si... Hay... Plata... Pero como generalmente ocurre, se la siguen llevando los mismos de siempre a costa de los perjudicados de siempre.
Es hora de que hablemos con claridad. Es esto, o amoldarse a la tendencia y vivir engañados para mantener unas esperanzas que se contradicen con la razón y lo que se puede ver de la realidad.
Antes o después, las caretas se van a caer y las mentiras no se podrán seguir sosteniendo. Generalmente, esto ocurre cuando del lado de adentro de los bolsillos hay menos que del de afuera.
Debemos empezar a reclamar las correcciones de rumbo. Y los primeros que tienen que hacerlo, son los legisladores de LLA que, se supone, representan a quienes los votamos para defender las ideas correctas. Por ahora, son unos timoratos y cobardes, traidores las ideas que los llevaron al Congreso de la Nación.
Da gracias escuchar a legisladores nacionales de LLA, criticar a los gobiernos provinciales, acusándolos de las mismas cosas que avalan cuando se trata del gobierno Nacional.
Los vimos hace unos días, controlados desde un balcón, en el Congreso, por él y ella -o más precisamente, por Ella y él-, gritando a toda voz... A dor ni... A dor ni... A dor ni... Cuando era oportuno pedirle explicaciones. El hombre está sospechado de enriquecimiento ilícito, o sea, por chorear. Al día de hoy, el excremento le está llegando a la comisura de los labios.
En "Julio Cesar", William Shakespeare pone en boca de Marco Antonio las palabras que detallan el asesinato del gran Cesar. Pero tiene prohibido hablar mal de los senadores asesinos. Los trata de HONORABLES. Da vueltas, se recuesta por los costados y en cada referencia a los asesinos, habla de su honorabilidad. Al terminar su exposición, lo que consiguió es que una palabra tan prestigiosa como "Honorable", pierda su valor y termine siendo interpretada como una de las peores formas de calificar a las personas.
En un extremo, la genialidad de Shakespeare. En el extremo opuesto, los funcionarios y legisladores de LLA. Han conseguido, sin genialidad pero con abundante eficacia para la torpeza, desvalorizar la calidad y cualidad de la palabra "Honorables" y equipararla a vergonzoso y vergonzante.
Luis Giachino
La Juan Bautista