El Bosco, Lucas Cranach y las PASO de Argentina

Una analogía finamente descripta por el autor de esta nota, el habitual coaborador Eduardi Da Viá, entre lo que muestran intrínsecamente dos grandes obras de arte comparadas con la realidad argentina.

Eduardo Da Via

Sobrevolando por encima de las noticias políticas argentinas, a los efectos de tener una visión panorámica y abarcadora del tremendo espectro que nos ofrecen los innumerables candidatos, en cuanto candidatos, no en cuanto planes de gobierno en caso de resultar ganadores cualquiera de ellos, se me ocurrió la idea de sobrevolar el territorio de la república a bordo de una silencioso dron y observar desde una perspectiva aérea, todos los desplazamientos, reuniones, convenciones, manifestaciones, contubernios, apariciones supuestamente espontáneas aunque vilmente preparadas en barrios susceptibles por sus extremas condiciones de vida y dotada además la nave de poderosas cámaras fotográficas para registrar desde distintos ángulos los miles de modelos de sonrisas impostadas, más algún diabólico y secreto dispositivo, empréstito de la CIA, el Mossad, la KGB o el MI6 británico, capaces de ver los pensamientos que alientan las actitudes de los preclaros prohombres y mujeres, aunque éstas por ahora no dispongan del mismo calificativo femenino, un imperdonable desliz de las activistas de la igualdad de género., que se postulan como redentores a los miles de tentadores cargos que en un futuro cercano estarán disponibles para medrar desde ellos.

Qué se vería me preguntaba, cómo luciría cada uno de los protagonistas, desprovistos de sus estudiadas vestimentas y actitudes corporales, en especial postura de manos en forma individual o estrechamientos de las mismas con compañeros de fórmula, a la postre más rival que el más rival de los rivales, y por cierto, al estar desnudos, poder estudiar la actitud de los genitales, prestos a participar activamente aunque embozados tras faldas y pantalones de discreta apariencia.

Y, por asociación de imágenes, me vinieron a la memoria, con llamativa claridad, dos pinturas famosas, ambas del siglo XVI, que creo son la representación gráfica más fiel del pandemonio electoral albiceleste.

Ellas son El jardín de las delicias del pintor flamenco El Bosco, y La fuente de la eterna juventud del alemán Lucas Cranach el Viejo.

El Jardín de las Delicias, El Bosco.

Respecto de la primera, como sabemos es una obra de gran tamaño dividida en tres paneles, cuya fecha de ejecución aproximada es entre 1500 y 1505, dado que el Bosco no fechaba y tampoco por lo general firmaba sus obras.

En el panel de la izquierda destacan tres figuras clásicamente interpretadas con Dios, pero bajo la forma habitual de representar a Jesús, dándoles sus manos a un hombre pequeño y a una mujer de mayor tamaño. Bien podría interpretarse como la entrega del mando por parte de un frustrado pero respetuoso Macri, a los electos Presidente y Vice, la diferencia de tamaño a favor de la mujer simbolizaría el peso que cada uno habría de tener en el manejo de la nueva administración, huelgan las aclaraciones.

Todo esto tiene lugar en al paraíso terrenal que constituye el fondo de la pintura y en el que, a la izquierda aparece el Árbol de la vida (un exótico drago), y en un segundo plano, a la derecha, el Árbol del bien y del mal (una palmera, también llamado el árbol de la ciencia), ya que alrededor de él se enrolla la serpiente tentadora. Dado que en el siguiente panel se representa un mundo lujurioso, se ha interpretado esta tabla como el preludio de lo que después acontecerá.

Por encima de la imagen de Jesús- Dios está la fuente de la vida sobre la que luego ampliaré y en cuya orilla derecha se aprecia una roca antropomórfica, un rostro de perfil por el que trepa una serpiente, símbolo del pecado y preludio de lo que sucederá

El Paraíso es para mí la alegoría del poder omnímodo del que medran desde la Casa Rosada los más altos funcionarios.

El panel central, al que me gusta llamar el caleidoscopio de la corrupción, es el Jardín de las Delicias, propiamente dicho; mide 220 cm de alto por 195 de ancho. Un falso paraíso en el que la humanidad ya ha sucumbido en pleno al pecado, especialmente a la corrupción, y se dirige a su perdición. Decenas de símbolos diferentes, cuyas claves solo pueden sospecharse, pueblan este espacio opresivo y angustioso en el que la locura se ha apoderado del mundo. Aparecen tanto hombres como mujeres: blancos y negros, desnudos. Se muestran todo tipo de relaciones sexuales y escenas eróticas, principalmente heterosexuales, pero también homosexuales y onanistas. Además, aparecen también relaciones eróticas y sexuales entre animales, e incluso entre plantas.

En nuestro vernáculo lenguaje versión burda son extremadamente frecuentes las expresiones verbales que representan el acto sexual como elemento de dominación de un individuo sobre otro, o de triunfo en una disputa o contienda, y por cierto se refiere al sexo violento y no consentido por ambos participantes, sino por el que exhibe el órgano masculino habitualmente, aunque no faltan las referencias a mujeres que utilizan su entrepierna para obtener beneficios a los que su formación, escasa por cierto no le permitiría acceder.

