Adrián Vitali: "Francisco hace lo mismo que el resto de los papas, esconde los casos de pederastia"

Así lo aseguró Adrián Vitali, un exsacerdote cordobés. Ahora, escribió un libro llamado "El Secreto Pontificio: la Ley del Silencio", que justamente se refiere a los abusos dentro de la iglesia católica. Desde su visión hay que eliminar la confesión infantil. Cómo conseguir la publicación.

Adrián Vitali es un cordobés de 53 años que está casado, tiene dos hijos y trabaja en la municipalidad de su provincia asesorando sobre políticas sociales. Pero, en su pasado, fue cura y conoció historias de pederastia que ahora reflejó en un libro recientemente publicado: "El Secreto Pontificio: la Ley del Silencio".

En sus páginas, el exsacerdote que estuvo nueve años investigando antes de concretar su publicación, busca brindar un apoyo y ser una referencia para las víctimas de abuso por parte de la iglesia católica que aún no han podido salir de "ese laberinto tremendo" para denunciar lo sufrido.

"Por eso, la estructura del libro tiene -por ejemplo- en su segundo capítulo testimonios de las víctimas como sobrevivientes. El objetivo es que otras personas que lean el libro y les ha pasado lo mismo, se sientan impulsados a denunciar y puedan buscar ayuda", empezó remarcando Vitali.

Así, en diálogo con Memo, el cordobés agregó que en el primer capítulo plantea el problema que la iglesia tiene con el cuerpo, que es antropológico y viene del siglo IV: "Cuando se incorpora la concepción antropológica platónica de entender el mundo divido en dos: el de las ideas (que es el perfecto, según Platón) y el sensible (el imperfecto). San Agustín toma eso y dice la idea es el alma y, lo sensible, el cuerpo; que es lo que se corrompe, es malo, es la carne".

En este sentido, Vitali ahonda en que en aquel entonces y hasta nuestros días sigue siendo así: para la iglesia el cuerpo no es importante, aunque diga lo contrario. Como ejemplo histórico, rememora tragedias terribles como la inquisición, en donde se quemaban a las brujas, a los judíos y a los converso para salvarles el alma.

"Con los abusos pasa lo mismo, para la iglesia no son importantes porque suceden en el cuerpo. Si no, ya lo hubieran resuelto y no lo hacen. Por eso, el libro apunta a dar pistas de cómo funciona este sistema de encubrimiento, que era el primer protocolo que se llamaba Crimen Solicitación y que se emitió en el 62' escrito por Juan XXIII", determinó.

Y agregó: "Si se analiza cuáles fueron las posiciones de los papas frente a esto, se ve que siempre fue lo mismo; un discurso aperturista hacia afuera pero hacia adentro nunca dieron ningún dato. No han dado ningún nombre nunca después de todo lo que ha pasado".

Por eso, recalcó, es que considera que su trabajo justamente aporta elementos para poder entender todo lo que pasó y brinda medidas concretas para evitar posibles abusos. Como ejemplo, cita el hecho de que los niños católicos que hacen la primera comunión tienen que confesarse y declararse culpables frente a una persona que no conocen, que es el cura.

Siempre según lo que la institución estipula, ese secreto de confesión que le cuentan a un desconocido, no se lo pueden contar al papá ni a la mamá. "Supuestamente lo que no se le puede contar a los padres siempre es algo malo, juegan con eso y le ponen al niño en su cabecita ese principio religioso: Tenés que declararte culpable para que Dios te perdone pero siempre tenés que estar vinculado a la religión".

-¿Cómo debería ser la confesión para que eso no pase?

-La propuesta que yo hago es que la confesión sea comunitaria, eso está contemplado en el catecismo de la iglesia. Entonces, el chico no pasa por ese estrés de declararse culpable frente a una persona y tener que memorizar el pésame, que es lo más trágico que nos pasaba cuando éramos niños.

Así es que, en concreto, lo que Vitali propone es que las personas católicas que quieran confesarse lo hagan recién cuando son mayores de edad. "De esa manera, se evitaría que los chicos se confiesen cuando son niños. No porque todos los curas son pederastas pero sí un 10 por ciento de ellos", estipula.

Y agrega como dato concreto: "En el 95 por ciento de los abusos de curas a niños, se usó la confesión como elemento de seducción y de acercamiento al chico. Frente a esa realidad objetiva, se busca intentar evitar ese momento de intimidad de la confesión entre niño y sacerdote. Si hay una catequesis y una praxis cristiana seria, no deberían tener problema en hacer ese cambio y que la persona que confiese a partir de los 18 años".

-¿Cómo empezó su investigación para este libro?

-Primero con otros sacerdotes escribimos "Cinco curas, confesiones silenciadas" y lo presentamos en distintos lugares. Notamos que había católicos practicantes desorientados, que nunca habían entendido bien qué era lo que les planteaba la iglesia. Me pareció importante, además de escuchar a distintas víctimas de estos abusos, hacer un aporte.

Para mí la iglesia tiene que cambiar su concepción respecto a la culpa. Porque si para ser parte de la institución lo que necesitás es un Dios disciplinador, siempre va a ser castigador. Hay que cambiar la imagen de Dios, porque no es así, no tiene nada que ver ese Dios con el Jesús de Nazaret.

-¿Cómo cura vio de cerca algún abuso?

-No, nada. En el seminario no vi ni escuché nada. Ni en los tres años que fui cura tampoco. Luego, cuando salí, empecé a ser un poco crítico. Ahí se me empezó a acercar gente que hasta ese momento no lo había podido hacer porque no encontraba ni el lugar ni la forma. En la década de la dictadura, por ejemplo, era muy complejo que te creyeran.

Ese, puntualmente, es otro de los problemas: ¿cómo vas a denunciar al sacerdote, quién te va a creer? Peor en el caso de los niños más pobres, que no tienen ningún tipo de relación de cercanía con nadie ni a quién recurrir o un hogar que los pueda salvar. Es su mayor tragedia.

-O las personas con discapacidad del Próvolo, como sucedió en Mendoza...

-Sí, es una tragedia tremenda. Que merece toda la justicia del mundo para que no sucede nunca más y el perdón para esas víctimas que fueron abandonadas y que hoy tienen la posibilidad como sociedad de exigir que se haga justicia.

-¿Usted por qué dejó los hábitos?

-Yo me enamoré y me casé después. Pero, cuando estaba en el proceso de dejar, mi esposa quedó embarazada y me llamaron del obispado para ofrecerme seguir siendo cura. Me mandaban a otro país pero con la condición de que no viera más a Alejandra ni al niño. La iglesia que habla de defender la vida propone abandonarla.

Eso sí, le iban a seguir pasando la cuota alimentaria todos los meses. Es el discurso que no entienden en esta concepción antropológica del cuerpo. El mundo resuelve las cosas con más practicismo y naturalidad. Proponer esto de abandonar a un niño es muy cruel.

-¿Sigue siendo católico?

-Yo creo en el evangelio no en la institución pero sí en Jesús. Él no vino a fundar una religión si no a dejar una sabiduría, su experiencia y un mensaje de fraternidad. Yo creo en ese Jesús cercano. No creo en la confesión, en que hay que ser puro y casto. La institución dejó el proyecto de Jesús y se transformó en un ámbito de poder.

-¿Cómo ve a Francisco respecto de otros papas parándose ante estos temas?

-Ha tenido la misma postura. Muy demagógica, con un discurso aperturista hacia afuera y hacia adentro sigue todo igual. El primer testimonio del libro, es de un chico abusado en Paraná que lo llamó al Papa, lo fue a ver a Santa Marta, le dijo que iba a denunciar al tío que había abusado de él y el Papa le dijo que no.

Fue justo cuando acaba de terminar de dar el simposio sobre el tema de la pederastia y que en los medios salió a decir que había que apoyar y acompañar a la justicia para que estas cosas salieran a la luz y no ocurrieran más. El discurso hacia adentro es nada cambia y hacia afuera que sí. Los dogmatismos no cambian, no están dispuestos a hacerlo hasta que todo explote.

Para conseguir el libro:

"El Secreto Pontificio: la Ley del Silencio", se puede conseguir en Amazon, por e-book, o solicitándolo vía correo a adrianvitali@hotmail.com También, aquellas personas interesadas pueden comunicarse al 357 154 5262 para pedir su envío a domicilio. 

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