Mendoza exporta más, pero necesita nuevos vectores de crecimiento

Mendoza exporta más volumen, pero genera menos valor: el CEM advierte una década de estancamiento y reclama nuevos motores de crecimiento.

Rodolfo Cavagnaro
Columnista de Memo

Los números que acaba de presentar el Consejo Empresario Mendocino (CEM) sobre las exportaciones provinciales dejan una sensación ambigua. Por un lado, Mendoza puede mostrar una recuperación luego de varios años difíciles. Por otro, los datos revelan una realidad más profunda y preocupante: la provincia lleva más de una década sin encontrar un verdadero camino de crecimiento exportador.

La primera lectura parece positiva. En 2024, las exportaciones mendocinas alcanzaron los 1.601 millones de dólares, un aumento significativo respecto de 2023. Sin embargo, una mirada más detallada obliga a relativizar el entusiasmo. El valor exportado sigue por debajo de los máximos históricos alcanzados hace más de una década y, además, gran parte de la mejora se explica por mayores cantidades vendidas y no por una mayor generación de valor.

En términos simples, Mendoza está exportando más kilos, pero no necesariamente más riqueza.

La caída de los precios promedio de exportación durante los últimos años refleja una dificultad estructural para posicionar productos con mayor valor agregado en los mercados internacionales. Es una señal de alerta para una provincia que históricamente construyó su identidad económica sobre la calidad de sus producciones y no sobre el volumen.

La situación se vuelve más evidente cuando se compara a Mendoza con el resto del país. Mientras Argentina logró incrementar significativamente sus exportaciones impulsada por sectores como la energía, la minería y la agroindustria de gran escala, la participación mendocina en el total nacional continúa reduciéndose. Hoy apenas representa alrededor del 2% de las exportaciones argentinas.

La pregunta entonces es inevitable: ¿por qué Mendoza no logra crecer al ritmo de otras regiones? Parte de la respuesta se encuentra en problemas macroeconómicos que afectan a todo el país. Durante años, la inflación, el atraso cambiario, las restricciones para importar insumos, la presión tributaria y la incertidumbre regulatoria castigaron la competitividad de las empresas exportadoras. Pero sería un error atribuir toda la responsabilidad a Buenos Aires.

Mendoza también enfrenta desafíos propios. Su matriz exportadora sigue concentrada en pocos productos y pocos mercados. El vino continúa siendo el emblema provincial, acompañado por el ajo, algunos productos agroindustriales y manufacturas industriales. Son sectores fundamentales y con enorme potencial, pero que por sí solos parecen insuficientes para impulsar un salto exportador significativo.

La experiencia de Chile ofrece una referencia interesante. Hace cuarenta años, gran parte de sus exportaciones dependían del cobre. Sin embargo, el país logró construir una estrategia de diversificación que permitió sumar nuevas fuentes de divisas. Hoy, además de la minería, exporta frutas frescas, vinos, salmón, productos forestales y servicios tecnológicos. Ninguno de esos sectores reemplazó al otro. Por el contrario, todos se complementaron para construir una economía más robusta y menos vulnerable.

Mendoza enfrenta un desafío similar. La discusión no debería centrarse en elegir entre vitivinicultura o minería, entre agricultura o servicios. El verdadero objetivo es ampliar la cantidad de sectores capaces de generar riqueza y empleo. Un ejemplo es el caso de la papa elaborada, que ya representa el 6% de las exportaciones totales

La minería moderna aparece como una de las oportunidades más visibles. El crecimiento de la demanda mundial de cobre vinculado a la transición energética abre una ventana histórica para regiones que poseen recursos geológicos y estabilidad institucional. Mendoza cuenta con ambos activos, aunque todavía mantiene un debate político y social inconcluso respecto de cómo aprovecharlos.

Los servicios basados en el conocimiento constituyen otra oportunidad. Empresas de software, desarrolladores tecnológicos, consultoras y firmas de servicios profesionales pueden exportar talento mendocino sin necesidad de transportar bienes físicos. Son actividades de alto valor agregado que demandan capital humano calificado y generan empleos bien remunerados.

También existen posibilidades en los servicios de salud. Mendoza se ha consolidado como un polo médico regional con profesionales reconocidos, infraestructura creciente y capacidad para atraer pacientes de otras provincias e incluso de países vecinos. El llamado turismo médico representa una fuente de ingreso de divisas que muchas economías regionales están comenzando a desarrollar.

La logística internacional es otro sector con potencial. La ubicación estratégica de Mendoza sobre el corredor bioceánico hacia el Pacífico podría transformarla en una plataforma de servicios para el comercio exterior argentino. La concreción de mejoras plataformas de servicios para el comercio exterior argentino. La concreción de mejoras en infraestructura y conectividad permitiría aprovechar una ventaja geográfica que hoy se encuentra subutilizada.

Finalmente, el turismo receptivo continúa siendo una de las grandes fortalezas provinciales. Cada visitante extranjero que llega a Mendoza genera un ingreso de divisas equivalente a una exportación. El enoturismo, la gastronomía, el turismo de montaña y las actividades vinculadas a la naturaleza representan un activo económico que todavía puede expandirse. El turismo es como una exportación inversa, porque no hay que mandar ningún producto y el comprador viene hasta nosotros y paga por quedarse y disfrutar. El turismo trae divisas.

La experiencia internacional demuestra que ninguna región alcanza altos niveles de desarrollo dependiendo de una sola actividad. Las economías más dinámicas son aquellas que logran combinar tradición e innovación, fortaleciendo sus sectores históricos mientras crean nuevos motores de crecimiento.

Los datos del CEM muestran que Mendoza todavía tiene capacidad para competir en el mundo. Lo que está en discusión no es el potencial de la provincia, sino la velocidad con la que decide ampliar su matriz productiva. Porque el desafío ya no es solamente exportar más. El desafío es exportar más valor, más conocimiento, más servicios y más oportunidades para las próximas generaciones.

En definitiva, la pregunta que deja planteada el informe del CEM no es cuánto exportó Mendoza en 2025, sino qué tipo de economía quiere construir para 2040.

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