Financiamiento universitario, defender el presente para construir el futuro
En vísperas a una nueva Marcha Universitaria Federal, el candidato a Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, opina sobre el desfinanciamiento universitario.
El debate sobre el financiamiento universitario en la Argentina excede ampliamente una discusión técnica o presupuestaria. Lo que hoy está en disputa es el lugar que la educación pública ocupa en el proyecto de sociedad que imaginamos y el papel estratégico que las universidades nacionales cumplen en la producción de conocimiento, en la movilidad social y en la construcción democrática.
Las universidades públicas argentinas atraviesan una de las situaciones más críticas desde la recuperación democrática. La pérdida sostenida del poder adquisitivo del presupuesto universitario, el deterioro salarial de docentes y nodocentes, la paralización de programas científicos y de infraestructura y la creciente incertidumbre institucional conforman un escenario que se torna cada día más complejo. Estamos frente a un proceso de desinversión que compromete la capacidad del sistema universitario para garantizar derechos, producir pensamiento crítico y sostener políticas de inclusión social.
Reducir el financiamiento universitario supone debilitar uno de los principales mecanismos de democratización que la sociedad argentina ha construido durante décadas. En las universidades públicas no solamente se forman profesionales; se forman ciudadanas y ciudadanos capaces de intervenir en la vida pública, producir innovación científica y contribuir al desarrollo social, económico y cultural del país.
La universidad pública argentina constituye, además, una experiencia singular en América Latina por su carácter gratuito, masivo y territorialmente extendido. Este modelo es el resultado de largas disputas históricas, de consensos democráticos y de una convicción colectiva respecto de que el conocimiento no puede quedar subordinado exclusivamente a las lógicas del mercado.
En este contexto, defender el financiamiento universitario significa asumir una responsabilidad institucional y política con el futuro. Las universidades tienen el desafío de sostener su autonomía crítica y, al mismo tiempo, desarrollar estrategias de gestión innovadoras que les permitan fortalecer su sostenibilidad institucional sin renunciar al principio de que el financiamiento estatal constituye una obligación indelegable del Estado nacional.
Por ello, hoy más que nunca resulta imprescindible pensar políticas universitarias que combinen defensa irrestricta de la educación pública con nuevas capacidades de planificación, articulación territorial y diversificación de recursos. La construcción de convenios estratégicos, la generación de fondos de reserva institucionales, el fortalecimiento de las áreas de vinculación tecnológica y social y la planificación participativa del presupuesto deben entenderse como herramientas complementarias para atravesar contextos de extrema fragilidad presupuestaria.
Sin embargo, ninguna estrategia de gestión puede sustituir el compromiso estatal con la universidad pública. Pretender que las universidades resuelvan estructuralmente el ajuste mediante mecanismos propios equivaldría a naturalizar el retiro del Estado y profundizar desigualdades históricas entre instituciones, regiones y sectores sociales.
La universidad pública argentina representa una inversión social, cultural y estratégica indispensable para cualquier proyecto de futuro que aspire a la igualdad, la democracia y la justicia social.
Con la profunda convicción de que las universidades públicas deben seguir siendo espacios de pensamiento crítico, inclusión y compromiso social, asumo el desafío de aspirar al decanato de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. Lo hago entendiendo que los tiempos actuales exigen no sólo defender la educación pública frente al desfinanciamiento y la incertidumbre, sino también construir una gestión capaz de fortalecer institucionalmente a nuestra facultad, cuidar a quienes la sostienen cotidianamente y proyectar un horizonte de calidad académica, innovación y bienestar para toda la comunidad universitaria. Creo profundamente en una universidad que dialogue con su territorio, que forme profesionales comprometidos con la realidad social y que continúe siendo una herramienta de democratización y transformación colectiva.