Por qué el ideólogo del ALCA sostiene que hay que reimpulsarlo 16 años después

El secretario de Comercio de George W. Bush, Carlos Gutiérrez, contó detalles de aquella Cumbre de Mar del Plata, en 2005, en la que el bloque "progresista" rechazó el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas.

G. Conte y S. Montiveros

"Hoy en día todavía pienso que puede funcionar, porque el mundo se está regionalizando". De esta manera, el exsecretario de Comercio de George W. Bush, Carlos Gutiérrez, sostiene que el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que fue rechazado en la Cumbre de Mar del Plata en 2005, podría reimpulsarse 16 años después.

En diálogo con "Tormenta de Ideas" (sábados a las 8.30 por radio Nihuil), Gutiérrez recordó que en la Cumbre de las Américas de 2005 "lo perdimos por cuatro votos. La idea era formar un bloque comercial en las Américas. Hoy en día todavía pienso que puede funcionar, porque el mundo se está regionalizando. En vez de globalización, hay una regionalización". 

"Europa, Asia y China están regionalizándose. Entonces, hay personas que piensan que cuando hablemos del factor local para competir, hablemos de las Américas", siguió el exsecretario de Comercio que acompañó a Bush en la Cumbre que se desarrolló en Mar del Plata en 2005. Sin embargo, a la luz de los hechos, sostiene que -más allá de su conveniencia- "no veo que se concrete en el corto plazo". 

Durante la entrevista, Gutiérrez -quien llegó a ser CEO de la multinacional Kellogg's- recordó algunas anécdotas de aquella cumbre que involucraron al expresidente Bush.

-¿Cómo llegó a ser la máxima autoridad de Kellogg's?

-Fue parte suerte y sudor. Empecé como vendedor en México, nací en Cuba, y en 25 años llegué a la cima a ser presidente del consejo y presidente de la compañía a nivel mundial. Tuve que cambiarme  22 veces y trabaje en casi cuatro continentes. Fue una trayectoria larga.

-¿Era un mundo distinto al de hoy?

-Estamos en una situación en la que el comercio se ha convertido en un factor político, siempre ha sido político, pero ahora ha cambiado el sentimiento de la gente hacia el comercio exterior. La palabra globalización ya no es una palabra de moda. No veo que tengamos muchos tratados libre comercio nuevos. La Organización Mundial de Comercio yo no la veo que regrese con mucho poder, con mucha fuerza. Así que estamos estancados, no estamos marchando y creo que es el nuevo estatus quo.

-¿Se avizora cuáles son las perspectivas de liderazgo mundial en materia de comercio?

-Yo no lo veo al presidente Biden que de un momento a otro sea un campeón del comercio exterior y de la globalización. Es demasiado riesgo político y los demócratas siempre han sido anti comercio exterior. Estamos en una situación en que los republicanos y los demócratas se han vuelto proteccionistas. Nada es permanente, pero yo creo que esto va para largo. El populismo que estamos viendo en Estados Unidos, la gente se pregunta de dónde vino. Yo creo que empezó en los años 70, cuando comenzaron a llegar carros de Japón y la gente comenzó a perder el empleo. Pero no veíamos el factor humano, el factor local. Después vino NAFTA, después entró China en la Organización Mundial de Comercio, lo que fue un fracaso tremendo en Estados Unidos. Todo eso fue creando un resentimiento hacia la globalización, hacia el comercio exterior, que vino a explotar cuando llegó Trump a la presidencia porque lo explotó muy bien. Eso se va a tener que manejar con políticas para ayudar a la gente.

-¿Qué hubiera pasado si en 2005 en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata se aprobaba el ALCA que usted impulsaba junto al presidente Bush?

-Ese lo perdimos por cuatro votos. La idea era formar un bloque comercial en las Américas. Hoy en día todavía pienso que puede funcionar, porque el mundo se está regionalizando. En vez de globalización, hay una regionalización. Europa, Asia y China está regionalizando, no Estados Unidos, que lo hubiera hecho con el TPP (acuerdo transpacífico), pero China lo está haciendo. Entonces hay personas que piensan que cuando hablemos del factor local para competir, hablemos de las Américas. Pero eso no lo veo en el corto plazo. 

-¿Cómo fueron aquellos días en Mar del Plata?

-Es muy curioso, pero había un movimiento fuerte de la Izquierda que veía esto como un intento de Estados Unidos de apoderarse del comercio de la región. También había mucho resentimiento, mucha gente en contra aquí en los Estados Unidos porque había rumores de que queríamos cambiar la moneda y queríamos tener una moneda regional, que íbamos a ser una especie de Europa que llevaría a Estados Unidos a perder poder comercial, económico y político. En esa época creo que fue Argentina, Ecuador, Venezuela y Bolivia que votaron en contra.

-¿Es el momento en que los países hagan tratados bilaterales o usted cree que está regionalización se tiene que imponer?

-Yo creo que la regionalización es a largo plazo, va a tomar tiempo. Cuando estábamos con Bush, lo que estaba de moda eran los acuerdos bilaterales. Llegó Obama y se hizo el TPP, que fue regional, y el presidente Trump criticó mucho los acuerdos multilaterales y bilaterales. En síntesis, si hay dos países que tienen manera de cooperar en una forma equilibrada, yo creo que se pueden hacer tratados. Pero van a ser pocos y no muy frecuentes. Estamos en una época de transición y una época que le da prioridad al valor local doméstico.

-¿Cómo ve la situación de su país de origen, Cuba?

-Estados Unidos puede tener influencia en el factor comercial, pero pensar que Estados Unidos va a cambiar la política de Cuba, es no reconocer los últimos 62 años. Entonces lo que hemos hecho, aquí en Estados Unidos, es apretar más.

-¿Se está manifestando en contra de la continuidad del bloqueo económico a Cuba?

-Exacto, yo creo que se tiene que empezar a quitar. No va a ser un día para otro, porque es bien complicado y enredado, pero sí empezar abrir el comercio con Cuba. Hay restricciones para vender alimentos, para vender medicinas, para vender todo. El país más restringido desde el punto de vista comercial, con excepción de Corea del Norte e Irán, es Cuba, y desde hace 62 años.

-En medio de esta "guerra fría del siglo XXI" entre Estados Unidos y China, ¿los países de América latina tienen que decidirse por uno u otro bloque o pueden comerciar con ambos?

-Hay algunos que podrán manejarse como Franco en la Segunda Guerra Mundial, que nunca se fue a un lado u otro. Pero sí, lo que está haciendo China es metiéndose en Latinoamérica y los Estados Unidos está tratando de convencer a los países que no se metan demasiado con China. Yo creo que es difícil pedirle a alguien que no haga tratados con China, cuando está ofreciendo infraestructura y está ofreciendo dólares. Lo que yo he dicho es que, en vez de que la política de Estados Unidos sea que China no cumpla su estrategia, tiene que tener una política para Estados Unidos. En Centroamérica está China, en Sudamérica está China y también es difícil empezar a pedir a los países que escojan. Estamos en guerra fría, pero no tenemos que estar en guerra. El presidente chino, que sí tiene muchísimo poder, está empezando a centralizar más políticamente, está empezando a meterse más en el negocio privado. Es una política muy diferente a lo que tenían hace 10 años. Pero se puede arreglar, no tenemos que ser enemigos. Enemigos es una cosa, ser un competidor es otra.

-Viendo las principales ciudades de ambos países, parece que Estados Unidos es la nación estancada y conservadora, y China la locomotora del progreso.

-Cuando voy Shangai estoy esperando ver un carro volador. Hay que reconocer que la infraestructura de Estados Unidos se hizo en los años 30, entonces hoy es antigua. Pero no cabe duda de que la inversión, la modernización en China, es increíble. China va a ser el país más grande en algunos años en términos nominales y va a ser un competidor de Estados Unidos. Va a haber muchos problemas en cuanto a propiedad intelectual, que siempre ha habido y siempre van a estar. El reto que tienen ellos es demográfico, si realmente tienen la gente, los trabajadores para poder seguir creciendo. Estados Unidos tiene que empezar a darle atención al factor innovador. Pero, en vez de eso, estamos atacando a Facebook, estamos atacando a Twitter. Entonces, los vamos a debilitar, haciéndolos más pequeños y va a seguir creciendo Huawei y otros gigantes chinos. El mundo está tan complicado, pero lo que sí es una realidad es que China está creciendo, va a seguir creciendo y, aunque no creciera, es un país enorme y una economía enorme y no se puede evitar, no se puede ignorar.

-¿Le quedó alguna anécdota de la Cumbre en Mar del Plata con Bush?

-Hay una cosa un poco chistosa, no así dramática. El presidente Bush se acuesta a dormir a las 21.30 lo más tardar. Es su regla, así ha sido y para él una reunión empieza a tiempo o empieza temprano. Recuerdo que la cena en Mar del Plata empezó a las 23.30 y Bush pensaba que esa era la venganza hacia él y tuvo que aguantarse. Lo demás es político y lo puede manejar, pero él sintió que eso fue algo personal que era en contra de él. Detalles que no son tan globales y estratégicos, pero impactó, porque lo sacó de su ritmo.

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