Las escenas de zoofilia bien podían simbolizar las relaciones cuasi carnales entre humanos y animales siendo éstos representación de lo más bajo y peligroso de la sociedad: los delincuentes y hasta asesinos que se encargan de la parte sucia de la campaña, sobre todo cuando se trata de anular a un rival de peso, para que el de guantes blancos los mantenga impolutos y la que se manchen con la sangre o equivalentes sean los sicarios

De nuevo un estanque representaría la Fuente de la eterna juventud.

La fuente de la eterna juventud.

Sin entrar en otros detalles por la complejidad del cuadro y las muy variadas interpretaciones posibles, que impiden ser exhaustivo; pero para no perder el hilo, recuerden que mi planteo inicial, fue el de una vista aérea desde un dron de lo que actualmente ocurre en todo el territorio de nuestra azorada Argentina. Especialmente en estos últimos días donde los debates intermediados por la prensa se parecen al Coliseo en la época de los gladiadores, sobre todo por la variedad de armas que utilizan para, destruir si es posible o al menos invalidar a los oponentes; la diversidad de componendas en el sentido de "arreglo o transacción censurable o de carácter inmoral", y la ausencia total y absoluta de soluciones teóricas al menos, para los problemas de extrema gravedad por los que atraviesa el país.

La gente: ignorada. Valen sólo como voto y están así condenadas a la porción derecha del tríptico dedicado al Infierno, pero no como lugar de castigo donde debieran caer los figurantes de la porción media de la obra, sino lugar de sufrimiento para los inocentes ciudadanos, que, hayan votado o no, están son seguridad compelidas a la miseria en aumento, por el accionar de cualquiera de los famélicos candidatos una vez que les abran la despensa teóricamente destinada a abastecer al pueblo y no a los respectivos patrimonios personales.

El Bosco no representó nunca la figura del enriquecimiento ilícito, que seguramente existía también en su época, por cuanto no hay falta o pecado si prefieren, que la humanidad no haya cometido desde el principio de su existencia, pero sí ha cambiado la frecuencia de su incidencia, hasta transformarse en modus vivendi de la política argentina. Presidentes, Vice Presidentes, Jueces Federales y de los otros, Altos Mandos de las fuerzas de seguridad, Clérigos, Profesionales del Arte de Curar, Intendentes y Concejales, Empresarios, en fin, si afinamos la puntería no hay estamento que se salve.

Un párrafo aparte merece una de las imágenes del infierno, donde. Abajo a y a la derecha aparece un cerdo con hábito de monja en una relación claramente carnal con un joven que parece rechazarla/lo. ¿No sería premonitorio del Próvolo donde los señores políticos dieron un paso al costado por no ser de su incumbencia las aberraciones apañadas por el mismo Vaticano? El rostro del joven no irradia placer sino más bien asco por el hecho en sí en que se ve involucrado y por el atroz lugar en el que ha caído por culpa de la tolerante corrupción expuesta en el panel medio.

Respecto del segundo cuadro al que hago referencia en el título de este escrito: La Fuente de la Eterna Juventud, magistralmente interpretada en la genial pintura de Lucas Cranach, si bien se basa en referencias tan antiguas como la que aparece en el tercer libro de las Historias de Herodoto (siglo IV a. C.), la más genial representación pictórica es la del famoso artista alemán, que también las plasmó en el lienzo a principios del siglo XVI como su colega flamenco El Bosco.

Si observamos detenidamente la escena, desde la izquierda vienen arribando mujeres viejas o deformas que dificultosamente logran sumergirse en la mágica fuente, donde, a medida que la atraviesan, va transformándose sus decrépitos cuerpos en esculturales figuras de jóvenes mujeres, las que una vez arribadas a la orilla opuesta, emergen prestas para entrar en una tienda a guisa de vestuario para luego dirigirse al banquete que se ve montado sobre el prado de la derecha.

Admito que la no inclusión de hombres en el pasaje por la laguna puede interpretarse como misoginia por parte de Cranach, aunque hay quienes sostienen que los hombres obtenían los mismos beneficios copulando con las jóvenes recién restauradas.

Para mi nada benévola interpretación, el cuadro bien podría ser la alegoría del pasaje de los funcionarios por la Fuente del Poder de la que emergen sino más jóvenes sí mucho más ricos de lo que entraron, sin faltar los que por su cuentas agregan cirugías anti edad quizás hasta con cargo a algunas de esas famosas partidas especiales de las que pueden hacer uso indiscriminado selectos beneficiarios muy allegados al poder o directamente como en el famoso caso de la Picadura de la cara de Menem, a todas luces lifting o similar, a cargo del erario público.

Las últimas noticias e imágenes periodísticas muestran ejemplos terroríficos de lo arriba expuesto, con centenares de candidatos y miles de correveidiles armando contubernios soterrados, dispuestos a sacrificarse por una ARGENTINA MEJOR PARA TODOS.

Creo haber escuchado esta expresión desde mi más tierna infancia, allá por la década de los 40.

Esta nota habla de: