Viene un meteorito económico contra Mendoza: ¿apuntamos los misiles o apostamos al sálvese quien pueda?

Días atrás un grupo de autoayuda ante el posible fin de una época económica se reunió en el Le Parc. Entre metáforas y asteriscos, la catarsis se volvió propuesta. Aquí contamos por qué es una ventaja que esté en el horizonte un meteorito destructivo que se acerca.

Por primera vez la crisis se ve venir para Mendoza. Es horrible. Pero es una ventaja: la tenemos al alcance de la vista. Está más o menos distante. Claro, no muy lejos, tampoco. Pero se podríamos reaccionar a tiempo para que no impacte cual meteorito destructivo. 

Hacia un polirrubro

La vitivinicultura fue y volvió muchas veces, por más que prefiramos esconder bajo la alfombra la mugre del pasado económico en la larga y meandrosa historia de Mendoza. Hoy el cambio climático juega fuerte sus fichas y se le suma el cambio de costumbre de la humanidad que prefiere beber cosas menos nobles que vino. 

Si no se reacciona a tiempo, no habrá remplazo para las miles de hectáreas de viñedos que dejarán de estar allí. Y no hablamos de otras viñas, sino de otras cosas, como alguna vez el gobernador Alfredo Cornejo les dijo en pleno desayuno de la Coviar en Vendimia a los productores de vino y se les atragantó la medialuna. ¿Nadie pensó que un nuevo ciclo climático traería aparejado un nuevo ciclo económico como desafío monumental? Entre 30 y 70 mil hectáreas de viñedos, se dijo, van a desaparecer.

Ya pasó antes, cuando había trigo y maíz y lo cambiaron por viñas. Y volverá a pasar mil veces, por más que quienes están cómodos en su actividad prefieran negarlo.

La crisis genera peleas y no está mal que así sea, el asunto es que ese meteorito viene cayendo y hay que pelearse rápido para resolver lo urgente: detenerlo, fragmentarlo. No vale que los que puedan hacerlo se escondan en sus refugios y dejen al resto impávidos ante el Armagedón.

Repatriación de menducos migrantes

Hace unas semanas, en una entrevista carpool de Memo, el emprendedor Gustavo Casaño tiró una idea loca, que generó gran repercusión: "¿Y si convocamos a todo lo que se fueron de Mendoza y triunfaron afuera, y los transformamos en una nueva corriente migratoria para refundar Mendoza?".

Pablo Lacoste es un historiador de la política y la economía de aquí que se fue a Chile y está volviendo o, al menos, está más presente y echando raíces una vez más. Convocó a una reunión amplia, diversa, de gente que se conocía y que no, que pensaba parecido y al revés, pero bajo la premisa de hacer algo para encontrar un nuevo eje económico y que esté a mano, en la historia, en las posibilidad y potenciales no exploradas o bien, abandonadas, escondidas, ocultadas.

Allí fue donde el divulgador científico Esteban Tablón, habitual cronista vendimial de Memo desde los surcos en el Valle de Uco (que se fue al mundo y volvió, también, cumpliendo el sueño/teoría de Casaño) lanzó ideas astronómicas, su especialidad junto a la inteligencia artificial, y surgió la metáfora del meteorito que se acerca, pero está a la vista y podemos calcular cómo detenerlo.

Economía de la identidad

Lacoste habló entonces de fortalecer el turismo identitario y lanzó sobre la mesa la posibilidad de hacerlo con la economía naranja, como le llaman en Colombia a la que está basada en la tecnología y el conocimiento. Como síntesis entre más de 30 personas reunidas en ronda cual grupo de autoayuda, surgió la síntesis de "Economía de la Identidad", porque genera riqueza a partir de lo que se es, de lo que hay, de lo que puede llegar a haber en función de la historia que se proyecta, tal como lo contó Mariano Morales, economista y gestor cultural al fin.

Allí apareció otro concepto fuerte que viene acuñando a su paso el gerente de ProMendoza, un trotamundos que abrió mercados en Rusia, China y EEUU antes que nadie, primero para él y ahora para todo el que se anime, Mario Lázzaro. No estaba en la reunión pero su concepto de "internacionalización de Mendoza" lo fue todo. Es una salida. Sino un misil contra el meteorito amenazante, un escudo eficaz al menos. 

El turismo, esa solución (condicionada)

Todo el mundo miró hacia el lado del turismo como salida, luego de que se les cerraran las puertas a la actividad minera controlada como opción económica, aunque sea en "zonas sacrificadas", como expresó en la reunión el presidente de la Academia Nacional del Vino.

"El 70% de los 3 millones de turistas que vienen por año a Mendoza lo hacen por el vino. ¿Y si por razones económicas o naturales no hubiera más? El cambio climático está aquí y está haciendo daño", planteó en algún momento Javier Espina, que fue ministro del área y trabaja en el tema. Si es así, "hay que pensar en cómo sostener ese interés en venir a Mendoza", se planteó en una ronda que fue girando con numerosos protagonistas de acciones diversas.

Otra vez el cambio, pero sin miedo si se calcula

"Esto ya pasó y no hay por qué temerle a los cambios de matriz productiva", lanzó el empresario del Este que lo vivió en carne propia cuando se dedicó al maíz y el maíz le quitó a él su propia dedicación, y tuvo que enfocarse en otros temas, con éxito obligado, pero éxito al fin.

Se ha dicho: "Mendoza tiene mejores condiciones que otros lugares del país para, por ejemplo, los agricultores de productos que ya no se dan sean remplazados. Por ejemplo, la alfalfa. Ya sucedió con el trigo y el maíz en el pasado. Se transformó. Pero hay que mirar hacia el horizonte".

Y surgió un reconocimiento del desinterés mendocino por lo propio, lo criollo, lo desértico y su producción despreciada: "Nadie cosecha los higos que son exactamente lo que tenemos que producir. Nadie muestra al turista cómo se hace un dulce de durazno para que se lleve al menos un frasco de souvenir. No hay dulce de uva, zapallo, alcayota o tomate en los hoteles...".

Nadie, tampoco, invita con franqueza a los chilenos a venir

El encuentro menos catártico que propositivo, subrayó además, en el ping pong cuasi desesperado, una realidad: al lado del mapa de Mendoza hay 10 millones de chilenos "amontonados" en Santiago, pero jamás les hemos dicho con franqueza, ganas, sinceridad, entusiasmo y promociones, que son bienvenidos. ¿No es cierto acaso que solo esperamos que vengan? ¿Por qué deberían hacerlo espontáneamente? Los necesitamos. Son una recarga misilística contra el meteorito que se acerca.

Entonces

La gente de las fincas tiene que quedarse allí, cómodos, atendidos, cuidados para que sean anfitriones del turismo que puede venir por nuestros productos.

La cultura es, sin dudas (como casi siempre, pero ahora con más visibilidad, fundamentos y relevancia y menos hippismo) la economía.  Los futuros (¿futuros?) ministros de Economía se dedicarán a tramitar empréstitos y esquivar deudas. 

Será la cultura, con todo lo que tiene de identidad local, espontaneidad histórica, tecnología aplicable, conocimiento por multiplicar,  condiciones geográficas por descubrir y potenciar, y limitaciones climáticas por aceptar, lo que podrá destrozar en pedazos la amenaza en ciernes.

¿Será que hay lo que tenemos es un problema psicológico, al querer ser lo que no somos y posicionarnos en cosas que no podemos sostener, disminuyendo, menospreciando y hasta eliminando del menú de posibilidades lo que la identidad y el territorio nos aportan, gratis?

Pues entonces toda esta gente que se reunió días atrás en el espacio Julio Le Parc tiene una gran tarea por delante, como grupo de autoayuda. Pero habrá que convocar a más gente afectada. Siempre cuesta que el paciente reconozca su problema. Pero esta vez la latente amenaza puede ser un estímulo a que lo haga.

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